Unos mueren, otros se forran
21.02.08 @ 23:44:28. Archivado en Artículos
Una de las imágenes más repugnantes de los últimos tiempos ha sido el saludo entre el presidente de Kenia, Mwai Kibaki, y el líder opositor, Raila Odinga, embutidos ambos en costosos trajes de Armani. Mientras, cientos de cadáveres mutilados de sus seguidores respectivos aún hedían sin haber sido enterrados.
Es la doble cara del subdesarrollo: matanzas de anónimos ciudadanos miserables, mientras que dirigentes tercermundistas se disputan el botín a golpe de asesinatos masivos.
Lo de Kenia no ha sido un genocidio tan horriblemente espectacular como el de Ruanda. Tampoco ha llegado a la crueldad del Chad o Sudán. Aún está a medio camino de lo sucedido en las últimas décadas en Liberia, en el Congo, en Angola, en… ¿Para qué seguir?
El propósito de erradicar la pobreza del mundo se topa con obstáculos insalvables. Una desastrosa herencia colonial, sin duda. El egoísmo de los países desarrollados, seguro. Pero también, y más difícil de combatir, la corrupción de líderes africanos que, como el de Zimbabwe, Robert Mugabe, han llevado a su país a estar infinitamente peor que cuando consiguió la independencia.
El Banco Mundial, organismo de la ONU que tiene como propósito reducir la indigencia mediante préstamos a países pobres, a bajo o interés o sin él, acaba de informar que el 90% de sus ayudas va al fraude o a la corrupción.
Ejemplos los hay para dar y tomar. Desde proyectos de control del sida cuyo dinero ha ido a aparatos que no funcionan, hasta mosquiteras contra la malaria llenas de agujeros. Podríamos seguir con hospitales no construidos o quirófanos a los que nunca llega el instrumental quirúrgico. Así, hasta el infinito.
¿Dónde se quedan esos dineros y muchos otros que aportan gratia et amore países como España? En el bolsillo de muchos intermediarios venales y corruptos: desde miembros de las propias organizaciones internacionales hasta políticos de los países destinatarios, pasando por funcionarios sin escrúpulos o vendedores de armas. Sí, armas, porque gran parte de la ayuda para el desarrollo acaba destinándose a armamento con el que matarse sañudamente los habitantes de esos países sin destino ni futuro.
Mientras no se considere que la democracia es una condición prioritaria para salir de la miseria y mientras la ONU no se dedique a ello en vez de dar cobertura jurídica y política a tiranos de toda laya, la ayuda para dejar la pobreza sólo sirve, paradójicamente, para que lo logren aquellos criminales que masacran a sus propios compatriotas.
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Esa ayuda habría que darla sólo a los países que apuesten por la DEMOCRACIA y los DERECHOS HUMANOS, no a las dictaduras y los regímenes represivos. Si no, esa ayuda sólo sirve para enriquecer a los dictadores y para tiranizar todavía más a sus sufridos súbditos.
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Enrique Arias Vega
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