A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

¿Hay alguien que crea en los concursos?

10.05.08 | 09:39. Archivado en Artículos
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Con cuarenta años de retraso se desayuna José María Iñigo al insinuar que el premio de Eurovisión a la canción de Massiel fue amañado. ¡Toma!: y probablemente, también las otras 51 ediciones del Festival.

Los que organizan eventos de este calibre no son tan ingenuos como para dejarlos en manos de la posible candidez o ignorancia del jurado de turno. Da lo mismo que se trate de un festival musical, un concurso literario o un premio empresarial. Estos últimos son los menos espontáneos, entre otras cosas porque los organizadores suelen cobrar por adelantado una buena pasta a los futuros premiados.

¿Se acuerdan del revuelo montado hace cuatro años por el coste de la medalla recibida por José María Aznar en Estados Unidos? Eso sólo evidencia que los norteamericanos, pioneros en tantas cosas, también lo son en este tipo de prácticas. Lo único a su favor es que, con todo, resultan muy mirados sobre quién recibe los galardones y procuran que al beneficiario no le falten méritos para ello.

Aquí, como somos mucho más bordes, le concedimos durante sus años de falso y efímero esplendor cantidad de doctorados honoris causa a Mario Conde, financiados con los dineros de Banesto, mejor dicho, de los accionistas del banco. Que yo sepa, mientras que se le están retirando los suyos al dictador Francisco Franco, nadie se ha atrevido a hacerlo con el financiero inquilino de Alcalá-Meco.

¿Y qué quieren que les diga de los concursos literarios? Será casualidad, no lo dudo, pero durante mis años de responsable de periódicos en Barcelona siempre supe los ganadores de algún premio antes de que teóricamente se reuniese el jurado. Aparte de mis presuntas dotes adivinatorias, el fenómeno ofrecía la ventaja de poder cerrar la edición del periódico a tiempo y no a la intempestiva hora del fallo.

Dos apostillas, tan sólo, pare evitar meterme en líos más serios. Una: el argumento premiado cierto año yo lo había conocido dos temporadas antes gracias a las divagaciones etílicas de un directivo de la casa. Otra: la historia con la que mi admirado Juan Marsé ganó el Planeta en 1978 ya la había publicado en forma de cuento, mucho más breve, un año antes.

Sabido todo esto, confiar en la asepsia de festivales y similares es como creer en la existencia de los Reyes Magos. Aunque nadie lo haga, todo el mundo, concejales incluidos, participa en las cabalgatas, tira caramelos a los niños y se lo pasa tan ricamente. Lo mismo sucede en concursos artísticos y de toda laya: aunque muchos puedan estar otorgados de antemano, miles de participantes acuden a ellos por si les cae la pedrea y entran así en la categoría de futuros premiados.

Por todo ello, ni debe enfadarse la pobre Massiel, que ella no tiene la culpa de nada, ni exigir ningún galardón a posteriori Cliff Richard, que seguro que él sí que tiene más de un cadáver artístico en el armario.

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por zimbandun 10.05.08 | 14:09

    Pues como siempre habrá de todo, casos más descarados que otros y amañamientos que a nadie interesa. Por ello no creo que lo de eurovisión sea para escandalizarse ni para darle bombo.
    ''Y a quien le importa...''

  • Comentario por Esperanza 10.05.08 | 13:01

    Estas cosas seguro que sólo pasan en España, porque somos un país de chorizos, con Franco o sin Franco. En Estados Unidos la cosa debe ser tan rara que Robert Redford hizo una película sobre un fraude en un concurso de televisión hace ya medio siglo. Si el suceso hubiese sido más frecuente seguro que no habría habido película.

  • Comentario por Reme 10.05.08 | 11:19

    Yo sí creo en los concursos porque debo ser una cándida o una ignorante, como dice el bloguero. Sin embargo, después de los casos que cuenta yo también empiezo a dudar.

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