La designación de Manuel Pizarro como número 2 del PP por Madrid ha cosechado más críticas que elogios. No porque el hombre sea tonto, ni porque se le considere malo; simplemente, por ser rico.
Se trata de una cuestión de envidia, nuestro mayor vicio nacional, como contaba el escritor Fernando Díaz-Plaja en su revelador y divertido libro El español y los siete pecados capitales. Nos molestan los ricos sólo porque nosotros no lo somos, aunque en el caso de Pizarro se lo haya currado a pulso y haya enriquecido de paso a los accionistas de Endesa a quienes defendió con uñas y dientes cuando sufrieron la OPA hostil.
En otros países, como Estados Unidos, no sólo se valora la capacidad de la gente para triunfar en la vida, sino que los ricos tratan luego de compensar a la sociedad interviniendo en obras sociales, en ONGs o en política.
Eso, qué quieren que les diga, es meritorio. Lo criticable, para mí, no es que los ricos se pasen a la política cuando ya no les acucia la necesidad. Al fin y al cabo, es menos probable que se pringuen entonces con recalificaciones urbanísticas y otras corrupciones. Lo que resulta discutible es el camino inverso: el que políticos presuntamente honestos y hasta austeros se suban al carro del dólar cuanto antes no han tenido un duro.
Pienso en los mismos nombres que ustedes. En Gerhard Schroeder, usando ahora su influencia en favor del consorcio ruso Gazprom, en el millón de dólares que cobra Tony Blair como asesor de la banca JP Morgan y hasta en el papel de consejero de Rupert Murdoch que ejerce José María Aznar.
Hay muchos más como ellos, claro, en vez de gente que, como Manuel Pizarro, abandone sus cargos y canonjías por un modesto sueldo de diputado. Y no hablo de Rodrigo Rato y su acumulación actual de suculentos puestos porque él ya era rico por su casa. Tampoco aludo a las barbaridades que cobran por una charla Margaret Thatcher, Bill Clinton, Al Gore y compañía, mientras que a nosotros, en cambio, no nos escucha nadie ni pagando.
Por todo eso, supongo, es por lo que odiamos a los ricos.
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Hombre, Sr Vega, no hay que ser un lumbreras para imaginarse que los intereses de un desgraciao que gana 1000 euros al mes y un super-rico que se gasta 1000 euros en una cena NO SON LOS MISMOS.
Si no tenemos los mismos intereses ni preocupaciones, como nos van a representar nuestros politicos?
No sera que quieren poder politico para aumentar su propio poder personal?
Repito, representar=actuar por un interes *comun*. Que interes comun tiene un mileurista y un rico? He aqui el quid de la cuestion y de lo que desconfian los espanyoles, con razon.
De acuerdo con usted en todo salvo en lo del "modesto" sueldo de diputado. Ojalá el mío fuera la cuarta parte de modesto.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel