Servidor sólo militó políticamente en tiempos de Franco, cuando aquello tenía un sentido ético. Y, como entonces uno era ingenuamente joven, lo hizo más a la izquierda del partido socialista, allí donde el mayor riesgo prometía más expectativas de acabar con el Régimen. Muerto el dictador y llegadas las elecciones de 1977, uno decidió dedicarse por entero al periodismo y no militar en ninguno de los 3.000 partidos políticos que actualmente hay en España.
Dicho esto, ¿qué haría ahora de ser miembro del PSPV-PSOE?
Pues, en vez de abrirme las venas, luchar denodadamente por un cambio interno que alguna vez llevase a mi partido al poder, con un programa que ilusionase a los ciudadanos. Vaya, justamente lo contrario de lo que sucede hoy día.
Si la sociedad ha pedido la renovación de un Partido Popular que sólo ha perdido dos elecciones seguidas en España y donde el que ronden los 50 años algunos de sus dirigentes parece un delito, ¿qué decir del socialismo valenciano, que no levanta cabeza desde 1995 y que lleva ya una decena larga de derrotas consecutivas?
Lo primero que sorprende es que la transición hasta el próximo congreso la pilote Joan Lerma, cuya meritoria imagen sólo evoca nostalgia y cuya falta de sintonía con la vicepresidenta Fernández de la Vega le ha privado de su último vestigio de esplendor: el puesto de portavoz en el Senado. En consonancia con ello, también causa estupor que el primer postulante a dirigir el partido del futuro haya sido Ximo Puig, coetáneo, discípulo y valido de Lerma.
Eso evidencia el mayor mal del socialismo autóctono, no distinto al de muchos otros partidos: la endogamia, el amiguismo y el reparto de cuotas de poder entre profesionales de la política, al margen de los intereses de electores y de militantes. Eso, claro, propicia navajeos, ajustes de cuentas y periódicas defenestraciones nunca esclarecidas del todo. Le pasó en su día a Joan Romero y hace bien poco a Joan Ignasi Pla.
Todo esto escandaliza en privado a los amigos socialistas de uno —jamás en público, por supuesto, ¡qué iría a pensarse del partido!— e irrita en la sede del PSOE en Madrid, donde, desde Rodríguez Zapatero y Pepiño Blanco hasta el último funcionario, saben que la Comunidad Valenciana es un pato cojo que les impide victorias más holgadas en el conjunto de España.
Por ello, dada su propia debilidad, parece ya condenada la arrogante autonomía del PSPV-PSOE, producto de una pretérita época de necesarias componendas, en la que el socialismo valenciano de izquierdas aportó la inteligencia, los líderes y el proyecto que auparon el partido hasta el Palau de la Generalitat.
Ahora, en cambio, le falta, al igual que a la Izquierda Unida desquiciada por la megalomanía de Gaspar Llamazares, aquello en que insistía el comunista Julio Anguita: “Proyecto, proyecto y más proyecto”.
¿Cuál es el del PSPV para mantener a sus viejos electores y atraer a otros nuevos? A tenor de los sucesivos programas electorales y la prédica de sus líderes incombustibles, ninguno. Voces críticas, como el portavoz parlamentario Ángel Luna o el dirigente alicantino Roque Franco ya lo han insinuado. El partido se mantiene instalado en la visión decimonónica de una Comunidad menestral y huertana, con el antagonismo de unas clases sociales ya inexistentes, mientras los problemas reales de los ciudadanos son los del desarrollo y el consumo y no los de los viejos manuales utópicos de predominio de lo público y recelo ante cualquier iniciativa privada.
De momento, los tiros de los dos aspirantes más jóvenes a la secretaría del partido, Jorge Alarte y Francesc Romeu, van por ahí. Ignoro si será alguno de ellos quien llegue a encabezar el PSPV-PSOE, porque Madrid no va a dejar pasar esta ocasión de meter mano, por fin, a una federación hasta ahora renuente a la común disciplina partidaria. Así que habrá que adivinar los deseos de Rodríguez Zapatero y observar con muchísima atención los movimientos de su brazo ejecutor, Leire Pajín.
En cualquier caso, las candidaturas de Jorge Alarte y Francesc Romeu suponen airear el partido de viejas miasmas, no sólo dadas su juventud y sus respectivas trayectorias, sino por el vuelco que pretenden dar a un partido anclado en el siglo XIX y catapultarlo al XXI, en el que ya no hay que defender porque sí actividades no rentables y actitudes socialmente retardatarias, sino abrirse al progreso, a la competitividad, a las grandes inversiones y a la nueva tecnología.
Sólo así el socialismo resultará atractivo y conseguirá que se vuelva a votarlo.
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Pobre comunidad valenciana...Si tan mal esta sera responsabilidad de quien administra.Pero que va, es mucho mejor llorar y quejarse que los damás esto y los demás lo otro...
Destruyamoslo todo! Ni patrimonios, ni barrios, ni huertas. Eso no es nada cool tio. buaj!
No se puede pedir el voto al que vive de la agricultura y ha tenido que arrancar 10.000 naranjos por que se le han secado. No se puede pedir el voto al que vive del turismo cuando hay los problemas de abastecimiento de agua desde hace diez años y la Narbona dice que no venga el turismo por ello. No se puede pedir el voto al que vive de la construcción, cuando se ensañan con ella, y se culpa a ella y a los campos de golf de todos los males, cuando en Cataluña misma hay el doble que en la comunidad valenciana y algunos regados con agua mineral, mientras aquí se riegan con agua depurada, pobres catalanes, lo que les pasa aquí llevamos diez años sufriéndolos. No se puede pedir el voto cuando el partido está en manos de los mismos que hace quince años eran sinónimo de corrupción galopante e ineptitud total. No se puede pedir el voto cuando se traiciona los intereses de los electores en aras del interés bastardo del amo de Madrid. Este es parte del gran problema de los socialistas valenciano...
Si yo fuera socialista valenciano... rompería mi carnet del PSOE y me iría al Partido Socialdemócrata como han hecho cientos de afiliados del PSOE.
http://www.partidosocialdemocrata.es/
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
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Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
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Julio César Izquierdo
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