
31.12.09 @ 14:58:55. Archivado en Encuentros, CicloC
La Epifanía del Señor – Ciclo C (Lucas 2, 16-21) – 3 de enero de 2010
El 6 de enero de 1995, el P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J., en aquel momento recién elegido Superior General de la Compañía de Jesús, tuvo una Alocución a la Congregación General 34ª, reunida en Roma, en la que afirmó lo siguiente:
"Nuestro hermano Pedro Teilhard de Chardin manifestó repetidas veces su deseo de que la solemnidad hoy celebrada cambiara de nombre, o al menos de prefijo. Para resaltar que festejamos el día en que Nuestro Señor deviene transparente desde el fondo de todos y de todo como fuente y como meta, como alfa y como omega, esta solemnidad debería denominarse 'dia-fanía' en lugar de 'epi-fanía'. Porque no se trata propiamente de una repentina irrupción en la historia de Quien es su Creador y Salvador, sino más bien de una misteriosa y silenciosa 'dia-fanía' mediante la que Cristo alumbra el verdadero fondo de todo ser, obrando en todo y por todo para conducir todo hacia la plenitud, hasta que Dios sea todo en todos, en la realidad total (1 Cor. 15,28). Teilhard declara que no lee la historia de los magos como una 'verdad fotográfica', sino como una verdad luminosamente indicativa de Quien llena el universo con su presencia dinámica, del Único que da sentido a nuestra historia, del Dios siempre mayor en todo y para todos".
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31.12.09 @ 14:51:21. Archivado en Encuentros, CicloC
Santa María, madre de Dios e imposición del nombre de Jesús
Ciclo C (Lucas 2, 16-21) – 1 de enero de 2010
Oí alguna ve la historia de un muchacho que entró con paso firme a una joyería y le pidió al dueño que le mostrara el mejor anillo de compromiso que tuviera. El joyero le presentó uno. La hermosa piedra solitaria brillaba como un diminuto sol resplandeciente. El muchacho contempló el anillo y con una sonrisa lo aprobó. Preguntó luego el precio y se dispuso a pagarlo. “¿Se va usted a casar pronto?”, le preguntó el joyero. “No”, respondió el muchacho. “Ni siquiera tengo novia”. La muda sorpresa del joyero hizo sonreír al muchacho. “Es para mi mamá”, dijo él. “Cuando yo iba a nacer, estuvo sola. Alguien le aconsejó que me matara antes de que naciera, así se evitaría problemas. Pero ella se negó y me dio el don de la vida. Y tuvo muchos problemas. Fue padre y madre para mí; fue amiga, hermana y maestra. Me hizo ser lo que soy. Ahora que puedo, le compro este anillo de compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy con la promesa de que si ella hizo todo por mí, ahora yo haré todo por ella. Quizá después entregue yo otro anillo de compromiso, pero será el segundo”. El joyero no dijo nada. Tomó el anillo, ordenó que lo empacaran hermosamente y luego se lo entregó al muchacho diciéndole: “Llévelo, es un obsequio mío. Hubiera querido conocer a mi madre, pero murió en el momento en que me dio a luz”.
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23.12.09 @ 14:51:44. Archivado en Encuentros, CicloC
La Sagrada Familia – Ciclo C (Lucas 2, 41-52) – 27 de diciembre de 2009
Alguna vez leí en El Tiempo un artículo del Hermano Marista, Andrés Hurtado, conocedor, como el que más, de la geografía y de las riquezas ecológicas de Colombia. Se nota que no sólo conoce los ríos más remotos y las cordilleras más apartadas, sino el corazón humano. El título de su escrito era: Cuando sufrir es bueno. Y comienza contando su encuentro con un matrimonio que viene a ponerle quejas de su hijo adolescente:
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23.12.09 @ 14:47:51. Archivado en Encuentros, CicloC
La Natividad del Señor – Ciclo C (Lucas 2, 1-14) – 25 de diciembre de 2009
Alguna vez leí esta historia: Corría el año de 1944 en un lindo hogar de Inglaterra, en un pequeño pueblo no muy lejos de Londres. Esa noche había nacido su primogénito que trajo la mayor alegría que en la vida habían tenido sus padres, un contador de una factoría Inglesa, y una mujer de gran carácter que estaba dedicada a las labores del hogar. Hubo gran fiesta y toda la familia, tíos, primos y amigos del recién nacido lo celebraron con las mejores pompas a su alcance. El pequeño era un lindo niño rosadito y muy alegre.
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16.12.09 @ 16:04:47. Archivado en Encuentros, CicloC
Domingo IV de Adviento – Ciclo C (Lucas 1, 39-45) – 20 de diciembre de 2009
No se si habrá sido cierto o no, pero cuentan que en un vuelo trasatlántico, un venerable sacerdote, que regresaba de una peregrinación a tierra santa, entabló conversación con su vecino de asiento. La charla estuvo muy animada y duró gran parte del viaje. Cuando el viajero desconocido supo que el sacerdote era el cura párroco de una conocida parroquia en la ciudad donde él iba a estar unos días de trabajo, le ofreció ir el domingo a cantar en la misa mayor. El cura se excusó diciéndole que tenían un coro muy bien organizado y que no veía conveniente desplazarlo de sus funciones precisamente en la eucaristía más concurrida de toda la semana. Agradeció la gentileza del viajero, pero rechazó la oferta.
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09.12.09 @ 04:33:45. Archivado en Encuentros, CicloC
Domingo III de Adviento – Ciclo C (Lucas 3, 10-18) – 13 de diciembre de 2009
Desde hace muchísimos años, por esta época navideña, me llega la propuesta de la Novena de Navidad del P. Federico Carrasquilla, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín que vive una relación muy profunda con el Señor a través de su Palabra y a través del contacto con su pueblo. Siempre comienza con una reflexión sobre el sentido que tiene la celebración del nacimiento de Jesús entre nosotros. Quiero darle hoy la palabra a él para que motive nuestra celebración este año.
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02.12.09 @ 14:20:24. Archivado en Encuentros, CicloC
Domingo II de Adviento – Ciclo C (Lucas 3, 1-6) – 6 de diciembre de 2009
Hace algunos días un amigo me contaba la historia de su abuela que bordaba unos manteles muy hermosos. “Cuando era niño me quedaba junto a ella las tardes enteras charlando mientras sus hábiles manos danzaban en perfecta armonía con los hilos y las telas. Su estado de ánimo variaba dependiendo del día. A veces estaba alegre y conversadora; otras lucía seria y silenciosa. Y de vez en cuando se quejaba más de la cuenta. Sin embargo siempre, sin importar el día, cosía con la misma mística. Frecuentemente la encontraba en su silla, dormitando, con la cabeza inclinada levemente hacia adelante, pero aferrada con firmeza a su tejido. Durante semanas sus bordados me parecían extraños y confusos, puesto que mezclaba hilos de distintos colores y texturas, que se veían en completo desorden. Cuando le preguntaba qué estaba tejiendo o bordando, sonreía y gentilmente me decía: –Ten paciencia, ya lo verás. Al mostrarme la obra terminada, me percataba que donde había habido hilos de colores oscuros y claros, resplandecía bordada una linda flor o un precioso paisaje. Lo que antes parecía desordenado y sin sentido, se entrelazaba creando una hermosa figura. Me sorprendía y le preguntaba: –Abuela, ¿cómo lo haces? ¿Cómo puedes tener tanta paciencia? –Es como la vida –respondía–. Si te fijas en la tela y los hilos en su estado original, se asemejarán a un caos, sin sentido ni relación, pero si recuerdas lo que estás creando, todo tendrá sentido”.
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