El himno "estatal"
22.06.07 @ 09:14:54. Archivado en Artículos
Naciones propiamente dichas, al parecer, sólo son las reconocidas en los estatutos de autonomía. Algunas, como la gallega, se remontan a los suevos, para que no haya dudas sobre su pedigrí.
Lo otro, lo que antes se llamaba España, ahora es simplemente el Estado, que ha pasado de ser un concepto jurídico-administrativo a convertirse en un lugar físico. Así que hoy día llueve o luce el sol en el Estado y hasta existen una flora y una fauna estatales, para subversión de la lógica cartesiana.
Lo que no hay es letra del himno estatal. Cada autonomía tiene la suya, aunque algunas sean tan entrañablemente pintorescas como la de Asturias, patria querida o hayan sido creadas por encargo, como la del abstruso poeta Agustín García Calvo para Madrid. Entonces, claro, nos encontramos con que los jugadores españoles se quedan mudos al enfrentarse en fútbol sala a los catalanes en una remota localidad de Siberia.
De ahí surge ese debate tan intrascendente como casi todos: ¿cuál debe ser la letra del himno español? Digo que es un debate intrascendente, si no absurdo, porque en cuanto alguien toca o tararea el citado himno es acusado de apropiarse un símbolo colectivo; como si éstos hubiesen de guardarse bajo siete llaves hasta olvidarnos de su existencia.
Ya ven que la controversia nace viciada. Y eso que a nadie se le ocurriría una letra vindicativa, llamando a rebanar el gaznate del adversario, como de una forma u otra hacen todos, desde La Marsellesa a Els Segadors, dado el carácter revolucionario de unas letras que enlazarían con la del Eusko Gudariak, aunque como es sabido la del himno oficial vasco es el teocrático Gora ta gora.
No. En el Estado se va más bien por lo abstracto, para no herir sensibilidades, que se dice. Pero antes de que todo el mundo se lance a componer su propia letra, como Joaquín Sabina, y aumente así el considerable guirigay, propongo que elijamos entre las que ya hay, porque abundar, abundan. Desde el republicano Himno de Riego al folklórico ¡Que viva España!, de Manolo Escobar, pasando por las versiones de Eduardo Marquina o de José María Pemán de La Marcha Real, tenemos donde escoger.
Yo, modestamente, me decanto por la poética letra de Mi querida España, donde no hay ni una alusión que excluya a nadie. Además, como su compositora, Cecilia, murió con 27 años, no tuvo tiempo, la pobre, de ganarse enemigos que le pongan la proa 31 años después de su desaparición, que es lo que pasa siempre entre nosotros.
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Enrique Arias Vega
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