España tiene, por desgracia, la dudosa reputación deportiva que acompañó durante décadas a la desparecida Alemania del Este. Claro que en aquella época las técnicas antidopaje no eran tan sofisticadas ni se aplicaban tan a rajatabla como ahora. Por eso, nadie pudo discutir los espectaculares records de Marita Koch y otras campeonas de atletismo.
No entiendo las críticas a la propuesta de Ruiz-Gallardón de que los notarios puedan casar y descasar al personal, sin necesidad de que pase por el juzgado.
Menos lo comprendo, aun, si el argumento es que de esa forma los enlaces resultarán más caros, como si ahora fueran gratis las bodas y, sobre todo, algunos divorcios, que dejan a uno u otro de los cónyuges literalmente en cueros.
Un concejal de Izquierda Unida me dice impertérrito que, por supuesto, él necesita un asesor de pago para poder realizar su gestión municipal. ¿Cómo hacerla, si no?
¿Y los funcionarios, para que están? “Para resolver otras cosas —arguye—, pero no para aconsejarme políticamente”.
El consejero del Banco de Santander Francisco Luzón deja la empresa tras quince años, con una liquidación de 56 millones de euros. Exagerando un poco, con esa suma podría atenderse gran parte del ERE que se le viene encima a Canal Nou.
Hasta los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, muchos norteamericanos se preguntaban qué país de Sudamérica era España.
Tras el espectacular éxito de los Juegos, el rápido crecimiento económico de aquella época y la agresiva política internacional de José María Aznar, España se afianzó como un importante país emergente con personalidad propia.
Ningún político, ni siquiera mi admirada Rita Barberá, consigue mantenerse permanentemente en la cresta de la ola, puesto que el poder desgasta. Y en plena crisis económica, mucho más.
Hace pocos meses, en cambio, la alcaldesa había alcanzado su cénit cuando se le propuso desde la calle Génova —sede nacional del PP— sustituir a Francisco Camps al frente de la Generalitat. Su negativa a consumar esa traición, según su código ético, marcaría el inicio de su declive.
La aspiración de Carmen Chacón a dirigir el PSOE vuelve a plantear una cuestión aparentemente obvia: ¿puede un catalán presidir el Gobierno español?
Espero que este año Unamuno que ha comenzado no sirva para la apropiación de su persona “por los hunos y por los otros”, como diría el propio don Miguel, ya que nuestro cainismo ancestral suele utilizar su figura como arma arrojadiza contra los adversarios políticos.
Eso sucede ahora, claro está, porque en vida “fue el único intelectual represaliado por los dos bandos” enfrentados en nuestra guerra civil, como recuerda Luciano G. Egido.
Si usted y yo tuviésemos una tienda en la que entrase Iñaki Urdangarín queriéndose llevar un producto por la cara, seguramente se lo regalaríamos. ¿Quién osaría enemistarse con alguien de la Casa Real? ¿Y quién sabe, si además, eso no nos traería consecuencias algún día?
Más que alborozarme, me inquieta el anuncio hecho por Raúl Castro de indultar a 2.900 presos por delitos menores ante la visita de Benedicto XVI. ¿Cuántos miles más, incluidos presos políticos y de conciencia, debe haber en la isla?
Cualquiera que viaje con frecuencia por España sabe que la imagen que en ella se tiene de la Comunidad Valenciiana es la peor de estas dos últimas décadas.
La Corona ha pasado en poco tiempo, de ser la institución más valorada por los españoles, a resultar una de las más cuestionadas.
Viernes, 10 de febrero
Francisco Rubiales
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Graciano Palomo
Juan Fernandez Krohn
Raúl González Zorrilla
Antonio Javier Vicente Gil
Miguel Barrachina
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez