Un mundo pequeñito
11.05.07 @ 11:01:27. Archivado en Artículos
Mientras los españoles estaban pendientes el domingo de la victoria en Francia de Nicolas Sarkozy sobre Ségolène Royal, el presidente rumano, Traian Basescu, llenaba la plaza de toros de Castellón, como la víspera lo hizo en Madrid, con compatriotas a los que pedía su voto.
Ya ven qué encogido se nos ha quedado el mundo. Hasta en el deporte nos parecen provincianas nuestras competiciones. Nos interesa tanto la final de la Champions entre Milan y Liverpool, como la de la UEFA entre Sevilla y Español, aunque en aquélla no jueguen ni Raúl Tamudo ni Iván de la Peña. También en básquet lo más comentado durante el pasado fin de semana fue la derrota de Toronto Raptors, debida a una pérdida de balón en los últimos segundos de Jose Calderón ante Richard Jefferson.
Nombres y escenarios que nos eran remotos hace cuatro días nos resultan hoy tan familiares como antes Jordi Pujol o Charlie Reixach, por poner por caso. Y es que se podrá criticar hasta la náusea la globalización dichosa, pero la hemos incorporado a nuestras costumbres, nuestro vestuario, nuestros mitos y hasta al horrible pichinglis que hablamos cada día.
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Si acaso, añadiría una observación de tipo personal. Periódicamente se producen movimientos nacionalistas o historicistas, como en la época del Romanticismo y de la Renaixença catalana. Pero luego surge otro movimiento de signo opesto, centralizador o igualitario. Es de esperar, por consiguiente, que dentro de un tiempo --varias décadas, quizá-- frente a la tendencia centrífuga y descentralizadora de ahora se produzca un movimiento más ecuménico o universalista.
Es sólo una hipótesis, claro. O, quizás, un simple deseo.
Es verdad que estamos en un mundo globalizado, o socializado, si prefiere decirse así, donde todos consumimos los mismos productos y seguimos las mismas modas. Pues precisamente por eso, para tratar de diferenciarnos de los demás que cada vez se parecen más a nosotros buscamos la raíz de nuestra diferencia, que está en los orígenes, en la etnia, en un idioma distinto.
Así, en mi opinión es como debenimos en regionalistas, nacionalistas, independentistas o como queramos llamarlo. Eso pasa en Armenia, en Kosovo, en Escocia y en el País Vasco. Probablemente dentro de pocos años sucederá en China, como antes en la ex Unión Soviética. En cuanto 1.200 millones de chinos empiecen a consumir las mismas cosas empezará a haber tensiones regionalistas entre ellos. Si todavía no sucede es porque aún no consumen mucho, los pobres. Pero ya veremos cuando empiecen. A ver qué pas...
Para divertirme, cuando veo que alguien presume de saber inglés le digo: "que bien que también tú sepas inglés" y me pongo a hablarle directamente en ese idioma. Tendría que ver la cara de susto que ponen y como acaban disculpándose los pobres, todo colorados. Ja, ja, ja.
En cualquier caso, el tema que plantea es uno de los más vivos en el mundo de hoy: la abolición de las fronteras culturales entre los países. Lo que me gustaría es conocer el punto de vista de Enrique Arias Vega sobre una aparente contradicción: que mientras el mundo cada vez es más global van apareciendo a la vez nuevos nacionalismos. El último caso que tenemos es el de Escocia.
¿Por qué sucede esto? Yo la verdad es que no lo sé.
Lo más curioso es que precisamente emplean más palabras inglesas los que no tienen ni puñetera idea de ese idioma. Por esnobismo o por lo que sea, se habla una jerga infecta que no es castellano ni, mucho menos, inglés.
Donde la encuentro, más bien, es en cómo vestimos y todo eso. Es verdad que ya no hay diferencia entre los chicos de Bronx de Nueva York y los de Móstoles, por ejemplo. ¡Si hasta hemos inventado el rap español! ¡Menuda originalidad!
Para mí fue un buen ejemplo de cómo funciona este mundo glbal que sí que es verdad que se nos ha hecho más pequeñito.
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Enrique Arias Vega
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