Bobby Fischer en la revista Life (IV y última): Un feroz ganador
21.05.07 @ 23:13:36. Archivado en Personajes, Historia, Colaboraciones especiales, Varios




De vuelta a la casa, la vivaz ama de llaves nos sirvió un sabroso plato argentino consistente en asado con verduras. En un arranque de euforia Fischer se sacudió dos vasos de vino tinto, las primeras bebidas alcohólicas que nadie que yo sepa le ha visto nunca tomar.

Después de la cena, con Ruby trotando fielmente junto a él, Fischer salió a montar a caballo. Saltó sobre la silla, puso las riendas en torno a su propia nuca y dijo "¡arre!" Estaba asustado y se llevó un terrible meneo, pero el cansancio pudo con él. Se durmió poco después en una dura silla del porche con Ruby a sus pies. "La gente es muy amable aquí", murmuró con asombro cuando nos fuimos. "Puedes confiar en ellos, ¿sabes?"

En Santa Elena, Fischer estuvo más abierto que durante el resto de los días que pasé con él. De vuelta a casa en la avioneta, mientras la noche se cerraba en torno a nosotros como una gran rosa y él se sentaba arqueado jugando con furia en su ajedrez de bolsillo, yo tomaba notas de lo que me decía.

"Los americanos quieren un vencedor; aman a los vencedores. Si pierdes, no eres nada… Pero yo voy a ganar… Es bueno para el encuentro que Spassky tenga un tanteo favorable contra mí. Nos hemos enfrentado cinco veces. Él venció en tres ocasiones e hicimos dos tablas. Pero yo soy más fuerte y un match largo me favorece…"

Cuando le dije que yo había oído que Spassky abandona su vida privada por un mínimo de seis meses antes de un match por el campeonato del mundo, levanta pesas, corre y visita a un psicoanalista todos los días, Fischer sonrió misteriosamente y dijo: "No bromees". Cuando le pregunté cómo pretendía entrenarse, él se encogió de hombros y dijo: "No lo sé. Como siempre, supongo. Estudiando. Jugando algo al tenis, posiblemente. Caminando. Me gusta caminar, ya sabes"

¿Y cuando gane el campeonato? "Jugaré mucho, jugaré matches la pasta. No como los rusos. Ellos ganan el campeonato y se esconden durante tres años. Cada pocos meses, en todo caso dos veces al año, me gustaría reunir una bolsa de premios y ponerla en juego frente a un rival. Es bueno para el ajedrez, mantiene alto el interés por el juego, y es bueno para la cuenta bancaria. Quiero amontonar algo de dinero. Como lo hacen los profesionales del fútbol. Todos esos atletas ganando cientos de miles de dólares. Contratos, promociones. Si hay sitio para todos ellos, debería haberlo para mí. Quiero decir, después de todo, soy un embajador de buena voluntad de los Estados Unidos. Además, quiero dinero, así puedo decir a alguna gente dónde no me gusta ir… sí".

En mi última noche en Buenos Aires los paparazzi tienden una emboscada a Fischer. Regresando al hotel tras un paseo de tres horas, fue asaltado por un grupo de unos 15 fotógrafos y reporteros, la mayoría trabajando para un diario local de escándalos que había prometido "perseguir" a Fischer hasta que concediese una entrevista. Los reporteros le rodearon, clavando los hombros en sus costillas y siseando insultos en su cara mientras los fotógrafos retrataban su malestar. Pálido de rabia, Fischer empujó a la multitud hasta alcanzar el ascensor. Pero en su habitación empezó a sonreír abiertamente, y rió tan fuertemente que casi cae del sofá. "¡Es como el ajedrez!" explicó con gran regocijo. "Yo liquidé una de sus piezas y ellos fueron a por el rey. ¡Pero yo me escapé, me escapé! ¡Guau, estoy hambriento! Tan pronto como se vayan, vamos a escabullirnos y conseguir algo de comer!"


Revista LIFE, 12 de noviembre de 1971
Texto: Brad Darrach
Fotos: Harry Benson

Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/95530
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
David Llada
autor
Contacto







