En todos los partidos cuecen habas
27.04.08 @ 11:22:15. Archivado en Artículos
El que Mariano Rajoy ponga más empeño en ganar la presidencia del PP que en derrotar a Rodríguez Zapatero evidencia cómo van las cosas en el Partido Popular. Otro síntoma: en cuanto Esperanza Aguirre recula dos centímetros en sus expectativas, Ruiz-Gallardón vuelve a emerger con renovadas ofertas de su persona.
Es lo malo de estar en la oposición. Donde no hay harina, todo es mohína, dice el viejo y certero refrán. Quizás por esa increíble pugna por las migajas de una auténtica miseria, en Cataluña hay casi más aspirantes a presidir el PP regional que militantes. Nada menos que tres: Dani Sirera, Alberto Fernández Díaz y Montserrat Nebreda.
Claro que las cosas tampoco andan mucho mejor en Esquerra Republicana tras el batacazo electoral de marzo, cuando perdió más de la mitad de unos votantes de aluvión que nunca supo muy bien de dónde le habían llegado. ¿Por qué ocurrió todo eso?, ¿de quién es la culpa? Enzarzada en esa discusión, a ERC le han estallado las costuras del partido, al igual que les sucede con sus pantalones a algunos adolescentes cuando pegan el estirón y les quedan sus vergüenzas al aire. Allí son ya cuatro las corrientes en liza, hartas casi todas ellas de formar parte del tripartito de José Montilla que creen que ha triturado a su formación: la de Joan Puigcercós, dispuesto a dar el vuelco de lo que ha representado Carod-Rovira, pero también las más extremistas de Uriel Beltrán y de Joan Carretero. ¡Menudo panorama, pues!
Con ese ambiente crispado contrasta la placidez de un PSOE que ya avizora su perpetuación ad eternum en el Gobierno del Estado.
Aunque ojo al parche, porque existen territorios, como la Comunidad Valenciana, en que ya empieza a acomodarse al resignado papel de perenne opositor, para cabreo de un José Blanco que fue allí esta semana a practicar con sus correligionarios la política del palo y la zanahoria. Y no nos engañemos sobre la presunta autonomía del PSPV: cuando es el PP quien gobierna en Madrid, el socialismo autóctono puede presumir también de autónomo; pero, en cambio, cuando el que está en La Moncloa es el PSOE y Paco Camps manda en la Generalitat, el margen de maniobra del PSPV queda bajo mínimos.
Por si alguien lo dudaba, el sinuoso mensaje de Blanco ha aportado algunas claves: no le gustan los candidatos Ximo Puig y Jorge Alarte y quizás tampoco Francesc Romeu, en espera de lo que decida para la Comunidad el crecido e infalible inquilino de La Moncloa.
Y es que poco pueden hacer quienes vivaquean en la oposición, salvo modestos ajustes de cuentas propios de escolares. Lo demostraron los socialistas salmantinos, al ignorar la candidatura al Senado de su sempiterno secretario provincial, Emilio Melero, y poner en su lugar a una desconocida ama de casa. También la comunista de Córdoba, Rosa Aguilar, votó para el Senado a la socialista Maribel Flores en vez de a los propuestos por su partido.
Si en la única votación en la que los electores podemos optar por un candidato u otro suceden esas cosas, se comprende perfectamente porqué unos partidos casi militarizados temen a las listas abiertas más que a la peste.
De la crisis interna no se salva, pues, casi nadie, como corrobora el que la imagen de los partidos políticos salga cada vez más deteriorada en las encuestas del CIS. En Izquierda Unida ha tenido que resurgir de sus cenizas Julio Anguita a fin de reclamar que la coalición se “refunde”. ¿Les suena ese concepto? Mientras tanto, en territorios como la Comunidad Valenciana las sucesivas escisiones de la formación de Glòria Marcos conducen esa opción política hacia el puro esperpento. Coincidí hace pocos meses en un programa televisivo con un concejal de esa magmática izquierda y al preguntarle a qué partido pertenecía me contestó inocentemente: “No lo sé”. Y en seguida lo aclaró: “En las anteriores elecciones concurrí por Esquerra Unida, pero con tanto follón ya no sé cuáles son los míos”.
Ése parece ser el mayor problema de la política de hoy y, probablemente, de la de siempre. Al canciller alemán de la posguerra, Konrad Adenauer, se le atribuye la malévola frase: “Hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido”.
Pues eso. Sólo el día en que los ciudadanos podamos votar a personas y no a abstractas siglas políticas quizás todo esto resulte más sencillo.
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Y el espectáculo que está dando el PP es cualquier cosa menos guapo.
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Enrique Arias Vega
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