¿Quién dice que los partidos nacionalistas van sólo a la suya?
No es exacto del todo. Por ejemplo, el nacionalismo vasco muestra su agradecimiento siempre que puede a sus benefactores. De bien nacido es ser agradecido, dice el refrán. Pues eso: aunque se trate de un aforismo proveniente de la tierra de los invasores españoles, lo practica el PNV con el partido de Rodríguez Zapatero, votando a su favor en el Congreso siempre que acecha la sombra ominosa del PP. Ya sea para que salgan adelante los presupuestos del Estado o cualquier otra ley que desguarnezca un poco más este país.
Su agradecimiento mayor, con todo es para ETA. ¿Estaría el PNV donde está si no fuese por ETA? ¿Habría alcanzado Euskadi los niveles competenciales de que goza si no hubiesen maniobrado detrás los matarifes etarras?
Tan seguro está el nacionalismo vasco de que eso es así que se echó en brazos de ETA en Lizarra, en septiembre de 1998, y desde entonces cada día se muestra más embelesado con sus arrumacos. Es la teoría de El árbol y las nueces, como titulan su libro Carmen Gurruchaga e Isabel San Sebastián, y que tan bien explicó Xabier Arzalluz: “Unos (ETA) sacuden el árbol (Euskadi), pero sin romperlo, para que caigan las nueces (la independencia), y otros (el PNV) las recogen para partirlas”.
Más claro, agua.
El actual lehendakari, Juan José Ibarretxe, y sus corifeos creen que ya es tiempo de recoger los frutos y, de aquí a dos años, ser de hecho independientes, arropados jurídicamente por la secesión de Kosovo respecto a Serbia.
De ahí la oposición radical del nacionalismo a cualquier decisión judicial contra ETA y su entorno y el haber defenestrado a Josu Jon Imaz, por pedir la paz antes de seguir hacia adelante.
Ni paz ni leches. Lo que nos falta ahora es que desaparezca ETA cuando casi estamos al final del camino, dicen los nacionalistas. Es preciso que el conglomerado ETA-Batasuna-ANV-PCTV-etc. perviva hasta dar el golpe definitivo. Luego, que le aspen. Por eso resulta idílico ver ahora a Begoña Errasti, de EA, y a Arzalluz, del PNV, codo con codo con el entramado etarra para impedir como sea su disolución.
Se podrá, pues, decir lo que se quiera del nacionalismo vasco, pero no que resulte inconsecuente, que deje desprotegido a su brazo armado, ni que sea desagradecido con quienes a golpe de pistola le han llevado hasta donde está, al margen de hipócritas condenas, hechas con la boca pequeña para adormecer así su propia conciencia.
Martes, 29 de mayo
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel