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Hermann Rodríguez Osorio, S.J.Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

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“(...) iba y venía tanta gente, que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer”

Permalink 15.07.09 @ 04:45:23. Archivado en Encuentros, CicloB

Domingo XVI –Ciclo B (Marcos 6, 30-34) – 19 de julio de 2009

Hace un tiempo, Miguel Silva escribió en El Espectador un artículo que me gustó mucho: “El ajetreo y el trabajo”. Decía el autor que los colombianos tenemos una forma muy extraña de trabajar; y contaba que una italiana que trabaja en el Banco Mundial le decía alguna vez: “Yo siempre veo a los colombianos trabajar hasta que cae la noche. Son los últimos que salen de aquí. Pero lo más divertido es que, en verano, también salen únicamente cuando cae la noche, y como en verano eso sucede a las nueve, salen tardísimo. Como si fueran unos animales extraños que por razones de supervivencia no fueran capaces de encontrarse en casa con luz diurna”.

Más adelante, decía Miguel Silva: “Alguna vez a un colombiano –creo que fue a Juan Luis Londoño– lo obligaron a salir temprano de la oficina en el mismo Banco Mundial. Lo llamó un vicepresidente y le expresó preocupación por sus larguísimas jornadas. –Eso sólo puede ser consecuencia de una de dos cosas¬, dijo el funcionario: –o le ponemos una carga laboral excesiva o usted es muy ineficiente. Y lo mandaron para su casa temprano”. La conclusión a la que llega el artículo es que “Si el tiempo en la oficina fuera medida del éxito, Colombia sería una superpotencia, porque aquí nadie sale temprano y todo el mundo suda y se demora y se queja. Todos tomamos vacaciones con un gran sentido de culpa. El lío no es que no tengamos tiempo para la familia. Eso sin duda es muy grave. Pero tanto o más dramático es que del ajetreo apenas queda el ruido que genera. Es el trabajo el que produce resultados. Y los resultados son los que cuentan”.

Toda esta historia me ha hecho pensar muy en serio en nuestros ritmos de trabajo o de ajetreo y en lo poco que dedicamos a la ‘recreación’... que literalmente significa tiempo para compartir fraternalmente, para dialogar amigablemente, para reconstruirnos como personas. El P. Augusto Hortal, que fue mi superior en España durante varios años, solía decir: “El que no descansa, cansa”. Y no permitía que los jóvenes jesuitas con los que vivíamos se dedicaran los domingos a estudiar o a adelantar trabajos para la Universidad.

Jesús y sus discípulos tenían un ritmo de trabajo impresionante. El texto evangélico que nos propone hoy la liturgia dice que “iba y venía tanta gente, que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer”. De modo que Jesús les dice: “Vengan, vamos nosotros solos a un lugar tranquilo. (...) Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado”. Claro que la dicha no les duró mucho, pues “muchos los vieron ir, y los reconocieron; entonces de todos los pueblos corrieron allá, y llegaron antes que ellos. Al bajar Jesús de la barca, vio la multitud, y sintió compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas”.

Aunque estas vacaciones apostólicas no fueron un éxito, propiamente hablando, me parece que este texto nos invita a reflexionar sobre nuestros ritmos laborales y el tiempo que, efectivamente, dedicamos a descansar en compañía de nuestros seres queridos; un ritmo de trabajo exagerado, un trajín o un ajetreo desaforados, lo único que dejan es cansancio y no eficiencia en nuestra misión. Tenemos que tratar de buscar un ritmo de trabajo que nos permita encontrarnos, por lo menos de vez en cuando, en casa con luz diurna.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”,
puedes escribir a herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo.


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Comentarios:
En hora buena Padre, hay que triunfar sobre esa adiccion o enfermedad llamada por algunos como workholismo; aunque reconozco que sere el primer paciente en rehabilitacion.
Enlace permanente Comentario por Nicolas 16.07.09 @ 01:54
No creo equivocarme al recordar que "La caridad empieza por casa". Nos estamos quejando con cada vez más frecuencia de lo confundida y alocada que está la juventud de hoy día y ésto no puede ser sino consecuencia de que, en las familias del tiempo que nos toca vivir, ambos padres suelen dedicarse a trabajar, cumpliendo labores fuera del hogar, normalmente.

Los que nos hemos propuesto brindar un testimonio consecuente con el mensaje de Cristo debemos empezar por nuestro hogar. No sé cómo sea en Colombia pero en el Perú antiguamente la jornada era partida; eso significaba que todos regresábamos a nuestras casas a almorzar juntos, lo que suponía comunicación y algo de sobremesa. A fines de los años 60 se produjo un cambio: se instituyó la jornada única y corrida. Como consecuencia de este hecho, las relaciones dentro de la familia se vieron afectadas pues ya no había el compartir el almuerzo y la comunicación que eso suponía. Incluso los escolares acusaron la presentació...
Enlace permanente Comentario por Jorge Fernando Salmón Campos 15.07.09 @ 19:06

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