No entro en el fondo del aborto, pues es un tema a dirimir por la conciencia de cada cual y que tiene su plasmación en la ley: la actual o la que venga, que ésa es otra.
Lo que sí me impresiona es que el número de abortos se haya duplicado en España en sólo ocho años, generalizándose así como otra práctica contraceptiva más.
Recuerdo el trauma de aquellas jóvenes que durante la ominosa dictadura franquista se veían obligadas a abortar en Londres, solas y aterradas muchas veces. Ahora, gracias a una legislación permisiva, chicas de otras partes de Europa son las que vienen a aquí.
Me preocupa, con todo, la frivolidad con la que se aborta, como si se tomase una caña. El número de embarazos precoces prueba que ya no hay miedo al SIDA. Cuando la conferencia de Nairobi propuso como prevención el preservativo, la fidelidad y la abstinencia, se armó el escándalo.
Y es que hemos banalizado la práctica del sexo, en ocasiones promiscuo, sin tomar precauciones y con el aborto como remedio trivial. No parece, pues, que hayamos mejorado mucho.
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Como variante de la presión religiosa de la época de Franco, hoy la presión proviene de la ideología progresista que bien se puede resumir en el conocido "nosotra parimos nosotras decidimos". Se ha banalizado el aborto hasta el extremo de que el buen progresista no juzga como "malo" el hecho de que se tiren al contenedor fetos de 4, 5 ó 4 meses. Peor es, dicen, que luego la madre no pueda mantener al niño.
Lo curioso es que luego se defienden diciendo que es una cuestión de opciones y nadie tiene derecho a imponer a una mujer que no puede abortar.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel