Mírese por dónde, la exclusión de Ruiz-Gallardón de las listas de Mariano Rajoy puede haberle favorecido más que si hubiese figurado en ellas. Déjenme explorar esta aparente paradoja.
Dentro de nuestros partidos políticos, de estricta disciplina cuartelera, con diputados tan absolutamente intercambiables como desconocidos, Ruiz-Gallardón constituye una excepción notoria. De ahí el escándalo.
Hasta ahora, fuera de estos partidos socialmente enraizados nadie ha tenido posibilidad política alguna. Le pasó a Manuel Pimentel, ex ministro de José María Aznar, que sufrió tal descalabro electoral como autónomo que su non nato grupo político quedó finalmente reducido a un blog. Antes que él sufrieron semejante postración dirigentes socialistas expedientados, como Alonso Puerta y Pablo Castellano, que fueron fagocitados por el PCE en la naciente y sedicente Izquierda Unida. La relación de líderes condenados a la orfandad política sería interminable.
Algo de eso le puede pasar ahora a Rosa Díez con su nueva formación centrista. Y no será porque un gran porcentaje del electorado no reclame un grupo de ese corte ideológico, que sirva de contrapeso al PSOE y al PP, en vez de dejarlos en manos de los partidos nacionalistas. Aun así, y a pesar del bagaje doctrinal de su ideólogo, el filósofo Fernando Savater, y del glamour intelectual de Mario Vargas Llosa, los medios de comunicación le hacen el vacío y las entidades financieras le cierran su bolsa. ¿No será ese espacio inédito el que aguarde a Alberto Ruiz-Gallardón?
Él sí que dispondría de avales económicos y mediáticos proclives a bailarle el agua porque de hecho ya lo vienen haciendo desde hace años. ¿Qué ha perdido con su exclusión el alcalde de Madrid? ¿Ser el improbable segundo de un Mariano Rajoy en precario si éste gana por la mínima las elecciones? ¿Disputar la jefatura de un PP desmotivado y a la greña en caso de derrota? No resulta un panorama demasiado gratificante.
Lo que mucha gente de ese país reclama a gritos es el final de la deriva centrífuga del Estado y, si fuese preciso, una imposible gran coalición a la alemana entre los dos grandes partidos nacionales. Imposible, digo, dada la actual radicalización ideológica en la que parece preferirse la catástrofe colectiva a dar un leve respiro al enemigo político.
Ahí, en ese espacio de centro en el que todos sitúan a Ruiz-Gallardón, podría reubicarse éste, como el líder liberal británico, Nick Clegg, o el alemán, Guido Westerwelle, y forzar así a los grandes partidos a obtener su apoyo.
Ésta es una hipótesis improbable, claro, pero no me negarán que se trata de un futurible sugerente. En un país acostumbrado a repetir siempre los mismos clichés, hasta podría resultar políticamente refrescante.
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Entiendo que llevando 30 años (según dicen) en política, le parezca mucho para no tener el puesto que desea. Pero es que este chico es tonto, buen gestor, pero tonto. Se enfrenta a los poderosos del partido sin tener opción. Se enfrenta cuando no tiene opción alguna. Echó un órdago al partido y el grupo de zaplana y la presidenta de Madrid le dieron un revolcón. Ya le han dado el toque des UPD, no sería nada malo que dejara el cargo de Alcalde, de militante del PArtido Popular y se fuera a otro lado; de camino le conmino a que se lleve definitivamente a Manuel Fraga, al cual le haremos otras tantas estatuas para que en una legislatura futura del otro PSOE lo descabalguen.
Bien por Rajoy y señores dejad de nombrar ya al este individuo, pareceis del PSOE. Saludos y suerte.
Gallardón acabará, malgré lui, en el PS (no le llamo ni O ni E, no me da la gana). Se llevará el millón de votos centristas que dice Gabilondo que tiene.
Como bien has dicho, en los partidos españoles rige la disciplina cuartelera; que gusta a la mayoría de los votantes. Pero el mayor perjudicado no es Ruiz Gallardón, somos los contribuyentes. Pagamos para eso, a lo que se ve.
Saludos,
Discrepo en parte de su hipótesis. Es necesario un tercer partido que fuerce a bisagra, y ahí está la opción de UPD o C´s. ¿Pero Gallardón? un hombre de derechas, discípulo de Manuel Fraga, que vende "centrismo" en pura operación de imagen, despreciando a la base social que le vota y haciendo guiños a los progres que nunca le han votado. Gallardón no tendría problemas de financiación, le bastaría con acudir a su amigo Fefé y demás ricachos de la villa y corte. Pero si funda su partido le auguro el mismo futuro que a Miquel Roca y su fracasado Partido Reformista. Gallardón no gusta a nadie, a unos por se demasiado de derecha y a otros por ser demasiado de izquierda.
Con semejante ambición personal. Con tan poquísima integración en su partido...
Con esos apoyos entre quienes quieren que su partido desaparezca, ganados a base de defender lo que no gusta a sus votantes...
Efectivamente debería crear su propio partido y preguntar a los votantes. ¿Qué hace en el PP si no defiende lo mismo que el resto? No se trata de que no haya, que la hay, diversidad en el partido. Se trata de que Gallardón es el ídolo de Pepiño, de Gabilondo... de gente que quiere la exclusión de la vida pública de 9 ó 10 millones de personas, votantes del PP
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel