No solamente ETA tiene que estar agradecida al lehendakari Ibarretxe. Yo también.
Lo de los terroristas resulta obvio. Dispuesto a ahorrarles trabajo, propone alcanzar sus mismos objetivos con menos coste y más a corto plazo. Y, aprovechándose de cuarenta años de terror, no formula ni una palabra de reproche a los etarras en el texto de su referéndum.
Mi gratitud es que, por fin, Ibarretxe se deja de ambigüedades al pasarse manifiestamente por el forro la resolución del Congreso español, la oposición explícita de Rodríguez Zapatero y hasta los resultados de las últimas elecciones generales en Euskadi. Maestro de una retórica sibilina y equívoca, empezó su camino hacia la secesión hablando de “convivencia amable con España”, contraponiéndola a “liarnos a tortas”, como si él fuese San Vicente Ferrer y “los españoles” una banda de facinerosos comevascos.
No sé si serán creyentes o no, pero practican a rajatabla la máxima de San Pablo: “La caridad bien entendida empieza por uno mismo”.
Según la ONG Christian Aid, se trata de Bono, Phil Collins, Lewis Hamilton y otros famosos que recaudan fondos para el Tercer Mundo mientras evaden impuestos en paraísos fiscales.
Esto me lo contaron en una empresa norteamericana. Un grupo de gente salía del edificio corporativo con su jefe y le reía su último chiste. Salvo un individuo, que permanecía serio. El jefe, intrigado, se volvió hacia él: “¿Y usted por qué no se ríe, es que no le hace gracia?” “No. Es que yo no trabajo aquí”.
Es el ejemplo máximo de la adulación obligada. Pues ahora resulta que, según un estudio, los españoles somos los más pelotilleros de Europa.
Nunca he sido optimista en el triste caso de María José Carrascosa, detenida en Estados Unidos al no haber entregado su hija al padre de la niña. No es por nada, sino por la estricta aplicación legal de los tribunales norteamericanos. Una justicia que acosó a un presidente, como Richard Nixon, hasta obligarlo a dimitir no se anda con chiquitas. Otro presidente, Bill Clinton, se salvó por los pelos, pero tuvo durante dos años en su cogote el aliento de un fiscal especial, Kenneth Starr.
Ya ven cómo son las cosas.
El presidente del BBVA, Francisco González, admitió hace un año que su sueldo anual de 10 millones de euros quizás era “éticamente discutible”. Pero, que se sepa, no ha dejado por ello de percibir ni un duro. Y eso que, con otras gabelas, incentivos y blindajes contractuales, su salario real es casi el doble. Lo mismo sucede en el banco de enfrente, el BSCH, con las percepciones de Emilio Botín y Alfredo Sáenz Abad, claro.
Por uno u otro motivo, la mayoría de los delitos permanecen sin castigo. No hay más que ver que la banda de Coslada llevaba más de 20 años operando desde la más absoluta impunidad. Y autoridad.
No nos extrañe, pues, que los modernos dispositivos electrónicos contribuyan a una vigilancia siempre insuficiente. Este año, la mayoría de autobuses de Bilbao incorporarán cuatro cámaras de seguridad en su interior. No es la primera ciudad de España que lo hace; ni será la última.
No entiendo la escandalera montada por la foto de la vicepresidenta Fernández de la Vega con el capataz polígamo de Nigeria y sus tres esposas. De verdad que no. Menos aun, el que la mujer se haya sentido “horrorizada” al enterarse de la condición de su anfitrión. ¿Qué esperaba, pues, que practicase el celibato como un monje benedictino?
Como casi todo el mundo hoy día, tengo un blog, vanidad bastante inútil, como lo prueba la ausencia de comentarios.
La única excepción la constituye un artículo sobre enfermedades raras, que ha servido para que se conecten entre sí gentes con el mismo problema, el de una dolencia enzimática llamada glucogenosis y que podría resumirse como una debilidad muscular congénita.
Hace sólo unos días comprobé el alivio de una joven que, hasta ahora, siempre se había sentido “un bicho raro, centro de las burlas de mis hermanos (ellos qué sabían), y, a pesar de esforzarme tanto a la hora de hacer gimnasia en el cole, lo que me decía el médico es que era una vaga”.
Qué ignorancia tan demoledora.
Aún estamos lejos de saber casi todo sobre estas enfermedades. Pero me emociona y me alegra el que exista ya una asociación de afectados y que el mes que viene celebre ya su II Congreso. Ojala, pronto, en vez de una incógnita dolorosa estos padecimientos de ahora no sean más que un triste recuerdo.
Mi única satisfacción durante la dictadura franquista la produjo la ineficacia de su policía política, afortunadamente más incompetente de lo que requería su vesania represiva.
Hablo con cierto conocimiento de causa. Mi ficha policial, a la que tuve acceso tras el final de aquel régimen ominoso, era un cúmulo de despropósitos. Se me atribuían hasta simpatías separatistas y se ignoraba todo sobre mi real militancia política clandestina.
Cuando hace casi un año Emilio Botín puso en venta los inmuebles del Banco de Santander, algunos ya previmos entonces que la crisis inmobiliaria estaba al caer. Precisamente el hombre ha llegado a donde está gracias a anticipaciones de ese estilo. Ahora, claro, predica que la crisis económica no es para tanto, pero él ya ha puesto sus inversiones a buen recaudo.
Otro dato. Hace ocho meses, el comisario de la UE Joaquín Almunia dio una conferencia en Valencia, en la que auguraba un crecimiento económico para España sólo del dos y pico por ciento. A su lado, el vicepresidente Pedro Solbes, quien acababa de presentar a su correligionario, aún mantenía en los presupuestos generales del Estado la estimación del 3,1.
Con cuarenta años de retraso se desayuna José María Iñigo al insinuar que el premio de Eurovisión a la canción de Massiel fue amañado. ¡Toma!: y probablemente, también las otras 51 ediciones del Festival.
Si yo fuera ministra de Defensa, no podría estar embarazada. Obviamente. Pero no es ésa la cuestión.
De lo que se trata es de la actuación de nuestra Armada en el rescate de los pescadores españoles secuestrados por piratas somalíes. En estos casos, los principios básicos son dos: lo primero, la liberación sanos y salvos de nuestros compatriotas, y lo segundo, que aquello que puedas obtener por las buenas no lo logres por las malas. Conseguidos ambos propósitos, hay que felicitar a la ministra Chacón.
Pero también hay que felicitar a los piratas, qué demonios.
El Silvio Berlusconi de ahora parece el hijo de quien ganó las elecciones en 1994. Milagros de la cirugía estética. Algo similar ocurre con Isabel Preysler, que puede pasar por la hermana pequeña de su hija Chabeli. En cambio, en las fotos del vigésimo aniversario de su matrimonio, podríamos creer que un Miguel Boyer envejecido es su venerable padre.
Desde pequeño siempre he oído a ufanos compatriotas que “en España se vive como en ninguna parte”.
Durante la dictadura franquista no sería por nuestro bienestar económico ni por nuestras libertades públicas, ya que carecíamos de lo uno y de lo otro. Al parecer, se trata más bien de nuestra capacidad de cachondeo, del libertinaje de nuestros horarios al margen de disciplina alguna.
Nunca he entendido el recelo de los españoles hacia los políticos con patrimonio personal. Esa suspicacia ha impedido que personas de posibles, como Rodrigo Rato, pudiesen aspirar a la presidencia de la nación.
En Estados Unidos sucede justamente lo contrario, quizás por su primigenia ética protestante, según el análisis de Max Weber. Lo cierto es que los norteamericanos creen que quien ha triunfado en la empresa privada también puede hacerlo en la vida pública, refugio muchas veces de los menos preparados. En tiempos del inefable Richard Nixon llegó a acuñarse incluso una especie de malévolo eslogan: “Si tienes dos hijos, dedica el listo a los negocios y al tonto mételo en política”.
Las trifulcas entre los dirigentes del Partido Popular no han llegado a las páginas de sucesos, pero casi. Como si no tuviesen ninguna labor de oposición que ejercer, prefieren despellejarse unos a otros, mientras el PSOE se solaza ante tan imprevisto y generoso regalo.
Los lodos de ahora provienen de aquellos polvos de hace cuatro años, cuando el PP se quedó sin un Gobierno que ya creía en el bolsillo. En vez de reponerse del golpe y tirar hacia adelante, sus líderes quedaron presos del estupor y del pasmo, lamiéndose unas heridas irreparables. En el ínterin, Rodríguez Zapatero, libre de cualquier traba, ha propinado al país un revolcón mayúsculo que en otras circunstancias habría requerido veinte años.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel