Si uno es un criminal, le ampara la presunción de inocencia. Si, en cambio, es un policía, se sospecha enseguida de su culpabilidad. Así de sencillo.
Eso ha sucedido con la detención traumática, como tantas otras, de los asesinos etarras Igor Portu y Martín Sarasola. Y es que una captura policial no consiste en un gentlemen’s agreement, es decir, un pacto entre caballeros basado en el honor. Algunas veces, incluso, el arresto de criminales tiene que ser más forzado y violento que otras, dada la fogosidad y rudeza opuestas por los aprehendidos.
Pues bien: vistas las lesiones apreciadas en uno de los dos etarras, han salido como panteras los políticos abertzales y hasta Miren Azkarate, portavoz del propio Gobierno vasco —máxima institución del Estado en aquella Comunidad, no se olvide—, para hablar de torturas a los detenidos. Y eso que el otro delincuente apresado, Martín Sarasola, negó que nadie le hubiera puesto la mano encima.
Uno, claro, recuerda los viejos tiempos del franquismo, en los que la autoridad de cualquier policía de la porra era omnímoda y podía extralimitarse sin responsabilidad penal ni administrativa alguna. A lo más que se arriesgaba era a recibir una medalla o a un ascenso.
Pero ahora estamos en una democracia in vigilando, llena a rebosar de garantías policiales, judiciales y procesales para los detenidos, en los que si a alguien se le va la mano se le cae el pelo.
Entiendo, con todo, que padre y tío de Igor Portu presenten la correspondiente denuncia a fin de que se practiquen pruebas forenses a su familiar. Eso es amor paternal como Dios manda. Aunque, dado que los etarras detenidos han reconocido los asesinatos en la T-4 de Madrid, su actitud me merecería más crédito si los susodichos parientes también pidiesen perdón a los deudos de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio por el crimen cometido por Igor. Pero no hay tu tía.
Coincidiendo con todo esto, se celebra en Barcelona el juicio por dejar en coma a un guardia urbano hace tres años. Nadie se ha manifestado por la brutalidad sufrida por el policía agredido. Es más: los okupas y demás violentos implicados, cuya presunción de inocencia se mantiene hasta que una sentencia firme asegure lo contrario, se llaman a andanas. Para completar el sarcasmo, al juicio asisten “observadores internacionales” y representantes diplomáticos de los imputados, ante posibles “prejuicios debidos a su nacionalidad”.
Lo dicho: aquí resulta mucho más gratificante ser criminal que policía.
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Me llamo María José y vivo en Brenes (Sevilla)
Esta semana en el vecino pueblo de Alcolea del Río, una niña estaba jugando en la puerta del bar de su padre, que se ubica en la travesía del pueblo cerca de la gasolinera, el padre miró a ver a su hija y se encontró a tres hombres, con rasgos árabes, que se llevaban a la niña, ante la alarma del padre salieron corriendo. Esto está denunciado ante las autoridades.
Hace un tiempo una señora, ya abuelita, me dijo, cuando estábamos en el supermercado, estos inmigrantes nos van a comer cuando no haya trabajo, pues ya es cierto que no hay tanto trabajo como antes y van a empezar por lo más vulnerable, los niños.
Esto no es un manifiesto racista, ni mucho menos, es una llamada de atención a todos los padres porque el peligro es real y existe. Cuiden aún más a sus hijos, si es posible.
Las autoridades no quieren alarmar a la población, pero que no nos toquen a nuestro hijos.
Me llamo María José y vivo en Brenes (Sevilla)
Esta semana en el vecino pueblo de Alcolea del Río, una niña estaba jugando en la puerta del bar de su padre, que se ubica en la travesía del pueblo cerca de la gasolinera, el padre miró a ver a su hija y se encontró a tres hombres, con rasgos árabes, que se llevaban a la niña, ante la alarma del padre salieron corriendo. Esto está denunciado ante las autoridades.
Hace un tiempo una señora, ya abuelita, me dijo, cuando estábamos en el supermercado, estos inmigrantes nos van a comer cuando no haya trabajo, pues ya es cierto que no hay tanto trabajo como antes y van a empezar por lo más vulnerable, los niños.
Esto no es un manifiesto racista, ni mucho menos, es una llamada de atención a todos los padres porque el peligro es real y existe. Cuiden aún más a sus hijos, si es posible.
Las autoridades no quieren alarmar a la población, pero que no nos toquen a nuestro hijos.
Me llamo María José y vivo en Brenes (Sevilla)
Esta semana en el vecino pueblo de Alcolea del Río, una niña estaba jugando en la puerta del bar de su padre, que se ubica en la travesía del pueblo cerca de la gasolinera, el padre miró a ver a su hija y se encontró a tres hombres, con rasgos árabes, que se llevaban a la niña, ante la alarma del padre salieron corriendo. Esto está denunciado ante las autoridades.
Hace un tiempo una señora, ya abuelita, me dijo, cuando estábamos en el supermercado, estos inmigrantes nos van a comer cuando no haya trabajo, pues ya es cierto que no hay tanto trabajo como antes y van a empezar por lo más vulnerable, los niños.
Esto no es un manifiesto racista, ni mucho menos, es una llamada de atención a todos los padres porque el peligro es real y existe. Cuiden aún más a sus hijos, si es posible.
Las autoridades no quieren alarmar a la población, pero que no nos toquen a nuestro hijos.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel