A diferencia del protagonista de Descubriendo a Forrester, la película de Gus Van Sant, el valenciano Esteban González Pons no ha ocultado su brillantez intelectual durante años, sino que ha permanecido en primer plano de la política al menos desde 2000, en que ya fue portavoz del PP en el Senado.
Eso sí, su mayor fidelidad la profesa a su amigo del alma Paco Camps, con quien desde los años universitarios formó un equipo indestructible que completaba Gerardo Camps, el tercero de la tertulia de El Agujero.
De alguna manera, y salvando las diferencias, se repartieron los papeles al igual que lo hicieron más tarde Rodríguez Zapatero y sus amigos de la tercera vía socialista —Jesús Caldera, Jordi Sevilla, Trinidad Jiménez…— cuando decidieron que el leonés era el más cualificado de todos ellos para lograr la renovación del PSOE. Los valencianos, a su vez, dieron la jefatura indiscutida de su grupo a Paco Camps. Por eso, ellos fueron los primeros a quienes el presidente de la Generalitat se trajo desde Madrid para que le arropasen en el Consell que formó en 2003.
Por eso, también, sorprendió el que González Pons fuera apartado del Gobierno regional hace un año, aunque el movimiento correspondiera a una de esas metódicas estrategias a largo plazo que tanto gustan a Paco Camps. A fin de no tener que modificar el Ejecutivo regional en función de las próximas elecciones generales, dejó que su amigo se foguease un tiempo como portavoz en Les Corts Valencianas antes de su futuro asalto a Madrid en representación, una vez más, de aquel grupo de amigos que se afiliaron a las Nuevas Generaciones populares hace más de veinte años.
Y es que la Comunidad Valenciana se juega mucho en esta legislatura.
Hay cuatro asignaturas pendientes que el presidente Camps recuerda una y otra vez con firme reiteración y paciencia benedictina: financiación, infraestructuras, seguridad y, sobre todo, agua. De ahí la necesidad de estar bien posicionado en Madrid y de que Mariano Rajoy hiciese suyas, como ya ha sucedido, las reivindicaciones valencianas.
Nada mejor, en ese contexto, que González Pons sea el portavoz de la oposición en el Congreso de Diputados, puesto al que legítimamente aspira en sustitución de Eduardo Zaplana. Otras voces populares —Pedro Agramunt, José María Chiquillo, Miguel Barrachina,…— ya se han hecho oír con anterioridad en Madrid en defensa de los intereses de su Comunidad, pero faltaba el alter ego del President para dar nueva altura al debate.
El agua, sin duda, va a ser el gran protagonista de esta legislatura. No sólo por la próxima Expo monográfica de Zaragoza, donde se pregona que el líquido elemento pertenece a todos y, en cambio, sólo se ponen trabas egoístas a su uso solidario. El agua, por culpa de la sequía, amenaza con conflictos imprevisibles.
El vicepresidente de Castilla-La Mancha, Fernando Lamata, ya ha exigido, por ejemplo, la caducidad del trasvase Tajo-Segura, mientras Cataluña inicia un conflicto interno a cuenta del trasiego de agua del Segre al Llobregat, anunciado por el Gobierno de José Montilla —aunque obviando el maldito vocablo trasvase y hablando sólo de transferencia de excedentes—, para insigne cabreo de Artur Mas y compañía.
No lo va a tener fácil, pues, el PP y tampoco se lo van a poner a huevo a la Comunidad de Paco Camps. En el puesto que fuere, el cabeza de lista valenciano tendrá que pelear con denuedo. Lamentablemente para sus rivales, es lo que a él le gusta, como ya ha podido comprobar María Teresa Fernández de la Vega. Así que si alguno aún no conocía a González Pons, acabará por hacerlo, al menos desde el punto de vista dialéctico.
Todavía queda por responder, sin embargo, la pregunta del millón: ¿llega a Madrid González Pons sólo como brazo ejecutor de Paco Camps o, a semejanza de aquel Bautista bíblico, se dedicará además a allanar el camino para un futuro desembarco de su mandante al frente del PP en sustitución de Rajoy?
Hay opiniones para todos los gustos, aunque la respuesta aún es prematura. La mayoría de operaciones parecidas han acabado como el rosario de la aurora, bien que en política los precedentes no valgan para nada. Habrá que volver sobre ello, no obstante, en cuanto aparezcan nuevos datos que esclarezcan la aparente aporía.
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Hace tiempo que los valencianos no pintamos nada en Madrid. Zaplana era ministro e iba a la suya. Jordi Sevilla, María Teresa y Solbes sólo son valencianos para conseguir votos en las elecciones. Lerma era portavoz del Senado y nadie se ha enterado. González Pons no arreglará eso, ni tampoco el éxito electoral de Camps. Los valencianos seguimos siendo españoles de segunda división.
No sé qué ganas tienen algunos de enterrar al señor Rajoy antes de tiempo. Yo estoy segura que Mariano Rajoy llegará a ser presidente de España.
Seguramente el señor Pons es un buen político, pero por lo que sé de él lo mismo podría estar en el PP que en el PSOE o en un partido valencianista. Algo camaleónico debe ser.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel