Los debates
18.02.08 @ 20:52:59. Archivado en Artículos
¡Uf! Al fin habrá debates televisivos entre los dos aspirantes a ocupar La Moncloa: Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Los demás candidatos habrían querido una equiparación con ellos, para rebatirles sobre lo divino y lo humano. Y yo también. Pero ni ellos ni yo tenemos ninguna posibilidad de alcanzar la presidencia, así que nos contentaremos con escucharlos.
Paradójicamente, quienes menos interés han tenido en el cara a cara son los propios participantes. La explicación radica en que lo importante no es que uno acierte, sino que no meta la pata. Así que, cuanto menos debatas, menos riesgo tienes de equivocarte.
Quien tampoco muestra un excesivo empeño en mantener una controversia televisiva con su contrincante valenciano, González Pons, es la vicepresidenta Fernández de la Vega. Y no porque la candidata del PSOE no esté bregada en la política, sino porque su rival del PP es un tipo afable por fuera pero berroqueño por dentro, haciendo una paráfrasis de cuando se autocalificó como conseller-sandía. O sea, que se trata de alguien capaz de saltar a la yugular de su adversario con idéntico placer que el conde Drácula y con la misma elegancia displicente y distante que el personaje de Brad Stoker.
Al que hay que agradecer la realización, al fin, de los debates nacionales es a Manuel Campo Vidal, que ha conseguido que la Academia de Televisión sirva para algo y no como en tiempos de su predecesor, Ignacio de Salas, cuando se ignoraba hasta su existencia.
Confieso mi debilidad por Manolo Campo. Mi colega fue el exquisito y neutral moderador de los dos únicos cara a cara, en 1993, entre Felipe González y José María Aznar. El entonces presidente socialista perdió la primera confrontación por ir sin preparar los deberes, como vulgarmente se dice. Pero no fue el único en menospreciar entonces las cualidades de Aznar. Éste, al acabar el debate, se acercó a sus eufóricos colaboradores que estaban en una sala anexa y les espetó: “¿Conque creíais que iba a perder, so cabrones?”. Tal cual.
Tan bueno es en su oficio Campo Vidal, que se atrevió a moderar otro debate, en la lengua de Castelao, entre los aspirantes a la Xunta de Galicia, Manuel Fraga y Antolín Sánchez Presedo. Este último hablaba un gallego deplorable. Fraga no se sabía muy bien en qué hablaba dada su propensión a comerse sílabas y palabras enteras. El mejor gallego, el más académico, fue el de Manuel Campo, que lo había aprendido ¡en sólo una semana!
Por esa, entre otras razones, Manolo es para mí el mejor moderador de cualquier debate político de altura.
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A nuestros políticos lo que les gusta es el monólogo, prometer cosas todo el rato sin tener delante a nadie que pueda contradecirles. Y en eso por desgracia para ellos consisten los debates, en el intercambio de ideas y no de slogans electorales. Como nuestros políticos tienen muchos slogans pero pocas ideas, se refugian en el mitin o en el comunicado del partido.
En fin, una desgracia para nosotros, sus votantes.
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Enrique Arias Vega
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