La Memoria Histórica de Hugo Chávez
24.05.07 @ 00:29:20. Archivado en Artículos
Quinientos años de Historia quiere retrotraer Hugo Chávez, hasta un presunto pasado idílico antes del Descubrimiento, en que no había letra impresa, monoteísmo, normas jurídicas ni la incipiente tecnología de la época.
Para él, y para su homólogo boliviano Evo Morales y otros activistas de un creciente indigenismo revanchista, habría que borrar la cultura occidental y exigir a Benedicto XVI disculpas por una “evangelización por la fuerza”, hecho “más grave que el Holocausto de la Segunda Guerra mundial”.
De un plumazo, los falsificadores de la Historia ignoran que las Leyes de Indias protegieron a los nativos como jamás lo habían estado antes, que fray Bartolomé de las Casas se jugó el tipo por ellos y que los jesuitas crearon en Paraguay unas Reducciones en las que los indios eran dueños de su destino.
Y es que la retórica resulta más eficaz que la simple prosa. Lo ejemplifican aquellos versos de Pablo Neruda sobre la muerte del Inca por menosprecio a la Cruz: “El capellán/ Valverde, corazón traidor, chacal/ podrido, adelanta un extraño objeto…/ Atahualpa lo toma. No conoce/ de qué se trata: no brilla, no suena,/ y lo deja caer sonriendo./ “Muerte,/ venganza, matad, que os absuelvo”/ grita el chacal de la cruz asesina”.
La realidad es que en la América precolombina se practicaban masivamente sacrificios humanos. Lo relata en el Siglo XVI Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España: en una enorme plaza cuatro templos contenían “jícaras para colocar los corazones de los sacrificados”, siete grandes pilas “exhibían sus calaveras” y en dos sótanos “se guardaban las pieles de los desollados”.
No es el único relator. Estando de turismo en las ruinas de un templo mexicano, el guía indígena hizo un furibundo ataque a la Conquista. “¿No les habrá molestado?”, nos preguntó, al final. “No —le dije—. Fue una pena que los españoles prohibiesen los bellos sacrificios en que los aztecas le arrancaban en vida el corazón al mejor joven del pueblo para ofrendarlo al dios Quetzalcóatl. ¡Qué cabrones esos españoles!”
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Antes oro y plata, hoy crudo y geopolítica.
A misa y a golpearse el pecho y que su Dios les perdone..pero que no olvide sus crímenes, hipócritas!. Sigan leyendo verdades en
http://recomendado.blog.terra.cl
Folger.
Ahora, se le pide a Benedicto XVI que la cambie, pero él no es Stalin y no puede ni quiere hacerlo. Lo más que se ha permitido es añadir a lo dicho antes: "El recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización".
Por supuesto. ¿Qué obra humana no tiene luces y sombras? Pero las sombras de la Colonización, al lado de la brillantez de sus luces, apenas si tienen importancia visto en perspectiva histórica.
Aunque le duela a Hugo Chávez y a un montón de imbéciles es así.
Desde el principio, la labor de la Iglesia en Iberoamérica fue la de llevar la palabra de Dios, pero también la de ayudar a la población autóctona. Los ejemplos de Fray Bartolomé de las Casas y de los jesuitas de Paraguay, que recuerda el señor Enrique Arias, son sólo dos entre otros muchos.
La Iglesia, como siempre, confortó a los afligidos y les devolvió su dignidad de hijos de Dios frente a las práticas bárbaras y los rituales degradantes que padecían.
La religión católica supuso para la población indígena de América una auténtica liberación, libremente consentida y aceptada.
La Iglesia, además, como reconoce el señor Pablo un poco más abajo, protegió a los indios, tanto, que sin ella no quedaría tanta población autóctona, no se hubiesen mezclado las ra...
Un solo dato revela lo absurdo de esa afirmación. En muchos países de América Latina más de la mitad de la población es indígena. En Bolivia y Guatemala, hasta el 80 por ciento es india o mestiza. ¿Cuántos aborígenes queda, en cambio, en Australia? ¿cuántos indios en Estados Unidos? Recordemos aquella frase de un general yanki del siglo XVII: "El mejor indio es el indio muerto". ¡Y encima nosotros nos llevamos la mala fama!
Pero, como dice el refrán, Dios da pan a quien no tiene dientes y dientes a quien no tiene pan.
Chavez es zambo, mezcla del indio y el negro.
Levanta la bandera de Bolivar, pero veamos que pensaba el libertador de esta raza a la que pertenece este verdadero payaso......digno de Macondo
Ya verá cómo al final de todo pedirá una cuantiosa indemnización económica. Todo eso no es más que para justificar el odio, la revancha, la nacionalización y la petición de dinero.
En el fondo, todos los dictadores son iguales.
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Enrique Arias Vega
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