A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Soprano, House y otros modelos sociales

20.09.07 | 19:10. Archivado en Artículos
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Hace un tiempo ya escribí que “ser malo mola”. Lo hice a cuento de la supermodelo Kate Moss, pillada por un fotógrafo consumiendo cocaína. En vez de la sanción social que le habría sobrevenido en otra época, la mayor notoriedad subsiguiente al escándalo hizo aumentar su caché. La empresa Virgin Mobile la fichó por 2,6 millones de euros y otras firmas como Bulgari, Dior, Longchamps, Calvin Klein… se disputaron su imagen.

Ya ven qué tiempos.

Lo mismo puede decirse de la archimillonaria Paris Hilton, rica por su casa, a quien le resultan cada vez más rentables sus devaneos, desvergüenzas y otros desmanes antisociales.

Claro que tampoco hace falta pertenecer al Gotha de los ricos y famosos para lucrase con hechos inmorales. La relación de beneficiarios de ellos sería interminable: desde tipos que plagian e inventan reportajes —como Jason Blair, el laureado articulista de The New York Times, que encima cobra por un libro en el que explica su felonía—, hasta simples robaperas, como Dionisio Rodríguez, El Dioni. A este último hasta llegó a componerle un romance el cantautor Joaquín Sabina, como si se tratara de un Robin Hood o un Dick Turpin que robase a los ricos para dárselo a los pobres, en vez de gastárselo en fulanas en Brasil, cosa que realmente hacía.

Les pongo en estos antecedentes porque acaban de aparecer sendos libros en Estados Unidos que refrendan la nueva moda social de tener como referentes de conducta a seres inmorales.

Uno es El liderazgo según Tony Soprano, el gángster televisivo que encarna el actor James Gandolfini. La obra, escrita por un experto en dirección de empresas, pondera del delincuente de ficción su modernidad, su capacidad organizativa y su carácter de ganador. Ni más ni menos. Y compendia: “Es el maestro de un nuevo estilo gerencial no ortodoxo”.

No se crean que acaban ahí los elogios. Uno no espera, claro, que a fecha de hoy alguien ponga como ejemplo de eficacia organizadora a San Pedro, primer príncipe de la Iglesia. Ni siquiera a San Ignacio de Loyola, que nos resulta más próximo en el tiempo y en el espacio. Ya sé que esas cosas no se estilan. ¡Pero preferir un gángster a un santo! Y es que, según el autor del libro, Soprano “no cree en la democracia ni en el consenso, sino en la autoridad”, lo que para él debe ser el súmmum. Además, “exalta la estructura jerárquica y los valores”, “no cree en las reglas, sino en los resultados” y “sabe escuchar, decide con frialdad y es capaz de innovar”. Conclusión: ninguna de sus empresas está en números rojos, que es lo que importa en esta sociedad mercantilista.

¿Y qué decir de House, el personaje que ha catapultado a la fama al actor Hugh Laurie? Otro libro, titulado La filosofía del Dr. House, se deshace en elogios de ese tipo ruin y malencarado, egoísta y vanidoso, para quien importan sólo los resultados, los suyos, los de su certero diagnóstico clínico, mientras el mundo puede hundirse tranquilamente a su alrededor. “Dígame que prefiere —concluyen los elogiosos autores del texto—: un doctor que le coja la mano mientras usted se muere u otro que le ignora mientras trata de salvarle la vida”.

Ése es el dilema ético a que se reduce el libro: eficacia frente a bondad, cinismo frente a compasión, carácter asertivo a tope frente a indulgente complicidad. La trampa radica en que ése no es el dilema moral real. La triste realidad, lo que hace morbosamente atractivo al personaje, es que antepone jugar con la Play Station a pasar consulta y que prefiere irse de putas a arriesgarse a un amor compartido y verdadero. Ese perfil acanallado y silvestre de nuestro hombre es lo que mola, siguiendo con la denominación al uso. Nos encanta su falta de prejuicios, su incontinencia verbal, su capacidad de insultar con pocas y contundentes palabras.

Pues eso es lo que hay. Ya sabemos por qué triunfan esas series televisivas: porque nos gustaría ser como Tony Soprano o Greg House. A su lado, héroes románticos recientes, desde el Ché Guevara a Richard Gere, son ya unas antiguallas. Ahora cuanto más inmoral, tramposo y egoísta sea uno, estará más al día, es decir, será más cool, que es lo que ahora se lleva.

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3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por amfari 22.09.07 | 22:02

    señor Arias,
    A todos no nos gustaría ser como el House.
    Hay mucha gente en el mundo jugandose la vida por los demás, dándo amor, compasión, comprensión, compañía.
    La mayoría de la gente añora la bondad.
    La mayoría de la gente querría que la televisión fuera un medio para formar humanos bondadosos, cultos, generosos, etc.
    Pero cuando lo que manda es el dinero, se corrompe todo.
    La televisión, la publicidad, y otros medios se han convertido en una máquina de embrutecer a la gente para que no reflexione, para que no piense, ni sienta.¡Y se están forrando!.
    Es tristísimo

  • Comentario por Aldo 20.09.07 | 19:41

    No sé si hace falta o no recibir educación para la ciudadanía. Lo que nos es del todo imprescindible es recibir educación a secas. Y aprender viejos conceptos morales de amor al prójimo, solidaridad, compasión, justicia... hoy tan en desuso, como recuerda el articulista.

  • Comentario por justicia para todos 20.09.07 | 19:38

    ¡...y O.J. Simpson lucrándose con un libro en que explica cómo habría matado a
    su mujer de haberlo hecho! (que lo hizo)

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