¿Acaso queda intimidad?
10.05.07 @ 11:17:08. Archivado en Artículos
En esta sociedad del espectáculo, donde la fama y la notoriedad es lo que importa, ¿qué es eso de la intimidad? Mientras leemos este artículo, cualquier niñato puede estar grabándonos con su teléfono móvil sin darnos cuenta. Así que más vale tomárselo con calma.
Antes sólo los personajes televisivos exponían impúdicamente sus trapos sucios. Hoy día, en cambio, cualquiera va a que le hagan una cara nueva en Cambio radical o cuenta en Salsa rosa cómo se lo monta con su hermano.
O sea, que nos importa un pito que la gente se entere de nuestra vida privada. Antes era otra cosa. Antes estaba mal visto casi todo: uno no podía ser agnóstico, ni gay, ni progre, ni nudista,… Casi, ni vegetariano, porque todo lo que se apartaba de lo denominado normal era objeto de sospecha. Ahora, en cambio, uno presume de haberse cambiado de sexo, pleitea con la administración si sufre discriminación sexual, laboral o de lo que sea y se hace socio de la ONG más pintoresca que se cruce en su camino.
Los únicos que mantienen la privacidad de sus cuentas son los bancos. Y no porque sean más puritanos o más respetuosos, sino posiblemente porque allí guardan su dinero mafiosos, narcotraficantes y especuladores inmobiliarios. Si no, ya me dirán.
Es que el nuestro es un mundo esquizofrénico. Por una parte, aún se mantiene en las leyes la inviolabilidad de la correspondencia, cuando ya casi nadie escribe cartas. En cambio, entre spans, hackers y demás jerga informática, cualquier espabilado entra en nuestro correo electrónico.
Luego, claro, están las cámaras de vigilancia públicas. Antes sólo las tenían algunos cajeros automáticos. Ahora que la delincuencia empieza a ser una actividad con más adeptos que el footing, ya hay videocámaras por todas partes. Pues bien: la ley ordena que en las zonas vigiladas por ellas figure un distintivo informativo que lo anuncie “en lugar suficientemente visible”. ¡Toma ya!, ¡para dar facilidades a los delincuentes!
Mientras aún nos la cogemos con papel de fumar en eso y en que los teleoperadores no conserven las llamadas de los móviles, nos dedicamos a desvelar la intimidad del prójimo en páginas web, muchas de ellas ilocalizables. Otra contradicción más que evidencia nuestro extraño concepto de la intimidad.
Las leyes tienen que ponerse al día para que sólo sea punible el uso delictivo de lo filmado con cámara oculta. Los tiempos cambian, pero la injuria y la calumnia siguen siendo delitos aunque muchos que los practican encima se hagan famosos por ello y salgan luego en la televisión presumiendo de su fechoría.
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Hoy día, en el universo global e informático,ya no tienen sentido muchos conceptos individualistas y reduccionistas.
Lo que hay que hacer es proteger al individuo de los excesos del poder y de las agresiones de los demás. Pero conocer quién es tu vecino de escalera y hasta cuál es su declaración de renta no supone ninguna restricción a su libertad individual.
En la sociedad actual, la gente tiene derecho a saber. Y cada uno de los individuos que la componen, a su vez, tienen derecho a ser distintos y a tener sus propias ideas y creencias, al margen de las conviiciones de carácter general.
Mantener ese difícil equilibrio supone la verdadera defensa de la libertad.
Me alegra que coincidamos tanta gente. A lo mejor quiere decir que el sentido común no resulta tan raro y que al final, un día u otro, acabará por imponerse.
En la vida hay que ser más ecuánimes, ya que nada es blanco o negro, sino que todo está lleno de tonos intermedios. Es lo que yo he observado en el artículo de Enrique Arias Vega, que no es extremista. Pondera las cosas de un lado y de otro y lo que procura es hacernos reflexionar.
Yo al memos así lo he hecho.
Gracias a las cámaras de vigilancia puestas en muchos sitios sehan evitado crímenes y se ha solucionado otros. ¿Qué pensaría Alacrán el día en que le roben o le peguen una paliza en plena calle? Seguro que querría que hubiese una cámara de esas para pillar al malnacido que se lo hizo.
¿Qué van a hacer con ese material? ¿Dónde está almacenado? ¿Quién puede disponer de él?
A quien no le preocupe todo eso es que debe ser un insensato.
Por otra parte, conocemos absurdas sentencias judiciales respecto a trabajadores que se pasan todo el día en la empresa utilizando internet para ver páginas porno y son declarados inocentes. Incluso, caso de haber sido sancionados por sus jefes, se les repone en su situación anterior, cargándole las costas procesales a su compañía.
No me digan que no hay que revisar todo esto. Tenemos normas para un mundo que ya no existe y nos faltan otras para regular lo que sucede en la actualidad. Jurídicamente, vivimos en el pasado.
Lo ideal es que cada uno haga libremente lo que quiera, mientras no moleste a los demás.
Dicho esto, el que luego la hace, que la pague.
Y la vídeovigilancia y otras formas de control están para ello, para prevenirlo y si no para castigarlo.
Lo que sucede es que creíamos que íbamos a vivir bajo el omnipresente ojo vigilante del Gran hermano, que decía Orwell. En vez de eso, vivinos bajo el cachondeo permanente de los que se pasan la ley por el forro.
Y no quiero volver a hablar de Malasaña, que eso ya fue objeto de comentario de otro artículo.
Una cosa es preservar los derechos individuales y otra muy distinta usarlos para vulnerar la ley, la cual trata precisamente de proteger esos derechos individuales, pero los de todos, no sólo los de los delincuentes.
Me temo que esta opción, al igual que la que esoge la seguridad colectiva sobre la lbertad individual, socava las bases de la convivencia democrática. Una lástima.
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Enrique Arias Vega
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