ENIGMA, el blog de Celso Alcaina

Loba devoradora de sus cachorros

23.11.10 | 22:52. Archivado en Acerca del autor
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Espeluznante historia de una familia "bien"
(Cambiados datos identificativos)

A la tercera, la vencida. Tres suicidios. Sobre la mesilla, un tubo con cuatro pastillas. Había añadido una más. Exhibición a la desesperada. Traslado al hospital. Lavado de vísceras. Esta vez no resultó. Los “hijos” lloraron su muerte “natural”. Un funeral cristiano, emotivo. Subido al púlpito, un hijo pronunció un delicioso poema. La madre, la única, la que lo llevó en su seno, la cariñosa, la mártir. Los asistentes conteníamos la respiración. Algunos sollozaban. El féretro descansará sobre las cenizas de su esposo. Había muerto de infarto sólo dos años antes, diez después del divorcio, presumiblemente víctima del maltrato de su esposa. Fin de una tragedia. ¿Disimulada, ignorada, preterida?

Primeros meses de profesión. Éramos pocos los abogados matrimonialistas. Sólo los tribunales eclesiásticos podían romper una unión desgraciada o indeseada. En proyecto, la ley del divorcio civil.

Mi secretaria conocía y trataba la familia Andreu. Él, un reputado médico, políticamente muy activo. Ella, profesora de idiomas, dominaba varios. Guapa, elegante, admirable don de gentes, vasta cultura. Sonia les había hablado de mí, de mis conocimientos y de mis anteriores actividades en el Vaticano.

Sin previa cita, el doctor Andreu se presentó en mi despacho. Rojos sus ojos, moratones en su cara, gafas rotas, traje arrugado, ánimo decaído. Sonia, sorprendida, me lo presentó. Sería el comienzo de un intenso trato profesional y, sobre todo, de amistad. Sólo su muerte, veinte años más tarde, truncaría nuestra relación. De abogado pasé a ser confidente, su paño de lágrimas. Mi despacho fue su refugio, incluso para ahogar sus penas en alcohol. En todo momento él demostró sinceridad, paciencia, humildad, desprendimiento. También, pusilanimidad y una buena dosis de pesimismo.

Basilio Andreu y Marta Doria se habían enamorado en el extranjero. Ambos eran lo equivalente a actuales becarios Erasmus. Un destacado joven médico y una bellísima culta cosmopolita. Boda en un famoso santuario europeo. Prometía lo que tantos esposos esperan de la formalización de su unión: felicidad, hijos, prosperidad, carrera. Las desavenencias surgieron de inmediato. Ella se manifestó caprichosa, egocéntrica, dominante, megalómana, sádica. Cualidades todas ellas que florecieron ante la apocada personalidad de Basilio y su loco enamoramiento.

Las continuas trifulcas no se reducían a palabras. Ella tenía manos largas. Cualquier pretexto servía para agredir fisicamente a su esposo. Aún así, la convivencia dio como fruto la gravidez de Marta. Ambos estaban ilusionados con el nascituro. Pero todo se torció. En un arrebato de sadismo, Marta hirió a su marido allí donde más podría dolerle: en su propio vientre. Lo hizo delante de él para incrementar hasta el infinito su dolor. Siguió la hemorragia, el traslado al hospital, el aborto y, como consecuencia indeseada por ambos, el diagnóstico de sucesiva definitiva infertilidad. Basilio se deprimió. Sufrió impotencia sexual permanente, y, al parecer, no sólo con respecto a su esposa. Cohabitaban, pero se sentían cada día más distanciados.

Un buen día Basilio observó el vientre prominente de su esposa, vestida como estaba. “Vamos a tener un hijo”, dijo Marta ante el asombro de Basilio. Y le explicó que todo estaba tramado con unas amigas monjas. Con frecuencia, neonatos eran abandonados por chicas irresponsables en la Maternidad que regentaban. Ella aparentaría ser gestante y parturienta. Mostraría con orgullo su estado de buena esperanza ante convecinos y amigos, en la vida normal y en actos protocolarios. El día adecuado sería hospitalizada contemporáneamente a la madre biológica. Así de simple. La criatura pasaría de un lecho a otro lecho.

Basilio se quedó de piedra. Pensó que era una locura y un delito. Otra locura de una mujer histérica, aparentemente esquizofrénica. No se atrevió a contradecirla. Sería inútil. Además, la idea de tener un hijo o hija cubría cualquier reparo. Aunque irregular e ilegal, se trataba de una adopción. Asimiló la idea y contribuyó a la realización de aquella hazaña. Fue un niño. Durante un par de años contribuyó a limar asperezas, dentro de intermitentes riñas, reproches y agresiones.

Apenas el niño había cumplido dos añitos cuando Marta repitió su falso embarazo. Lo hizo, una vez más, sin consultar a su marido. Podemos imaginar la indignación de éste. La increpó. Le amenazó con no colaborar y con sopesar una eventual denuncia. Claro que no podría denunciarla porque correría el riesgo de destapar la anterior usurpación. Amaba a su “hijito”. Por él estaba dispuesto a todo. Así lo entendió Marta. Siguió adelante con su propósito. Después de pocos meses vino a casa con un bebé, una preciosa niña.

Parecería que ahí se acotaría la prole. Pues no. Pasaron tres años y nuevamente el vientre de Marta se iba rellenando de fajas y algodones hasta dar la impresión de un embarazo de cuatro meses, cinco, seis, siete... Basilio sufrió una depresión de caballo. Tampoco en este campo era capaz de controlar la situación. Ante la nueva locura, habló en serio de separación. Pero él también amaba a sus dos “hijos”. Nada pudo hacer para impedir que un nuevo bebé, otro varoncito, viniera a aumentar la familia. Con el mismo proceder, con la misma colaboración ilícita, aunque bien intencionada, de las monjitas.

Ya eran una familia numerosa. Ahora estaban muy ocupados en cuidar a sus tres “hijos”. Los mútuos reproches disminuyeron. Pero Marta no dejaba de exhibirse, de llamar la atención ante amistades y compañeros/as, particularmente en los ambientes profesionales de su marido y de ella misma. Imprudentemente presumía de hijos y de sus conocimientos lingüísticos. Con gran realismo y convicción evocaba las molestias y dolores habidos en sus tres embarazos y partos. En su delirio megalómano, se inventó una ascendencia aristocrática, contactos con personajes políticos y eclesiásticos. Llamó a las puertas del Opus Dei y aseguraba ser amiga de Escrivá. No fue suficiente. Un día su hijita mayor, alarmada, llamó a su padre para que acudiese a casa. Su madre estaba muy enferma. Había ingerido medio tubo de un fuerte fármaco tranquilizante. En el hospital la limpiaron.

Los insultos y las físicas agresiones continuaron y se incrementaron. Incluso delante de los niños, provocaba a su marido para que le pegara y poder así denunciarlo. Esperaba que una tal denuncia desprestigiaría a Basilio y podría encarcelarlo por algún tiempo. Basilio se sulfuraba y sólo correspondía con palabras gruesas. Con frecuencia, ante los ataques de Marta, se ausentaba o se dejaba abofetear.

Así fue, así sucedió, la víspera de la visita que inesperadamente recibí en mi despacho. Había dormido fuera del hogar. Era la primera vez. Por mi consejo y ayuda, nunca más dormiría en su casa.

La batalla legal comenzaba. Basilio presentó demanda de nulidad matrimonial. Intenté, sin éxito, una amistosa separación. Es lo que él pretendía. Cuatro años de litigio. Marta sabía el dolor que causaba a su marido el secuestro de los hijos. Es la perversa venganza femenina “de libro” en casos semejantes. Sistemáticamente incumplía las “medidas judiciales”. Ocultaba a sus hijos y los malmetía contra su padre. En sus arrebatos, descargaba su cólera en uno de sus hijos, el menos dócil, al que un día espetó que era hijo de un marqués. Una consecuencia, le dijo, de la impotencia de tu padre. Para colmo, ideó un refinado maltrato. No lo escolarizaba. Siendo el padre una persona ilustrada, eso le hería de manera especial. Ante estos hechos, Basilio luchó por obtener la custodia de los menores. Un juez dictaminó que, “no obstante esa deplorable actitud, la madre continuaba siendo la más idónea para cuidar y proteger sus cachorros” (sic).

Por fin, la sentencia de nulidad con oposición de la esposa. Paulatinamente, los “hijos”, ya crecidos, se fueron de casa. Marta se sintió sola. No tenía a quien agredir ni ante quien airear su victimismo. Un día aprovechó la visita de su hija para fingir nuevo suicidio tomando cantidad de pastillas. Acudió su ex-marido. Nueva hospitalización. Nuevo lavado de estómago. No iba a ser la definitiva. Un año después, la última, muy semejante a las dos anteriores, la separó para siempre de sus hijos, de sus imaginarios admiradores, de todos los que alguna vez la trataron o conocieron, del mundo de los vivos.

19 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Celso Alcaina [Blogger] 09.12.10 | 23:15

    Esto puede servir a cuantos prestan atención a mi post y particularmente a quienes plasman sus comentarios. Aún coincidiendo con la etapa franquista, los raptos referidos sucedieron en país europeo, pero no en España.
    Otra precisión. Con ocasión del proceso de nulidad matrimonial, Marta fue debidamente explorada por competentes psiquiatras. Su personalidad fue dictaminada sana y plenamente responsable de sus actos.

  • Comentario por Rafa 08.12.10 | 22:18

    Gracias Hypatía por la información que me das. Me comentaron que también alguna televisión sigue indagando sobre estos hechos de una insensibilidad y maldad tremenda para las madres a quienes robaron sus hijos de forma tan despiadada. Esos hechos será muy difícil perseguirlos penalmente. No obstante el hecho de que se haga una investigación rigurosa supondría recomponer lazos familiares ocultos y al mismo tiempo recobrar memoria de unos hechos que tendrían su origen,en su inicio,en un afán de recuperar para la causa católica a aquellos niños nacidos de madres comunistas y republicanas que,de seguir con ellas, estarían llamados a una condenación eterna. Lamentable historia de la Iglesia española cooperadora necesaria del fascismo.

  • Comentario por Hypatia 08.12.10 | 20:17

    Lee lo que puedas del secuestro de "Edgardo Mortara". Hay también ódenes de Pío XII al entonces nuncio en Francia Angelo Giuseppe Roncalli de que los niños judíos acogidos que hubieran sido bautizados no debían ser devueltos a sus familiares. Es conocido lo que ocurrió, en las "limpiezas sociales" hechas en Iberoamérica por generales a iniciativa de otras instancias de poder, a los hijos de depurados. Me decía Juan Eslava Galán que en su libro "De la alpargata al seiscientos" prueba el secuestro de niños hecha por obispos. Acabamos de ver en TV cómo se abusó de la prolongación de la mentalidad de que los vencedores pueden tomar a modo de botín de guerra a los hijos de los vencidos o, simplemente, de los menos favorecidos.

  • Comentario por Rafa 08.12.10 | 17:19

    Sigue entrada anterior:Si el relato de Celso es estremecedor no lo es menos la existencia, durante años, de forma generalizada, del robo de niños a sus auténticos padres. Estaremos atentos al resultado de esta petición y a la respuesta del Gobierno a lo que en concreto se le pide:”las normas reglamentarias precisas que faciliten la investigación en vía administrativa de estos hechos mediante el acceso a todos los archivos,tanto públicos como privados y a cuantos documentos puedan ayudar a clarificar las circunstancias de cada caso”.

    Como decía ,comentando esta entrada de Celso,y retrotrayéndonos a la España sociológica de la época en que los hospitales y clínicas estaban atendidos por religiosas en mayor o menor medida, no sería extraño que tuviesen algún grado de implicación,al menos por omisión del deber de denunciar,tales hechos delictivos. Es cierto y así se recoge en la noticia que se comenta que, dado el tiempo transcurrido,estos hechos habrían prescrito legalmente.No obstante, ello supondría recomponer lazos familiares ocultos..

  • Comentario por Rafa 08.12.10 | 17:18

    El testimonio relatado y comentado se me hizo presente hoy al leer, en un periódico de tirada nacional “Publico”,la noticia de que el Fiscal Jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, pide al Ministerio de Justicia que investigue el robo de niños. Responde a lo que,el pasado mes, le pidió verbalmente la Plataforma Grupos de afectados de clínicas de todo España de la Causa de los Niños Robados que denunciaron y pidieron una investigación judicial para esclarecer la identidad real de aquellas personas que no se corresponde con la, en su día , concedida falsamente.

    Se trata, según este colectivo, de identificar fehacientemente la sustracción de los recién nacidos y ver si se falsificaron documentos para simular fallecimientos y la entrega ilegal a otras familias.´Parece,según afirman,que lo que pretenden es que se cree una oficina de atención específica para las victimas de sustracciones de bebés desde los primeros años del franquismo hasta
    la década delos ochent...

  • Comentario por Hypatia 04.12.10 | 15:42

    No se refiere si hubo intentos de aplicar a esa pobre enferma un tratamiento médico. Muy divertido el comentario de "Carmen" acerca de los pantalones. No lo califico, me inspira ternura. El "síndrome de alienación parental", que también practica la madre, es más común pero su ulilización en medicina forense está contestado por parte del colectivo que vigila las "astucias masculinas". Repito, le faltó la asistencia de médica para ella y para él. Ante un caso así o el divorcio inmediato o una colaboración muy estrecha ce indefinida on un médico especialista.

  • Comentario por Yolanda 29.11.10 | 20:00

    Conocí casos semejantes aunque no tan complejos. Las mujeres - y toda la sociedad - estamos muy sensibilizadas a causa de los asesinatos perpetrados por los varones contra sus compañeras o ex-compañeras.Lamentablemente, aunque son mucho menos, también hay mujeres que matan a sus maridos o a sus hijos. Crónica negra, incluso actual. Nadie podrá negar que existen mujeres maltratadoras, incluso de sus hijos. Hoy mismo sale a la luz el crimen de la madre balear que ahogó a su hijo en la bañera. Estimo que el autor, excepcional conocedor de una historia tan tremebunda, ha querido publicarla como punto de reflexión. Cada uno/a sacará la conclusión que crea mejor. O ninguna conclusión. Un hecho. Una historia. Simple conocimiento. Dar testimonio de algo real.

  • Comentario por Toni Grácia Sánchez 29.11.10 | 10:49

    Bueno, ya está. ¿Y que nos quiere mostrar con este relato?

  • Comentario por Fátima 27.11.10 | 23:36

    He leído y releído este post, escrito con primoroso estilo. La historia me parece verosímil. Yo no tacharía a su autor de misógino ni de oportunista como hace Sofía. Los adjetivos usados en el escrito son los apropiados para el comportamiento violento de la esposa y madre. No comprendo de dónde saca Sofía que esta historia es presentada como "ejemplo" o paradigma de maltratadora. Es una historia y basta. Eso sí, tremebunda y rara. El autor la llama "espeluznante". Afortunadamente deben de ser muy escasas las esposas y madres semejantes a Marta. Tampoco creo que necesariamente haya que tildar a Marta de enferma mental. Es retorcida. Incluso podría decirse que es mala y amoral. Pero ¿no calificamos así a los maltratadores? Por qué hemos de reservar la posibilidad de maldad y amoralidad a los varones? La frase "Marta hirió a su marido allí donde más podría dolerle: en su propio vientre" es un magnífico artificio literario. No tiene el sentido físico que pretende darle Sofía.

  • Comentario por Francisco 27.11.10 | 08:50

    Opino que la descripción de la tragedia de esa pareja está relatado y tratado con un elegante y correcto estilo. Me resulta interesante y doy gracias a que no soy yo quien tiene que decidir ni tomar parte en estos conflictos. Sólo leerlos.

    Estos relatos tomados de casos reales a cuyos detalles sólo suelen tener acceso los profesionales (médicos, abogados, etc.) no hacen sino confirmar mis dudas sobre las actuales normativas ya implantadas o que tratan de legislar sobre la violencia entre personas pero que cargan de antemano solamente contra uno de los géneros.

    Creo que todos tenemos cerca (bien por familiares o por compañeros de trabajo) casos en los que por conocer a ambos cónyuges en conflicto podemos señalar (en nuestro fuero interno) cúal de ellos es el culpable de la situación sin temor a equivocarnos.

    Cordiales saludos.


  • Comentario por sofía 26.11.10 | 22:32

    Pues claro que podrá haberlas, pero este caso es el de una enferma mental, y resulta ridículo ese comentario sobre el daño que le hizo a su marido en su propio vientre. Evidentemente el daño se lo hizo ella misma. También resulta parcialista que pretenda adivinar que cuando insulta al marido pretende que él la pegue delante de sus hijos. Como ejemplo de maltratadora es una birria.

  • Comentario por Ramón 26.11.10 | 16:07

    Estoy absolutamente convencido de que el autor de este post no miente ni intenta influenciar desde el machismo. Lo conozco. Otra cosa podríamos decir de la exactitud de algunos detalles no constatables. Dado que él fue el abogado del maltratado, cabe la posibilidad de que se haya dejado influenciar por su defendido. Por lo menos, toda la historia anterior al litigio matrimonial fue referida por el marido. Muy probablemente es real, pero el autor tuvo de ella conocimiento a través de su cliente. Aún así, los hechos posteriores y los documentos de que haya dispuesto pudieron dar veracidad y fundamento a cuanto aquí se refiere. Lo importante es que, lamentablemente, cabe la posibilidad de una "loba devoradora de sus cachorros".

  • Comentario por Isa 26.11.10 | 16:05

    Yo también pienso que el Celso hace bien en publicar esta terrible historia. No es ningún paradigma. No es la regla. Es un caso extremo. Considero que su publicación no es escandalosa ni mucho menos demuestra misoginia. Tampoco que esté programado en días en que se discuten y ventilan nuevos castigos a los maltratadores. El mismo ministro portavoz, Sr. Rubalcaba, acaba de informar sobre medidas contundentes "contra el maltratador o la maltratadora". Lamentablemente, hay maltratadoras
    de sus maridos o/y de sus hijos. Pienso que son muchas más de lo que quisiéramos, aunque sean menos que los varones. Habrá que limpiar la porquería allí donde se encuentre, sin prejuicios, sin revanchismos, sin paternalismos. Como bien dice Rosa, "en igualdad".

  • Comentario por Rosa 26.11.10 | 13:07

    En discrepancia con algún comentarista, pienso que no hay motivo para dudar de la veracidad de esta historia. Las mujeres no debemos creernos inmaculadas, tampoco ir de víctimas. Hay mujeres malas y maltratadoras. Las hay que abandonan a sus recién nacidos, que llegan a maltratar a sus maridos o asesinarlos. Lo dicen las crónicas, algunas muy recientes. No es habitual. No se da tanto como en los varones. Pero se dan. La historia que nos trae Celso, y que él vivió, debe hacernos pensar y valorar. No cabe matar al mensajero. La llamada "loba" era socialmente respetable, culta, de clase media. Nada hay inverosimil. Una comentarista asegura que todo lo relatado sucedió. Sin duda, esa persona sabe y estuvo en el ajo. Por lo demás, las mujeres no queremos trato de favor. La discriminación positiva no es la vía para la emancipación y la igualdad.

  • Comentario por sofía 25.11.10 | 23:22

    Ridícula versión: "Marta hirió a su marido allí donde más podría dolerle: en su propio vientre. Lo hizo delante de él para incrementar hasta el infinito su dolor."
    Para mí que si a alguien le dolió tuvo que ser a la propia mujer pues el vientre era suyo. Yo no llamaría sadismo a esa actitud autodestructiva de una pobre enferma mental.
    Los adjetivos que utiliza Alcaina son la versión del marido. No digo que sea fácil convivir con un enfermo mental, pero no creo que en este caso se pueda hablar de una maltratadora sádica, francamente.
    Y sí es misógino, no hay más que ver los adjetivos que maneja el narrador y cómo los distribuye, las suposiciones gratuitas que hace de los motivos de la mujer para insultar al marido, como si fuera una psicópata en lugar de una enferma mental -algo que salta a la vista en esta historia.

  • Comentario por carmen 25.11.10 | 21:06


    La singularidad de esta historia surge no tanto del ensañamiento en su marido sino de infligir irreparables daños a sus hijos. Los mismos hijos que ella adoptó con malas artes. Resulta curioso que estemos ante una mujer culta, con una respetable profesión y una normal reputación social. Nunca sabremos qué habría sucedido si el marido "llevara los pantalones". Además, está de por medio la insatisfacción afectivo-sexual de una mujer inestable y con rasgos de sadismo. El autor deja claro que la violencia de género es ambivalente. No vale atender sólo a la cantidad. Hay que ir a la esencia, sea quien sea la persona maltratadora. Los varones son los más. Sin querer justificarlos, hay razones sociológicas y fisiológicas. Son más fuertes. Ellas se consideran más débiles. Los maltratos femeninos son más sofisticados, menos abruptos, lentos. A veces duran toda una vida. Las campañas y medidas legales deberán abarcar ambos sexos. Sin discriminación.

  • Comentario por sofía 25.11.10 | 20:02

    Una historia claramente de ficción incluso en el caso de que pudiera partir de un hecho real. Y esa ficción dice bastante sobre el autor. Vaya usted a saber cual es la verdad, desde luego no la del abogado de una de las partes, eso seguro.

  • Comentario por Yago 25.11.10 | 14:16

    Un post muy oportuno. La lucha contra la violencia de género está muy viva en nuestra sociedad. Mañana mismo, el gobierno socialista acordará nuevas medidas condenatorias de la violencia machista. Será retirada la custodia de los menores a los padres maltratadores. La medida puede ser considerada justa, merecida, disuasoria. Pero estamos ante una medida parcial, discriminatoria, miope. Cierto que el número de varones maltratadores supera al de las mujeres. Cierto que los asesinatos de mujeres a manos de sus hombres son muchos más que a la inversa. Pero ello no autoriza a proceder parcialmente. Habrá que aplicar las mismas medidas a varones y a mujeres. Y, tratándose de maltrato de los menores, yo diría que estaríamos ante un agravante si dicho maltrato procede de la madre. De ella se espera más cuidado, más cariño, más protección. La historia que nos relata Celso Alcaina es, además de conmovedora, muy sugerente y orientativa. Pienso, además, que el autor pensó en su oportunidad.

  • Comentario por Rafa 24.11.10 | 16:53

    Estimado Celso: É un relato estremecedor. A vida mesma supera á ficción. Miúdo inferno de relación. En síntese podería ser un resumo dun relato novelesco se non viñese avalado polo teu crédito persoal. Eses feitos que amosas, de modo maxistral, poñen ao descuberto o tráfico de meniños acabados de nacer que houbo moi estendidos durante os anos duros de fascismo nos que, en algúns casos, mediaban cantidades grandes de diñeiro clandestino que non se sabía moi ben a onde ía parar. Eclesiásticos ou monxas andaban sempre polo medio(Con boa fe ou instrumentalizaos/as por mafias?. Tamén aparece moi ben retratada a hipocrisía social presente na aristocracia da época que conformaban maioritariamente as profesións liberais. Un saúdo. Rafa

Martes, 29 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Febrero 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
272829    

Sindicación