Las cosas no pueden funcionar bien y mal al mismo tiempo. Por eso, la economía española no puede ir de cine, como se empeñan en defender todos los días Rodríguez Zapatero y su ministro Pedro Solbes, y a la vez ser motivo de preocupación, como se obstinan en predicar desde hace tiempo Mariano Rajoy y el comisario europeo Joaquín Almunia.
La solución a lo que esté pasando, sea lo que fuere, tampoco puede consistir simultáneamente en bajar los tipos de interés, como decide cada pocos días el norteamericano Ben Bernanke y en mantenerlos a todo trance, como impone su homólogo del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet.
Finalmente, no se puede admitir que los precios suben, que el empleo ha tocado techo y que la evolución del PIB retrocede y, sin prestar ningún caso a todo eso, enzarzarse luego en una loca competencia por ver quién rebaja más y mejor los impuestos. ¿De verdad creen nuestros dos grandes partidos la mitad de la mitad de lo que nos están prometiendo?
Quienes primero entraron en esa insensata puja de presumir de “conmigo, mejor que con el otro” fueron las comunidades autónomas, dispuestas a atraer —a golpe de un déficit que luego habría de sufragar el Estado central— inversiones empresariales y votos ciudadanos.
Empezó Euskadi, hace años, con unas llamadas vacaciones fiscales —que luego prohibió la UE— a aquellas empresas que se radicasen en su territorio. Más recientemente, Madrid ha prometido rebajar un punto el IRPF; Castilla y León, suprimir el impuesto de sucesiones; Andalucía, reducir 100 euros del IRPF a 250.000 contribuyentes, y la Comunidad Valenciana, suprimir los impuestos sobre sucesiones, donaciones y transmisiones.
Eso no es nada comparado con las rebajas de enero de los partidos nacionales. Ante la reducción general de tipos y tramos del IRPF prometida por el PP, Rodríguez Zapatero y su ministro Jesús Caldera han ofrecido de todo, incluso el cheque de 400 euros. Para no quedarse atrás, parodiando la secuencia de “¡Y dos huevos duros!” de los hermanos Marx en Una noche en la ópera, el PP garantiza que habrá 2.200.000 empleos más de aquí a cuatro años.
¿En qué quedamos? ¿Hay crisis o no? ¿Estaban equivocados los economistas Prescott y Kydland, que recibieron el premio Nobel por sus análisis sobre los ciclos económicos? ¿Tienen razón los españoles que se obstinan con reiteración en que el paro y la vivienda son dos de sus principales preocupaciones? ¿Por qué ha aparecido de repente en las encuestas la situación económica como un problema al alza, mucho mayor que hace un año y menor de lo que se teme que va a venir?
Les confieso que hay tres síntomas que a mí me inquietan. El primero, la inflación, que ha llegado ya al 4,4 por ciento, donde no se situaba desde hace once años. Quienes llegamos a conocer las perturbadoras subidas de precios de los años 80 sabemos que la inflación es un cáncer, cuya metástasis incontrolada puede alterar todo el sistema económico.
El segundo síntoma es que el Fondo Monetario Internacional —que ya no dirige Rodrigo Rato, sino el socialista Dominique Strauss-Kahn— acaba de reducir en 8 décimas la previsión del crecimiento económico mundial, y eso contando con que China continuará con su asombroso porcentaje de subida del 10 por ciento anual. Para la zona euro prevé un modesto 1,6 por ciento que, a poco que las cosas se tuerzan, puede convertirse en comienzo de la recesión.
Finalmente, me fío de las cifras que acaba de hacer públicas José Luis Olivas, presidente de Bancaja. Sus ganancias siguen siendo espectaculares, claro. Pero es que cajas y bancos han venido duplicando sus beneficios cada tres o cuatro años. Ahora, en cambio, el crecimiento de Bancaja sólo ha sido un 15,5 por ciento mayor que hace un año. Y eso que la dureza de las garantías que exigen nuestras entidades financieras para una hipoteca impiden que se produzca aquí la crisis de las sub-prime estadounidenses.
Aún así, los bancos de Salamanca, pongo por caso, están denegando hoy día el sesenta por ciento de las hipotecas solicitadas.
Así que ¿hay crisis o no hay crisis? ¿Podemos prevenirla y hasta evitarla cuando, contra el sentido común, los partidos se dedican a echar la casa por la ventana? Lo cierto es que nadie se atreve a hacer el diagnóstico correcto. Mientras tanto, lo único seguro es que vivimos una esquizofrenia económica y hasta política de la que seguro que el partido que gane las elecciones del próximo 9 de marzo le echará toda la culpa al otro.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel