Ministros como anzuelo
09.12.07 @ 00:02:19. Archivado en Artículos
Hay ministros que marchan del Gobierno por la puerta de atrás y de los que en seguida suele olvidarse el presidente de turno. Sería el caso de María Antonia Trujillo o Carmen Calvo, que no dejarán precisamente memoria en los anales de la política. Otros, en cambio, desocupan su despacho para cumplir importantes encomiendas que unas veces salen bien, como la de José Montilla de presidir la Generalitat de Cataluña, y otras resultan fallidas, como la de Juan Fernando López Aguilar en Canarias.
En cualquier caso, el cargo de ministro es un aval político de primera por la exposición pública que conlleva. Los electores suelen conocerles, aunque sea de refilón, ya antes de que se inicien esas fatigosas campañas electorales en las que ahora no se promete el moro —por ser políticamente incorrecto—, pero sí continúa ofreciéndose el oro, como evidencian las sucesivas rebajas y supresiones de impuestos anunciadas tanto por Rajoy como por Rodríguez Zapatero.
Así se explica el desembarco en la Comunidad Valenciana como cabezas de lista electoral de Fernández de la Vega, Bernat Soria y Jordi Sevilla. Pero no son los únicos. Lo mismo hace en Barcelona Carme Chacón y en Galicia César Antonio Molina y Elena Espinosa. Más pintorescos resultan los casos del ministro de Justicia, Fernández Bermejo, que siendo natural de Ávila se presenta por Murcia, o el de Interior, Pérez Rubalcaba, nativo de Cantabria, que lo hace por Cádiz.
Por eso, y que me perdone el interesado, me parece una chiquillada que el portavoz del PP en Les Corts Valencianes, González Pons, amague con una demanda judicial contra la vicepresidenta De la Vega por haberse empadronado en Beneixida, donde reposan sus padres, ya que en realidad vive en Madrid. Y también el que ésta quiera pagarle con la misma moneda. ¿Cuándo dejarán los políticos de incordiar a los tribunales de justicia con auténticas futesas y colaborarán aunque sea un poquito en mitigar el increíble retraso de los procesos judiciales que padecemos en España?
Además, el uso y abuso de ministros en cualquier provincia, sean naturales de ella o no, lo practican todos los partidos. Lo hizo el PP en las anteriores de 2004, encabezando la Comunidad Valenciana Eduardo Zaplana, Federico Trillo y Juan Cuesta. O sea, que nadie tiene derecho a rasgarse las vestiduras.
Si acaso, los que se juegan el tipo son los ministros que disputan un escaño en circunscripciones uninominales, como en Francia o Gran Bretaña, y no arropados por una larga relación de candidatos, como sucede en España. Por eso, Nicolas Sarkozy advirtió a los miembros de su primer Gabinete que echaría al que no consiguiese el acta de diputado. Y lo hizo. Entre los que se quedaron sin cargo estuvo el mismísimo número dos de su Gobierno, Alain Juppé.
Aquí nadie va a ir a la calle, sencillamente porque todos los ministros saldrán electos en su lista respectiva. El caso más controvertido de un ministro que ni ha salido por la puerta de detrás ni por la de delante de su despacho, sino todo lo contrario, que diría el malogrado humorista Tono, ha sido el de Jordi Sevilla. El hombre pertenece al núcleo duro de jóvenes por el nuevo socialismo, con Trinidad Jiménez, Jesús Caldera y pocos más, que catapultaron a un desconocido Rodríguez Zapatero a la jefatura del PSOE. Aparentemente, su destino postministerial era el de secretario general del PSPV, en sustitución del defenestrado Pla. Pero si ya salió con mal pie del Gobierno por su inacción culposa en temas como el Estatut de Cataluña, sus movimientos dentro del socialismo valenciano le han distanciado aun más, si cabe, de Pepiño Blanco y de su otrora amigo de La Moncloa, al que él iba a poner al día en economía “en un par de tardes”.
Ahí, en explorar ese talón de Aquiles, tiene su oportunidad el PP y no en intentar minar la credibilidad a prueba de bomba de la vicepresidenta del Gobierno.
El otro riesgo del PP está en creer que la incombustible y victoriosa Rita Barberá puede ser el talismán milagroso que conjure el peligro de De la Vega. Rita es mucha Rita, por supuesto, pero hacerle acumular, aunque fuese sólo por un día, los cargos de alcaldesa, diputada autonómica y congresista en Madrid produciría la equívoca impresión de que el PP no tiene suficiente gente de valía y debe agarrarse al clavo ardiente una Rita que al final no podría hacer bien ninguna de todas esas tareas.
Éste es, a fecha de hoy, el mosaico preelectoral que irá completándose en próximos días con el vaivén ministerial que se avecina y las previsibles broncas que lo acompañarán.
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Pero ese hecho, como los de otros ministros, demuestran que no hace falta poner por delante a un ministro para que lo del voto partidista funcione. Los ciudadanos votamos al partido de siempre porque somos como borregos.
Cuando hay elecciones tienen que competir por su distrito y si no les eligen pues se quedan sin renovar el puesto. La política aquí es muy exigente y si hay un escándalo o algo de eso los políticos afectados dimiten y se van a su casa.
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Enrique Arias Vega
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