Malasaña, como su mismo nombre indica
05.05.07 @ 17:30:54. Archivado en Artículos
Hay que hilar muy fino con quienes tienen la potestad de la violencia. De hecho, el juicio en Roquetas a guardias civiles por la muerte de Juan Martínez Galdeano prueba que no se les pasa una. Por si no bastase, ahí está el vídeo que incrimina a unos mossos d’esquadra por maltratar a un detenido en Barcelona.
Bien. En cambio, partir la crisma a un policía le sale de rositas a su autor.
Resulta extraña, por consiguiente, la vara con la que se mide la justicia en este país. Mientras cualquier vándalo callejero abandona sin cargos la comisaría al rato de entrar en ella, el ex alcalde de Pego, Carlos Pascual, ingresa en prisión para cumplir seis años por delito ecológico. Calculen cuántos cómplices de terrorismo han recibido una condena de ese tipo y seguro que no les cuadran las cuentas.
Por eso, resulta lógico que los peor librados de la guerra de Malasaña sean los policías; en segundo lugar, los vecinos y, finalmente, casi sin consecuencias para ellos, skin heads, militantes antisistema, okupas y gamberros ocasionales que se ensañan con los funcionarios del orden y con el mobiliario urbano.
No nos sorprendamos, pues, de la paulatina degradación del centro antiguo de muchas ciudades. ¿Qué propietario invierte en restaurar inmuebles que serán ocupados por la brava? ¿Qué seguridad pública se ofrece cuando la propia policía no la tiene? ¿Qué servicios de limpieza, de asistencia social, de saneamiento,… se prestan cuando se impide sistemáticamente que realicen su labor?
La “forma de vida alternativa”, como define piadosamente la ministra María Antonia Trujillo a la de okupas, ácratas, pastilleros y otros angelitos a veces hasta pacíficos, no es exclusiva de Madrid. En Bilbao o San Sebastián adquiere la expresión autóctona de kale borroka; en Barcelona, la internacionalista de anti globalización, y en Valencia, ni se sabe: pero sus consecuencias son desalojos violentos en el barrio de Cabanyal o la agresión al alcalde de Albaida, Juan José Beneyto.
Esa violencia es de cualquier tipo menos espontánea. La nueva tecnología amplía su posibilidad de comunicación y multiplica sus efectos. Cuando el macro botellón de hace año y medio en quince ciudades españolas, un SMS anunciaba: “Podemos juntar más borrachos que ellos”, refiriéndose al acto previo de Sevilla. Otro, anticipaba: “Vamos a pasárnoslo de puta madre”.
No sé si es demasiado tarde, pero hay que evitar que la cosa vaya a más. Esa fue la famosa tesis de “tolerancia cero” con la que el hoy candidato a la Casa Blanca Rudy Guiliani consiguió que descendiese la delincuencia en Nueva York: “La punición del delito menor evita el crimen mayor”.
Eso era en Nueva York, claro. Aquí, en cambio, las leyes están hechas para no cumplirse. Si no lo hacen los políticos enfangados con corrupciones inmobiliarias, créditos impagados y otras bagatelas, ¿por qué van a cumplirlas los vándalos de Malasaña? ¡Anda ya!
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El dato es apabullante y apoya los argumentos de Enrique Arias Vega en su artículo. Pienso que debería hacernos reflexionar a todos.
Es que ahora está de moda decir que los policías son terroristas y cosas parecidas, así que se agradece leer algo así.
Saludos.
Aquí, en Inglaterra, también hemos tenido distrubios. Importantes. Disturbios en el fútbol y disturbios raciales. Sé que no es lo mismo que el botellón, pero es otra forma de violencia o, mejor dicho, otro origen de la violencia. Pues yo quería decir que la policía ha actuado con firmeza cuando se han producido esos casos y por suerte cada vez son menos frecuentes. Si el que la hace la paga, la gente se lo pensará bien antes de hacer fechorías.
Ahora lo que nos preocupa es otra cosa. El terrorismo islámico. Pero ese es otro tema para hablar de él otro día.
Si las leyes no nos gustan o nos parecen injustas, pues a cambiarlas, pues para algo estamos en una democracia. Pero, por eso mismo, mientras las leyes estén vigentes hay que cumplirlas. Y eso vale para lo ocurrido en Malasaña y para cualquier sitio.
A mí, desde Inglaterra, me interesa mucho leer las opiniones de los periodistas españoles, para saber lo que pasa en mi país de origen, al que vuelvo con muchísima frecuencia. Leyendo a unos y a otros me hago una idea bastante aproximada de lo que sucede. También empiezo a ver qué comentaristas son buenos y cuáles no. Por eso selecciono a aquellos que me van gustando. Es el caso de este Enrique Arias Vega, que no conocía, pero que me parece muy sensato, incluso bastante "british".
Bueno. Ahora tengo que salir, pero más tarde daré mi opinión sobre ese asunto del barrio de Malasaña y los incidentes que se produjeros. Hasta luego.
En el fondo son unos tipos enternecedores en su narcisista ingenuidad.
Ellos y ellas (sobre todo "ellos") son capaces de escribir sucesivamente sobre los temas más diversos: las obras de la M-30, Ségolène Royal, medio ambiente, el Islam, urbanismo, la situación de Ucrania, el futuro de China, el fracaso escolar y lo que les echen.
¿De verdad que se creen tan sabios?
Así pasa luego que no hay rigor en sus comentarios. ¡Y no hablemos de los tertulianos de la tele y de la radio!
Hay que pedirles a todos más preparación y menos pedantería.
Que conste que no me refiero en particular al autor de este artículo. Suelo oírle por la radio y es de los que más me gustan porque no habla por hablar.
De lo que se trata es de la impunidad frente al delito y que, de no corregirse pronto las conductas antisociales, la propensión al delito crecerá. Al menos, es como yo lo he entendido.
Lo de Malasaña es la disculpa que utiliza el autor del artículo para justificar esa tesis, que comparto. Los errores y las faltas de unos (los políticos, por ejemplo), no deben servir para justificar y menos para perdonar a delincuentes, vándalos, gamberros o mafiosos. Digo
Y no hablo del caso De Juana Chaos por lo flagrante que es. En cualquiera de los países que conozco no hubiera salido nunca de la cárcel.
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