Luego nos quejamos de que los políticos hagan promesas que no van a respetar. De creer al PSOE y al PP, al final aquí no va a pagar impuestos ni su padre, con lo que ya veremos quién tira del carro de la economía.
Pero es que a los ciudadanos tampoco nos gusta cumplir y, menos que nada, con la ley.
En días sucesivos hemos visto sonoras manifestaciones contra decisiones judiciales. En Sagunto, la población entera se opone a la reversión de las obras del Teatro Romano, ordenada por el Tribunal Supremo. En Bilbao, encabezados por Ibarretxe, miles de ciudadanos se echaron a la calle frente a la condena de Atutxa, Contxi Bilbao y Gorka Knörr.
Hasta los afectados por la Ley de Costas, que construyeron sus chalés a partir de 1988 sabiendo que eran ilegales, protestan ahora por su derribo, aunque perciban por ello una indemnización.
Ya que está tan generalizada la oposición a todas las leyes, a la postre nos sobran los Parlamentos que las elaboran y los tribunales que las aplican: la única ley que nos gusta, al parecer, es la ley de la selva.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel