Por muy generales que hayan sido las últimas elecciones, sus resultados han diferido en las distintas autonomías y en bastantes lugares han permitido ajustes de cuentas internos. En Salamanca, por ejemplo, los socialistas han castigado a su secretario general, Emilio Melero, después de 20 años de plácida sinecura en la oposición, dando los votos para el único puesto en el Senado a una desconocida dirigente vecinal, Josefa Mena, y eso que su nombre figuraba por orden alfabético tras el de su jefe político.
Ya ven cómo las gastan algunos.
En Cataluña, los pésimos resultados de Esquerra han demostrado que lo suyo, hace cuatro años, fue un fenómeno coyuntural y que en un partido radical y asambleario pueden acabar peleándose todos contra todos. De momento, el navajeo entre Joan Puigcercós y Carod-Rovira sólo es el comienzo de una guerra civil que hasta podría acabar en ruptura.
Ruptura ya la ha provocado el agua en las candidaturas andaluzas, donde en Almería gana el PP al PSOE por 9 puntos, al contrario que en el resto de aquella Comunidad. Claro que la desastrosa gestión de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, a punto ha estado de hacer descarrilar a su partido en Málaga, donde el PP le ha recortado 10 puntos. Otra política andaluza que lo tiene complicado es la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar. Aunque la líder comunista no se jugaba nada en este envite, su partido casi ha perdido la mitad de los votos en la capital provincial, dejándola tocada.
Y es que hay tantas lecturas políticas como circunscripciones electorales. Es cierto que, en general, en las regiones donde dominaba el PSOE ha continuado haciéndolo y que en los feudos del PP éste sigue ganando.
Se han producido, no obstante, situaciones pintorescas. La de José Bono, por ejemplo, cuya presencia como cabeza de lista en Toledo le ha hecho perder al PSOE cuatro puntos respecto a las anteriores elecciones. ¿Podrá aspirar a presidir el Congreso, con semejante aval, cuando CiU ya ha abogado porque lo haga Duran i Lleida?
Del descalabro nacionalista se ha librado, curiosamente, el Bloque gallego. El hecho de tocar poder, en coalición con el PSOE, le ha hecho ganar dos puntos. En Castilla y León, por su parte, el presidente autonómico, Juan Vicente Herrera, le ha cogido gusto a lo de la baronía territorial y ya ha le hecho el primer plante al PP, diciendo que “antepondré mi cargo como presidente autonómico ante cualquier colisión con el partido”.
En este puzzle, ¿qué papel juega la Comunidad Valenciana?
Al decir de todos, se ha convertido no ya en el bastión del PP, con permiso de Esperanza Aguirre, sino como el mejor modelo de gestión política, la realizada por Francisco Camps, la cual debe inspirar a Rajoy si éste quiere llegar a La Moncloa. Tanta es hoy día la influencia del presidente valenciano, que hay quien dice que Rajoy sigue en su cargo sólo porque así lo ha querido Camps.
Mientras crece la autoridad de Camps y de su gente —Esteban González Pons, Vicente Rambla, Juan y Ricardo Costa, entre otros—, mengua la de la derrotada María Teresa Fernández de la Vega y la de la gestora del PSPV, presidida por Joan Lerma, a la que Ferraz acusa de un suicida desinterés electoral y de haber estado más pendiente del próximo congreso sucesorio del partido.
Ahí está la madre del cordero: en saber quién dirigirá los destinos del PSOE autóctono e intentará la titánica tarea de desbancar al PP del Palau de la Generalitat. Como acaba de reconocer el portavoz parlamentario socialista, Ángel Luna, ésta no es una cuestión de nombres, sino de proyecto y, por lo que se ve, el partido carece de él a fecha de hoy.
En cualquier caso, la persona que parece tener en sus manos el destino del PSPV-PSOE, por designio de Rodríguez Zapatero, sería Leire Pajín. Y no para presidir el partido, ya que le esperan mayores encomiendas, sino para decidir su rumbo. Así que al margen de nombres de postulantes al cargo —Ximo Puig, Jorge Alarte y los que vengan—, lo más importante de todo parece el estar a buenas con la secretaria de Estado para la Cooperación.
Lo otro, el programa, puede esperar. En cualquier caso es sintomático que, aparte de Alarte, los nombres que siempre se barajan pertenecen a un pretérito plagado de disputas y derrotas. Sólo el alcalde de Alaquàs exhibe tres características diferenciales: se trata de una persona joven y sin ataduras históricas, con carácter de ganador y es el único que ofrece un programa modernizador de un partido anclado en el pasado.
Los comentarios para este post están cerrados.
No sé lo que pasará en otras autonomías. En Galicia, encefalograma plano. Los mismos sacan los mismos votos, lo que demuestra que han llegado para quedarse. Sólo hay una duda de futuro: ¿será ésta tierra del PSOE o de los hijos de Breogán? Si el Bloque no se escinde él se quedará con la patria.
Me parece que la primera víctima del desastre electoral nacionalista va a ser el "plan Ibarretxe". De momento, Iñigo Urkullo ya ha dicho que ese plan es cosal del "lehendakari" y no del PNV. Empiezan a pintar bastos.
Yo creo que el presidente valenciano Camps acabará sustituyendo a Rajoy. Tiene más fuerza que él, más votos en su región y pertenece a otra generación más moderna.
Por eso creo también que los follones internos en el PP no han hecho más que comenzar. Lo veremos enseguida.
la prueba del algodón de que no todos los nacionalismos han resultado perjudicados en estas elecciones la proporcionala noticia de este mismo diario digital: la Xunta multará a quienes no contraten en gallego. Más claro, agua
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel