El problema de nuestro sistema penitenciario no son las cárceles, sino la lentitud de la justicia. La mezcla de penados con presos preventivos y el agotamiento del plazo máximo de reclusión de éstos provocan el hacinamiento carcelario y la ingobernabilidad de nuestras prisiones.
Así están las cosas.
A tenor de algunas sentencias alocadas y absurdas, un amigo dijo públicamente que habría que someter a los jueces a las pruebas del alcoholímetro, lo mismo que a los conductores. A punto estuvo de que lo empapelasen.
Ahora, en cambio, es la propia judicatura la que reconoce que hay magistrados que están como una cabra y que siguen en activo, sin haber pasado ningún control psicológico. A buenas horas, mangas verdes.
Los pedantes están encantados desde que Google reemplazó con ventaja a los antañones libros de citas célebres.
Lo malo es que, como todo el mundo mete mano en la red, aquéllas comienzan a ser atribuidas al tuntún. No sé por qué, Churchill y Unamuno se llevan la palma en cuanto a citas apócrifas. Los famosos versos de “primero vinieron por los judíos, y no protesté…”, tantas veces aludidos, suelen asignarse a Bertolt Brecht, cuando en realidad son de Martin Niemöller.
Ya lo dijo hace años el ex alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, con una sinceridad infrecuente en un político: “Las promesas electorales se hacen para ser incumplidas”.
Rafael Azcona acaba de fallecer. Esta semblanza la publiqué en la edición valenciana de ABC, el 14 de junio de 2000, y ha sido recopilada, con otros nombres de mi peripecia profesional, en el libro Personajes de toda la vida (2007), editado por la UNED de Valencia:
"Presume de ser fundamentalmente perezoso y de que prefiere charlar con los amigos a ponerse a escribir. A diferencia de Jean Pierre Lafargue, el yerno de Marx, que hizo un libro elogioso sobre la pereza, Rafael Azcona prefiere practicarla a escribir sobre ella.
"Con todo, lo suyo es pura pose. Claro que casi nadie lo sabe porque el hombre, tímido al fin, no suele acudir a estrenos, saraos y demás obligaciones sociales del mundo del espectáculo. Coherente con tales hábitos, no ha venido a Valencia aunque sea para oír que hablan bien de él.
"Hace años, el autor del olvidado libro El repelente niño Vicente explicó a este periodista por qué prefería escribir guiones de cine a novelas. “En una novela —me dijo—, uno tiene que estar todo el día haciendo descripciones de personas, de paisajes,... En un guión, en cambio, pones habitación llena de muebles o paisaje tropical y ya está”.
"Probablemente, como todo lo suyo, se trataba de un rasgo de humor; pero define perfectamente al personaje".
A diferencia del protagonista de Descubriendo a Forrester, la película de Gus Van Sant, el valenciano Esteban González Pons no ha ocultado su brillantez intelectual durante años, sino que ha permanecido en primer plano de la política al menos desde 2000, en que ya fue portavoz del PP en el Senado.
Eso sí, su mayor fidelidad la profesa a su amigo del alma Paco Camps, con quien desde los años universitarios formó un equipo indestructible que completaba Gerardo Camps, el tercero de la tertulia de El Agujero.
Sólo atletas en la recta final de su carrera, como el maratoniano etíope Haile Gebrselassie, no irán a los Juegos de Pekín. Y no por solidaridad con el Tíbet ni en protesta por la ausencia de derechos humanos, sino para evitar los riesgos de la polución atmosférica.
La hija de unos amigos, de 6 años, ya les ha advertido que estos días hay que estar triste “porque se ha muerto Jesusito”.
Comprenderán la extrañeza de mis amigos si les digo que la niña no está ni bautizada y que va a un colegio laico. El primer síntoma de las preocupaciones de la cría lo evidenció al optar por la asignatura de Religión, sin venir aparentemente a cuento.
Por fortuna, comienza a remitir esa epidemia de novelas retrospectivas, que reconstruyen una historia dudosa, llena de referencias esotéricas e inverosímiles. Ha resultado entretenida mientras duró, eso sí, siempre que no nos la hayamos tomado demasiado en serio.
Las elecciones norteamericanas no suelen servir para elegir los mejores, tal como se ha visto con Bush y compañía, pero al menos se escruta tanto la vida de los candidatos que como no tengan un pasado impoluto se quedan para vestir santos.
Mientras Barack Obama y Hillary Clinton siguen peleándose por el voto demócrata delegado a delegado, como el único candidato republicano a la presidencia de EEUU, John McCain, no tiene con quién discutir, se ha pasado este sábado hablando todo el día de economía, la principal preocupación de los norteamericanos.
También lo es de los españoles. Cuatro de cada diez compatriotas opinan que la economía va mal. Y más del 70 por ciento piensa que dentro de un año la situación estará igual o peor.
Por muy generales que hayan sido las últimas elecciones, sus resultados han diferido en las distintas autonomías y en bastantes lugares han permitido ajustes de cuentas internos. En Salamanca, por ejemplo, los socialistas han castigado a su secretario general, Emilio Melero, después de 20 años de plácida sinecura en la oposición, dando los votos para el único puesto en el Senado a una desconocida dirigente vecinal, Josefa Mena, y eso que su nombre figuraba por orden alfabético tras el de su jefe político.
Ya ven cómo las gastan algunos.
Menos mal que ya hemos superado las elecciones que parecían de nunca llegar. Al menos, durante unas semanas los políticos dejarán de insultarse mientras ajustan sus nuevas estrategias postelectorales.
No sé si habrán conseguido una gran cosecha de votos regados con promesas irrealizables y la satanización constante del adversario en vez de la argumentación y el debate ideológico. Allá ellos. Pero me preocupan las heridas que su acción devastadora pueden dejar en la convivencia ciudadana.
El problema de ERC es el de aquellos adolescentes que pegan de pronto el estirón y se les rompe la ropa por todas las costuras. Le sucedió tras el éxito electoral de 2004 y ahora, cuatro años después, se encuentra con el traje hecho unos zorros.
Eso es lo que explica la pérdida de la mitad de sus votantes y la pugna entre Joan Puigcercós y Carod-Rovira por apropiarse de los que quedan. Y es que ERC, partido con vocación antisistema, que antepone la utopía independentista a la gobernación del día a día, había logrado tener más electores de los que en teoría le corresponden.
Una vez pasados los fervores electorales y la reacción ante el pavoroso asesinato reciente de ETA, el nombre de España vuelve a colgarse en el guardarropa de los trajes que apenas si hemos de volver a usar.
En ningún otro país de los que conozco tanta gente parece avergonzarse del nombre de su patria. Tan insólito resulta en ocasiones oír el vocablo, que hay que ir al extranjero para recordar de dónde es uno. Claro que también deviene más frecuente cada vez el hallar a algún compatriota que, preguntado por su origen, responde que catalán o vasco, y hasta asturiano o canario, pongo por caso, antes de decir simplemente: español.
Los jueces son como los demás mortales.
Algunos, incluso, más imperfectos que los demás mortales. Por ejemplo, la magistrada de Denia, Laura Alabau, reincidente en no querer casar a dos homosexuales. Y hasta el Tribunal Constitucional, que deja en la calle a Alberto Cortina y su primo, Alberto Alcocer, quienes estafaron a sus socios 42 millones.
Le supongo, querido lector, hasta el bisoñé de tanta política. Hemos tenido una intensa campaña electoral, antes una larga precampaña y precediéndola, incluso, un crispante escenario preparatorio de todo ello. Uf.
Tanta confrontación dialéctica, pacífica y libre, no obsta para que los hijos de puta de siempre perpetren otro asesinato. Pero ése es un tristísimo tema que excede con mucho las intenciones de nuestro modesto espacio.
Los españoles han decidido que sea Rodríguez Zapatero el que lidie con los problemas económicos que se avecinan y confían en que cumplirá su cascada de promesas sociales para el cuatrienio.
Mucha confianza es ésa, pero está avalada por los números: 40.000 electores más que hace cuatro años se han decantado por el PSOE, aunque los votos del PP hayan crecido en mayor proporción. El dato endulza su derrota pero, como decía hace años Alfonso Guerra, las “derrotas dulces resultan tan amargas como las otras”.
Al día siguiente del asesinato de cuatro mujeres por sus parejas, el teléfono de emergencias echaba humo por nuevas denuncias. ¿Qué había pasado?, ¿que de repente todos los psicópatas se habían puesto a matar?
Nada de eso. Sólo la mala conciencia colectiva, la sensación de que aquellas cuatro muertes horribles podían haberse evitado, movió a muchos ciudadanos a denunciar presuntos nuevos malos tratos. Días después, el teléfono volvió a dejar de sonar con aquella inusitada intensidad.
No sé por qué nos extraña que los países de la Unión Europea discrepen sobre Kosovo. Por no ponerse de acuerdo no lo hacen ni sobre la patata.
Al parecer, existe ya una patata modificada genéticamente que produce un mejor almidón para uso industrial y cuya pulpa puede alimentar el ganado. Los 27 ministros de Agricultura no han llegado a un pacto y, mientras España defiende que se comercialice, Francia y Alemania se oponen como panteras.
Los foros digitales suramericanos están que arden sobre la posibilidad de una guerra en aquella parte del continente, la cual no consideran tan improbable.
Todo se ha desmadrado, hasta las fiestas.
Así, hay quien no disfruta del botellón sin arriesgarse a caer en un coma etílico. O se pone delante de un toro en San Fermín como si éste, en vez de cuernos, sólo llevase la chistera de El cobrador del frac.
Es el resultado del hedonismo de una sociedad más dada a la jarana que al trabajo, donde al sentido común lo reemplaza a veces la irresponsabilidad, como hacen quienes organizan carreras de coches en plena vía pública, por ejemplo.
Todos los televidentes, y son muchos, que creyeron que Rajoy le ganó el debate televisivo a Rodríguez Zapatero se equivocan. Así lo han determinado los sondeos.
A medida que éstos se iban produciendo en la noche del día 25, alguien tan lúcido como Esteban González Pons se atrevió a hacer el diagnóstico: alrededor de un 40 por ciento de ciudadanos está predispuesto, de entrada, hacia el candidato del PP; un 60 por ciento, repartido entre PSOE, IU y nacionalistas, en contra. Así que, ocurra lo que ocurra, Rajoy tiene inicialmente veinte puntos de desventaja respecto a su rival.
El último argumento sobre la inmigración, ahora que hay elecciones, es el siguiente: si los inmigrantes viven aquí, trabajan aquí y se reproducen aquí, ¿por qué no han de elegir también aquí quién quieren que les gobierne?
Dicho así, suena bien, pero contradice algo tan elemental como aquello de una persona, un voto. Hace unos meses, el presidente rumano, Traian Basescu, estuvo en Castellón y en Madrid para pedir el sufragio de sus compatriotas en el referéndum para su continuidad. Si aquéllos deciden sobre el destino de Rumania, ¿también han de hacerlo sobre el de España?
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel