El partido no está ganado
30.12.07 @ 11:01:55. Archivado en Artículos
Me desconcierta el optimismo de los dos grandes partidos ante las elecciones generales del próximo 9 de marzo.
Gane el que gane de los dos, su victoria será tan ajustada que para gobernar necesitará de la complicidad de los grupos menores. Dejando al margen a Izquierda Unida, que se desgasta en una guerra sin cuartel entre Gaspar Llamazares y los comunistas de Paco Frutos, esas formaciones —inevitables triunfadoras en los comicios que se avecinan— están conducidas por gentes tan alérgicas a España como Iñigo Urkullu, Josep Lluís Carod Rovira o Anxo Quintana. Y, como verificación de que el sentimiento antiespañol crece día a día, vimos ayer la apoteosis independentista en el partido de fútbol entre Euskal Herria y Cataluña.
Por eso, digo, no veo motivos para la satisfacción de Rodríguez Zapatero, pero menos aun para la de Mariano Rajoy, quien, tras un cuatrienio de cambios políticos imprevisibles y hasta alucinantes, que han llegado incluso a cuestionar gravemente la convivencia entre los ciudadanos, sigue por detrás en las encuestas —entre uno y tres puntos— y a nivel personal es el político peor valorado de todos.
A nuestro hombre no le ayuda, quizás, el aspecto avejentado de una barba cana que le hace aparentar más años que los 52 que realmente tiene. Pero es que, además, su imagen tampoco responde al parámetro que ahora se lleva de jóvenes elegantes e hiperactivos, extrovertidos y asépticos. En Gran Bretaña, por ejemplo, donde acabo de estar estos días, los liberales han elegido nuevo líder a Nick Clegg, un dandi de 40 años, casi un calco del conservador David Cameron, también de 40, emparentado asimismo con la nobleza y al igual que él producto de los mejores colegios. A su lado, la estrella del gris laborista Gordon Brown declina por momentos.
Volviendo a Rajoy, bajo su dirección el PP ha realizado una oposición errática y sin alternativas estimulantes, ha agudizado la crisis interna del partido y creado un ambiente sucesorio de su liderazgo que han alentado desde Ruiz-Gallardón hasta Esperanza Aguirre y permitido que otros outsiders afilen también sus navajas.
Pero imaginemos, por un momento, que el PP llega a obtener en las urnas un voto más que el PSOE. La verdad es que eso no parece muy probable: según el último Índice presidencial que elabora quincenalmente el analista valenciano José Luis Sanchis, la probabilidad de victoria de Rajoy es del 41 por ciento, frente al 59 de Rodríguez Zapatero. Pero, insisto, imaginemos lo contrario: que gracias a lo que suceda en el Tribunal Constitucional con respecto al Estatut de Cataluña, así como la deriva soberanista de la periferia, la evolución del terrorismo y los posibles nuevos dislates de la inefable Maleni Álvarez con su AVE, den la victoria a Rajoy. ¿Qué hará con ella?
Para empezar, negociar su investidura con unos nacionalistas que se ofertan mucho más baratos al PSOE y que, de pactar con el PP, le sacarían hasta los hígados.
¿Y luego? Si puede —que parece que no—, dar marcha atrás en todos los grandes temas del actual Gobierno, desde la Ley de Educación hasta el terrorismo, pasando por la política exterior, según lo prometido. Es decir, retornar al eterno vaivén de nuestra historia, lo que suele apesadumbrar a un electorado a quien los cambios desconciertan y producen incertidumbre.
¿Y si repite Rodríguez Zapatero? Pues tendremos que olvidar, entre otras cosas, la reciente prédica de moderación, las últimas alusiones al Gobierno de España, la promesa de rebajas de impuestos, la confrontación radical con ETA y la posposición de nuevos supuestos de aborto.
Eso, no sólo porque responde a la ideología más íntima del presidente, sino porque será el precio tasado del apoyo de ERC, PNV y compañía. Además, para rematarlo, no parece que pese a los deseos de Pedro Solbes puedan cumplirse unos presupuestos del Estado con una previsión de crecimiento económico bastante irreal y, en cambio, un gasto público difícil de recortar.
Como se ve, esta alternativa, aunque más probable, tampoco es para echar cohetes. Así que con semejante panorama va a resultar difícil movilizar al electorado e incluso evitar que la abstención se acerque al 50 por ciento, porcentaje que, por otra parte, alentaría a Ibarretxe aun más a realizar su prometida consulta popular el próximo verano.
O sea, que ni el partido está ganado ni tampoco ofrece muchas trazas de que los ciudadanos lo podamos ganar.
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Extracto su conclusión sobre 4 posibles escenarios:
'A) Victoria de PSOE/IU en votos y escaños (a mi juicio, el más probable).
B) Victoria del PSOE/IU en votos y del PP en escaños (menos probable).
C) Victoria del PP en votos y escaños (no probable).
D) Victoria de un partido con mayoría absoluta (no probable).'
Me preocuparía que este señor pronosticara el triunfo del PP.
Además también acabo de oír a los tertulianos de la COPE manifestar su pesimismo en cuanto al resultado electoral por eso mismo, por la dependencia cada vez mayor de los partidos nacionalistas.
Lo peor es que seguramente el blogger tiene razón.
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Enrique Arias Vega
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