El Valencia C.F. en el banquillo
25.02.08 @ 11:08:21. Archivado en Artículos
Quince jugadores del Valencia C.F. pasaron el viernes más tiempo en los Juzgados que en el campo de entrenamiento. Así les va.
Ver a todo un presidente de un club de fútbol sentado en el banquillo durante seis horas no resulta precisamente un espectáculo edificante. Aunque al final llegase a ganar el juicio. Los presidentes, piensa uno desde su supina ignorancia deportiva, están para insuflar ánimo a sus jugadores, elegir los mejores técnicos, conectar con la afición y conseguir títulos. De momento, lo que Juan Bautista Soler lleva camino de obtener son 100 millones por la recalificación del estadio del Mestalla.
No está mal. Y es que, como algunos de sus ilustres predecesores en poltronas deportivas —Jesús Gil, Ruiz-Mateos, Augusto César Lendoiro y otros— parece que el suyo haya sido un objetivo inmobiliario. Ése y lograr una proyección política suelen ser las auténticas metas de muchos mecenas deportivos y no la de ayudar a una afición que les importa un bledo.
De momento, a falta de mejores títulos, Juan Bautista Soler ha conseguido el de ser el primer presidente de un club de fútbol en practicar el mobbing laboral. Aunque la demanda del jugador Albelda no haya sido por ese motivo, ya me dirán cómo calificar si no lo sucedido: al futbolista se le dice que no se cuenta con él, se le aparta del equipo, se impide su progresión profesional, se le condena al ostracismo fuera del mercado y no se resuelve su contrato, impidiendo así que pueda irse a otro club, con sus virtudes y sus defectos personales, que deben ser terribles, a tenor de la brutal decisión tomada por el tándem Soler-Koeman.
Si eso no es acoso laboral, que venga Dios y lo vea.
Conozco magníficos profesionales de otras disciplinas —economistas, ingenieros, periodistas,…— a quienes sus empresas, con tal de no pagarles la indemnización por despido, han tenido con su mesa de trabajo en el pasillo, sin tarea alguna que realizar. Unos han acabado en el psiquiatra; otros, no. Pero ninguna empresa se ha atrevido, como el Valencia C.F., a ordenar a sus compañeros que testifiquen contra ellos. ¿Quién seria capaz de oponerse a los deseos de la empresa? ¿Y cuánto menos los futbolistas, con fuero propio y sin sindicatos que los apoyen?
Por eso, al margen de la decisión judicial, va a haber un antes y un después del caso Albelda, como lo hubo con el caso Bosman, el jugador belga cuya rebeldía acabó con el derecho de retención de los clubes, último vestigio del esclavismo —con esclavos de lujo si se quiere— en los países llamados civilizados.
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Enrique Arias Vega
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