El protocolo como arma de hacer política
02.12.07 @ 22:42:38. Archivado en Artículos
En política nada es gratuito, ni siquiera el acto de rascarse la nariz. Seguro que existe una intencionalidad oculta en una acción aparentemente tan inocua. De ahí los rifirrafes protocolarios, con la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega como protagonista, acaecidos la pasada semana.
Todo empezó con la inauguración de la cumbre climática de la ONU, con participación de Rajendra Pachauri, cuya organización comparte este año el premio Nobel con Al Gore. Mientras Protocolo de la Generalitat Valenciana recordaba sotto voce que el presidente Camps es la máxima representación del Estado en la Comunidad, el entorno de la vicepresidenta armó la marimorena porque, a su juicio, Canal Nou no le daba la cobertura mediática adecuada, es decir, que la ninguneaba.
Y es que estamos ya en plena campaña electoral, en la que tanto los analistas del PSOE como los del PP han advertido que “habrá que disputar escaño a escaño, a cara de perro”.
En eso estamos. Así que la vicepresidenta —mejor valorada que Rodríguez Zapatero en todas las encuestas, pero por debajo de los líderes valencianos del PP— aprovechó el previsto viaje de Francisco Camps a la conferencia política de su partido para entrevistarse en Valencia con el recién llegado secretario de la ONU, Ban-ki Moon. Semejante foto no podía perdérsela el presidente valenciano, con lo que Camps hubo de quedarse en su ciudad en vez de estar en Madrid con Mariano Rajoy.
Si una foto como ésa es mucha foto, no les digo lo que suponen unos minutos en directo por la tele. Así que, ese mismo fin de semana, un canal televisivo afecto al Gobierno interrumpió abruptamente su emisión informativa no ya para anunciar un terremoto en Chiclana ni la conversión al budismo de Victoria Beckham, por ejemplo, sino para recoger en vivo la intervención de ZP ante el comité federal de su partido.
En un ambiente tan caldeado como ése tuvo lugar, finalmente, la ordenación cardenalicia de monseñor García Gasco. Una vez más asistió a ella la inevitable vicepresidenta —que memorizó para la ocasión una sencilla frase en latín—, mientras se pretería a Camps filas detrás del presidente catalán, José Montilla, y se hacía lo propio con la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. En esa esgrima de gestos protocolarios, le tocó el turno luego al jefe del Consell de no querer asistir a la cena oficial, para cabreo del embajador español, Paco Vázquez, de quien Rita Barberá recordó que “no es un miembro de la carrera diplomática, sino un insigne miembro del PSOE”.
Estas broncas son sólo un aperitivo de lo que nos espera. Semejantes zancadillas me recuerdan la transición política, cuando, en las dudas de un protocolo que se iba fraguando sobre la marcha, los relaciones públicas cambiaban a escondidas los tarjetones de sus respectivos señoritos para que éstos pudiesen ocupar un lugar privilegiado en los actos públicos. Un día dinamitó todo eso el ex presidente catalán Josep Tarradellas, al aparecer de improviso en una cena y sentarse a la mesa presidencial, donde ya no le correspondía.
La suya era la habilidad de usar signos apenas perceptibles. La misma que aplica hoy día Zapatero para aludir al “ex presidente” José María Aznar y, poco después, dirigirse a Bill Clinton como “presidente”. Cuando a un político le conviene, no hay protocolo que valga. No lo hizo Rodríguez Zapatero al permanecer sentado el Día de las Fuerzas Armadas ante la bandera estadounidense siendo líder de la oposición, ni lo respetó este año la vicepresidenta al dedicar largo rato a increpar a la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, en vez de atender al desfile. Pero, ¿no representan ambas a instituciones teóricamente independientes? Pues parece ser que no.
Para infracción grave del protocolo, la del bocón venezolano Hugo Chávez. Tras criticar a posteriori la enérgica intervención de Juan Carlos I en la Cumbre Iberoamericana, se ha saltado él todas las normas habidas y por haber al contactar con el general colombiano Mario Montoya a espaldas de su propio presidente, Álvaro Uribe.
Ya ven cómo las gastan por ahí. Aquí todo es menos grave. Aquí, lo que estamos viendo es la multiplicación mediática en la Comunidad Valenciana de María Teresa Fernández de la Vega. Al igual que aquel personaje de la película Zeling, de Woody Allen, que tenía la facultad de mimetizarse para salir así en todas las fotografías, la vicepresidenta pronto aparecerá lo mismo vestida de fallera que hablando valenciano ante la Acadèmia de la Llengua.
Si no, al tiempo.
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Lo que demuestra es que los partidos no pierden ninguna posibilidad de hacerse la puñeta unos a otros, aunque sea en el extranjero y representando a España ante la Iglesia de Roma.
Debe tenerlo muy mal el PSOE en Valencia si tiene que aplicar trucos tan baratos y de tan mal gusto.
Las formas, a veces, tienen tanta importancia, o más que el fondo. Por ello es tan importante el protocolo, en la acividad diplomática.
Pero, hablando de diplomacia, ¿acaso algún miembro de la ejecutiva de Ferraz, o del Gobierno, tiene algún respeto por las formas?. El fin justifica los medios, y ls medios son "como sea".
Que los electores juzguen
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Enrique Arias Vega
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