Mahatma Gandhi nunca llegó a ver aquella gran nación india plural, multiétnica y de convivencia religiosa con la que soñó mientras luchaba pacíficamente contra la ocupación británica. Cinco meses antes de ser asesinado en 1948, las regiones musulmanas de la península se declararon independientes con el nombre de Pakistán.
Poco duró el extraño país con dos partes absolutamente incomunicadas. El Pakistán oriental, empobrecido y abandonado, se separó en 1971 bajo la denominación de Bangla Desh.
Es, pues, la suya una historia poco edificante, con asesinatos políticos antes y después de la escisión —el último, el de Benazir Bhutto—, golpes de Estado, periódicas dictaduras militares y el permanente enfrentamiento con su vecino indio. Así, claro, la vida vale lo que vale y la violencia acaba por constituir una segunda piel de la población.
No es que la vecina India pueda presumir de estabilidad, con episódicos magnicidios que se han cebado particularmente en la familia de la malograda Indira Gandhi. Pero pese a la multiplicidad de etnias, castas y creencias, la democracia ha pervivido como escenario político en el que dirimir las diferencias y, con sus 1.100 millones de habitantes, la economía de la Unión India va ahora como una moto, perfilándose como una de las potencias mundiales en un inmediato futuro.
¿Qué horizonte, en cambio, se vislumbra para Pakistán? Fúnebre, tirando a siniestro. O al revés. Parece que el lograr la bomba atómica colmó ya las aspiraciones tecnológicas de un país sin porvenir, encaminado suicidamente hacia una guerra civil.
No tiene porqué ser ése el destino ineluctable de todas las sociedades infeccionadas por el fundamentalismo islámico, pero lo parece. Con sectas enfrentadas, un laicismo que no despega, la dictadura renuente a desaparecer, talibanes campando por sus respetos y vecinos tan incómodos como Irán y Afganistán, el Pakistán del futuro corre el riesgo de ser un país más encogido y pobre que el actual. Al tiempo.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel