ENIGMA, el blog de Celso Alcaina

Papa, Obispo, Patriarca

19.03.13 | 11:32. Archivado en Acerca del autor
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Papa, Obispo, Patriarca
En un anterior escueto post elaborado durante la "sede vacante", hice referencia a los títulos del papa. Me atreví a considerar algunos de ellos abusivos, escandalosos, falsos o hipócritas. Se salvaba uno de esos títulos que, sorprendentemente, no siempre se recogíó en el "Annuario Pontificio". Es el de "obispo de Roma". Podría añadir ahora el de "patriarca de Occidente" que, desde hace pocos años, también fue eliminado del Anuario Pontificio . Con una cierta fruición, constato que el nuevo papa Francisco está en mi línea. En las primeras alocuciones recogidas por los media, se presenta sólamente como "obispo de Roma". Más aún, al referirse a su predecesor Benedicto XVI, lo llama "emérito obispo de Roma".

Ninguna pretensión de novedad. Sólo intento acercar al lector menos versado algunas nociones históricas que la reciente elección papal suscita. Hoy, me limito a los títulos "obispo", "papa" y "patriarca". Son títulos milenarios, pacíficamente aceptados.

La denominación de "obispo" (del griego episkopos, el que mira desde arriba) tiene su origen en la edad apostólica. No eran necesariamente clérigos. Mucho menos, obispos en el sentido actual. Eran los líderes de cada comunidad cristiana, a veces ancianos (presbyteroi) o miembros destacados por su virtud y cualidades. Sólo a partir del Concilio de Éfeso, siglo IV, las comunidades cristianas se organizaron en diócesis con un episkopos al frente.

Al menos desde el siglo IV, hay constancia de un obispo en Roma. Pero al presidente de la comunidad cristiana romana no se le atribuyó en exclusiva el título de "papa" hasta el siglo X.

El apelativo "papa" (del griego pappas, padre) era usado en los primeros siglos del Cristianismo para sacerdotes u obispos. En los siglos IV y V, se encuentran referencias al "papa de la ciudad de Roma" (papa urbis Romae). Otros obispos eran igualmente llamados "papas". En el siglo IX el título de "papa" comenzó a reservarse para el obispo de Roma. Gregorio XI (1073 – 1085) prescribió que esa denominación fuera exclusiva del obispo de Roma.

Otro de los más antiguos títulos del obispo de Roma fue el de "patriarca de Occidente". El significado filológico de "patriarca" (del griego patriarjes, padre principal) es similar al de "papa" y rememora el papel del patriarca bíblico, cabeza de toda una tribu con su territorio y su vida social. Sirvió para identificar y encumbrar a algún "papa" u obispo al que se le atribuyó jurisdicción sobre otros papas y obispos. Ya desde Nicea (a. 325) y, sobre todo, desde el Concilio de Constantinopla (a. 381), ese título fue reservado a cuatro obispos. Eran aquellos que regían comunidades importantes presuntamente de origen apostólico. A saber:
Patriarca de Occidente, obispo de Roma, con origen en Pedro y Pablo;
Patriarca de Alejandría, comunidad fundada por Marcos;
Patriarca de Antioquía, con origen en Pedro y Pablo;
Patriarca de Constantinopla, con origen en Andrés.

El Concilio de Constantinopla establece el rango de los cuatro patriarcados. Roma, capital del Imperio, tendría primacía de honor sobre los otros. Le sucedería el de Constantinopla, la Nueva Roma. Supeditados a Constantinopla quedarían los otros dos.

Años después, el Concilio de Calcedonia (a. 451) crea el Patriarcado de Jerusalén. Esa comunidad había sido fundada por Santiago el Menor.

Los cinco patriarcados enumerados constituyen la llamada "Pentarquía". Son el eje institucional jerárquico y geográfico de la Cristiandad durante el primer milenio. Al Patriarcado de Roma correspondería tan sólo el Occidente europeo, desde el Adriático hasta Finisterre.

Con el paso de los siglos, el Patriarcado de Constantinopla fue acrecentando su influencia. Su titular se denominará "patriarca ecuménico". A causa de la dominación musulmana los otros patriarcados orientales se diluyen. El cisma de Oriente (a. 1054) deja aislado el patriarcado de Roma, pero no fuera de la organización eclesiástica primitiva. Unido al de Constantinopla se creó el Patriarcado de Kiev-Moscú. Se sumaron luego varios patriarcados, los llamados de iglesias autóctonas y otros patriarcados en Oriente.

Por su parte, la Iglesia latina erigió también nuevos patriarcados en Occidente y, lo que es más sorprendente, también en Oriente. Algunos, con especial efectiva jurisdicción, otros son simplemente honoríficos. Los descubrimientos de nuevas tierras allende el Atlántico y la implantación del Cristianismo romano en el Nuevo Mundo han supuesto un descomunal aumento del poder y del ámbito jurisdiccional del patriarca de Occidente. Coincidió, además, con el esplendor político-económico del Estado Pontificio romano.

En 2006, Roma decide prescindir del título de "patriarca de Occidente". Conserva otros títulos con contenido de hegemonía mundial, incluyendo, por tanto, también los países de Oriente. El Anuario Pontificio de 2007 ya no menciona dicho título.

Poco después, en julio de 2007, el Patriarcado de Constantinopla emitió una nota de protesta.

"Se comunica que el Sacrosanto Sínodo del Patriarcado Ecuménico debatió la importancia y las consecuencias para las relaciones de la Iglesia Ortodoxa con la Iglesia Católica Romana, de la reciente decisión de Su Santidad el Papa de Roma Benedicto XVI de eliminar de sus títulos que se mencionan en el Anuario Pontificio del año 2006, de aquel de “Patriarca del Occidente”, y mantener los títulos de “Vicario de Cristo”, “Pontífice Máximo de la Iglesia Mundial” etc"

El comunicado de Constantinopla analiza, en varios apartados, la inoportunidad y las funestas consecuencias del proceder del papa de Roma. Incide, sobre todo, en la previsible incrementada dificultad de un deseado acercamiento de las iglesias cristianas. Le recuerda a Benedicto XVI cuanto, en calidad de profesor Ratzinger, en 1982, escribió:
"Roma no puede exigir al Oriente, en lo concerniente a la primacía, más de lo que fue formulado y aplicado en el transcurso del primer milenio".

La jugada efectuada por el papa Ratzinger en 2006 es un "déjà vu" de su irregular desconcertante trayectoria ideológica. Sigue a otras jugadas involucionistas que tienen el punto de partida en su designación como arzobispo-cardenal de Munich (a. 1977) y más tarde (a. 1981) como cancerbero doctrinal en el ex-Santo Oficio. Dejando de lado sus planteamientos doctrinales conciliares, entonces coincidentes con los de sus colegas y con el mismo Vaticano II, Ratzinger se lanzó a la caza de teólogos progresistas a los que amordazó.

En un arrebato de dogmatismo intransigente, en 2000, elaboró e hizo publicar el desconcertante documento "Dominus Jesus", con expresa aprobación del papa Juan Pablo II. La declaracióin "Dominus Jesus" pretende cerrar caminos a la investigación teológica auspiciada por el último Concilio. Es un profuso alegato contra el pluralismo religioso planteado por muchos teólogos punteros. Una exposición-imposición de una determinada discutible visión sobre las principales facetas teológicas: Revelación, Soteriología, Cristología, Eclesiología, Ecumenismo. Consecuente con su exagerada lucha contra el relativismo teológico, en esa declaración Roma se proclama la única depositaria de la completa verdad y de la salvación: "ésta es la única Iglesia de Cristo". A otras confesiones cristianas y a otras religiones, les concede algunas migajas de verdad y de salvación. La "Dominus Jesus" se posiciona más cerca del Sylabus que del Vaticano II y de los papas Juan XXIII y Pablo VI. Se comprende, pues, la inmediata protesta de numerosos teólogos.

El Concilio Vaticano I (a. 1870), con sus definiciones dogmáticas (primado absoluto e infalibilidad), ya había creado gravísimas dificultades para la unión de las iglesias cristianas. La "Dominus Jesus" vino a interrumpir un moderno proceso de acercamiento escenificado en el abrazo de Pablo VI y el patriarca Atenágoras. Roma se ha engreído con sus más de mil millones de bautizados católicos en su ampliado territorio occidental. Intervienen aquí los poderes diplomático, político, económico y social. Roma no se atiene a la división geográfica establecida en los albores del Cristianismo. Implanta sus reglas y doctrinas sin contar con la tradición patriarcal. Propina la definitiva puntilla a la "Pentarquía". Rompe amarras con los patriarcados orientales y sigue su camino. Constantinopla protesta. Roma hace oídos sordos. Se considera autosuficiente e independiente. El diálogo ecuménico, roto. El papa de Roma ya no tolera ser sólo "patriarca de Occidente". Amplía su área de poder. Se autotitula "Sumo Pontífice de la Iglesia Universal".

A diferencia de Ratzinger, Bergoglio no es un teólogo profesional. No tiene escuela teológica propia. Es de esperar que no pretenderá preservar ni imponer una sesgada visión del Cristianismo y que fomentará el progreso teológico. En sus primeros días en el Vaticano, Francisco ha emitido signos de humildad, también la doctrinal. Ha priorizado la acción sobre la ideología: su elocuente nombre elegido, su respeto a las convicciones de los oyentes, su sencillez con gestos nada teatrales, su manifiesta ilusión por una Iglesia pobre, su confesado amor a los pobres, sus alocuciones nada pontificales, su cuidado en evitar ser llamado con ampulosos títulos diversos a "obispo de Roma", su espontáneo beso a una mujer ante las cámaras, ni zapatos rojos ni sombrero púrpura, sólo chapado en vez de oro en anillo y mitra... Todo hace presagiar una primavera de esperanza. Amen.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por c.pereira 22.03.13 | 15:58

    El artículo, con su amplia información sobre la historia de los títulos papables en la Iglesia, me aclara las importantes diferencias entre ser ”patriarca de Occidente” y “Sumo Pontífice de la Iglesia Universal”. Por fin un papa, el papa Francisco, se presenta como Obispo de Roma, lo que parece significar un verdadero cambio. Son bien significativos sus gestos de humildad, sencillez, humanidad. Me gustó su homilía: centrada en las relaciones entre humanos con la naturaleza, basadas en la bondad y la ternura. Me parece importante y positivo como mensaje universal. Ahora son muchas las esperanzas puestas en este papa. Algo o quizá mucho querrá cambiar en la Iglesia pero no podrá, no le dejarán. Celso, gracias por ilustrarnos una vez más con este amplio y magnífico artículo. Me ha encantado leerlo.

  • Comentario por Nico 22.03.13 | 11:29

    Por las informaciones que están saliendo yo llego a la conclusión de que Bergoglio tiene un historial poco limpio. Una de dos, o colaboró activamente con la dictadura de Videla bajo pretexto de luchar contra el Comunismo o bien fue pasivo ante la misma dictadura. Creo que, por lo menos, miró para otra parte y prefirió no exponerse. Ello puede ser debido a consignas de Roma o sólo para nadar entre aguas turbias. Hoy sale en www.atrio.org un buen artículo de Vicenç Navarro "Contradicciones del nuevo papa" tomado del diario PÚBLICO del día de ayer. Navarro descubre fallos lamentables de Bergoglio durante sus años de responsabilidad ante los jesuítas argentinos, y ante Argentina.

  • Comentario por Victoria 21.03.13 | 20:49

    Yo deseo que el optimismo de Don Celso con respecto al nuevo papa dure algunos años. Tratándose de un obispo desconocedor de la Curia, me temo lo peor. Lo envolverán, lo zancadillearán, y quiera Dios que no lo eliminen con "una angina de pecho". Lo más peligroso para el nuevo papa es haber manifestado su preferencia por los pobres ya que eso llevará consigo frugalidad y reforma del IOR (Banca Vaticana).
    En cambio, considero factible una relajación en doctrina, en ecumenismo, en costumbres. Hablo de relajación relativa y siempre dentro de la moral o ética. El ex-Santo Oficio podrá tener más vacaciones.

  • Comentario por Tomás 20.03.13 | 23:02

    A ver si lo he entendido. Roma busca la unidad de los cristianos en lo que se llama diálogo ecuménico. Ha fomentado los encuentros con ortodoxos y con protestantes. Hasta hace pocos años, el papa de Roma se titulaba "patriarca de Occidente" y "obispo de Roma".De repente deja de llamarse así y conserva o adopta títulos con carácter universal: vicario de Cristo, pontífice de la Iglesia universal, etc. Lo hace sin consultar con las confesiones no católicas, con las que está en conversaciones o diálogo. A mí no me parece correcto. Y pienso que al nuevo papa Francisco tampoco. Con sagacida jesuítica ha criticado la maniobra de sus antecesores.Se llama "obispo de Roma" simplemente. Y a Razinger no le llamó "papa emérito" como venía haciéndose desde su renuncia. Lo llamó "obispo emérito de Roma". Alguien puede no dar importancia a los títulos. Es distinto llamarse presidente de Alemania a llamarse presidente de Europa, p.e.

  • Comentario por Jaime 20.03.13 | 15:24

    Yo también creo que este papa será incapaz de reconducir la Iglesia a lo que deberia ser: continuación del mensaje de Jesús. La Iglesia institución ha crecido torcida demasiado tiempo y su tronco es demasiado fuerte.

  • Comentario por Luis 20.03.13 | 11:09

    (Sigue comentario)
    Celso se refiere a la "Pentarquía" del siglo IV. Fue una forma de dividirse el poder eclesiásico que llevaba consigo el poder mundano, tanto económico como político. Roma,crecida por mor de los descubrimientos de la Edad Moderna y por su mayor influencia en el Primer Mundo, echó por tierra la Pentarquía. Lo hizo unilateralmente. Tanto en los siglos IV - V como en el siglo XX, lo que primó no fue el movimiento de Jesús. Fué el poder, la estrategia del poder. Ese es el proceder de la Iglesia constantiniana, la heredera del Imperio. Volver a Francisco de Asís es magnífico, pero el poverello no pasó de gritar, fundar una congregación de franciscanos y dejarnos una Iglesia romana corrompida, rica, alejada del Evangelio. Otro tanto hay que decir del Vaticabo II. Fue diluido como azucar en agua tibia. Más de lo mismo. Lo siento. Esta es mi desesperanza.

  • Comentario por Luis 20.03.13 | 10:58

    Lo que estamos conociendo del nuevo papa nos gusta y nos conmueve. De eso a que podamos estar esperanzados hay un gran trecho. El bálsamo superficial no cura el cáncer. Francisco se encontrará con toda la artillería de la Curia, con una Iglesia rica que siempre y ahora es rica y está con los ricos, con un Estado Vaticano que sigue las normas diplomáticas de todos los Estados. Francisco será incapaz de derribar esos muros, mucho más fuertes y altos que las murallas vaticanas. Lo intentó Roncalli con un Concilio. Sin éxito porque el Concilio está siempre compuesto por la vieja guadia, nombrado por el viejo capo, con convicciones viejas alejadas de lo que fue y quiso Jesús. Es inútil. La Iglesia institucional no tiene remedio. Sólo puede esperase otra Iglesia, la del Nazareno, la del "pusillus grex", sin lazos con el poder, con los bancos, con la riqueza, con el boato, con la intolerancia doctrinal.

  • Comentario por Alberto 19.03.13 | 22:33

    Los analistas de la Historia consideran que el Cisma de Oriente se debió a desencuentros filosóficos que hoy consideraríamos absudos. Algo parecido podríamos decir de la Reforma protestante que fue debida a un empecinamiento de ambas partes discrepantes. Consumadas las rupturas, cada una de las partes se reafirmó en su posición en vez de ponerse en la piel del otro y comprender al discrepante. Por cuanto he podido aprender, Roma se comportó muy fanática en ambos hechos históricos. También estuvieron presentes factores políticos y económicos detestables. Los Estados Pontificios jugaron un papel muy negativo en ambos hechos lamentables. Como bien dice Merche, lo que nos une y nos salva no son las ideas sino las obras, la experiencia. Las ideas valen si miran al comportamiento. Creo que a eso se refería también el nuevo papa esta mañana cuando invitaba a
    la apertura al otro y a la ternura.

  • Comentario por Ramón 19.03.13 | 19:41

    Ahora me explico por qué el papa nunca pudo ir a Rusia. Y me explico el cabreo de los cristianos ortodoxos. Ha sido el papa de Roma quien rompió la baraja y se apartó de la tradición. Prepotencia. Pienso que Francisco hará algo para reconducir el diálogo entre cristianos.

  • Comentario por Felx, párroco 19.03.13 | 19:21

    A primera vista, parece un gran honor titularse "obispo de Roma". Lo mismo podría decirse del título "patriaca de Occidente". Y sin embargo esos dos títulos fueron suprimidos del Anuario Pontificio en los últimos años, dejando otros títulos. Pueden verse las últimas ediciones del Anuario Ponticio que se publica año tras año desde hace unos cien. El autor de este artículo nos da la clave de esta aparente incongruencia. Ser cabeza de la comunidad católica romana es mucho (como sería ser obispo de Madrid o de Milán), pero es más importante ser cabeza de la comunidad católica mundial. Llamarse obispo de Roma podría entenderse como limitativo de su jurisdicción a Roma. Otro tanto se puede decir sobre "patriarca de Occidente"· cuando el papa se considera pontífice de toda la Cistiandad. La Historia, la sociedad, las aspiraciones no siempre santas de los papas y su curia, produjeron esta situación. Es comprensible que los jerarcas orientales protesten. Y yo digo: el que mucho abarca poco aprieta.

  • Comentario por merche 19.03.13 | 15:55

    El teologo intenta captar a Dios...el místico se deja captar por EL. Se llega antes a Dios con el corazón que con la cabeza. Encerrar a Dios en dogmas y pronunciamientos teologicos, siempre lo empobrece. Las ideas separan y la experiencia une, Por otra parte sólo al experiencia es transformadora.

  • Comentario por Antonio González 19.03.13 | 15:28

    Para disgusto de muchos este Papa va a cambiar la Historia de la Iglesia, quieran o no. Es otro color y humor distinto...solo habrá que esperar un año. Las mismas intenciones traía Benedicto XVI, pero a los pocos días del papado dijo aquella famosa frase "ignoraba que hubiese tanta suciedad dentro de la Iglesia"...y eso que era un curial...pero sus estudios le impidieron ver mas allá de las columnas de Bernini.

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