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Hermann Rodríguez Osorio, S.J.Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

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“¿Dónde aprendió este tantas cosas”

Permalink 01.07.09 @ 04:08:49. Archivado en Encuentros, CicloB

Domingo XIV –Ciclo B (Marcos 6, 1-6) – 5 de julio de 2009

Cuando Bogotá era apenas un pequeño villorrio en la extensa sabana verde y fértil que habitaron antiguamente los Muiscas, una joven de una familia muy adinerada decidió ingresar a una comunidad religiosa dedicada a la atención de ancianos y ancianas de escasos recursos. Después de haber hecho su noviciado con las Hermanitas de los pobres, alejada del mundanal ruido, la joven regresó a la ciudad que la había visto crecer y donde su familia era muy conocida en los círculos de la alta sociedad. Al poco tiempo recibió su primer destino; fue enviada a trabajar en un albergue muy pobre, ubicado al sur de la ciudad. Una de las tareas que debía cumplir semanalmente la nueva religiosa, era salir por las calles para pedir limosna, por el amor a Dios, a los transeúntes. Con estas ayudas se sostenía la labor que realizaban en el albergue.

Un sábado por la tarde, la hermanita salió con una compañera para cumplir con el deber de pedir limosna, recorriendo las principales calles de Bogotá. Cuando iban caminando por la carrera séptima, muy concurrida en aquellas épocas, la joven fue reconocida por un grupo de antiguos compañeros de colegio y de parranda. Los muchachos comenzaron a burlarse de las hermanitas. Uno de ellos, liderando el grupo, se adelantó para ofrecer una limosna, pero puso una condición... la joven religiosa debía darle un beso si quería recibir la ayuda para sus viejitos. La monjita, sin dudar un momento, se inclinó ante su antiguo amigo y le besó los pies ante la mirada atónita de los peatones que circulaban por el lugar. Después, erguida, como su dignidad, estiró la mano para recibir la dádiva prometida. El burlador, lleno de vergüenza, tuvo que cumplir lo que había prometido mientras sus compañeros se iban escabullendo con el rabo entre las piernas.

Nunca ha sido fácil predicar en la misma tierra que nos ha visto crecer. El mismo Jesús, cuando regresó a Nazaret comenzó a enseñar en la sinagoga y “la multitud, al oír a Jesús se preguntaba admirada: ¿Dónde aprendió éste tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace?” Y san Marcos añade: “Por eso no quisieron hacerle caso. Pero Jesús les dijo: –En todas partes se honra a un profeta menos en su propia tierra, entre sus parientes y en su propia casa”. Con razón, a pesar de estar entre los suyos, Jesús “no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de poner las manos sobre unos pocos enfermos y sanarlos. Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él”.

Predicar entre las personas conocidas es una tarea muy complicada. Sin embargo, estamos llamados a comenzar nuestra labor misionera por nuestra propia casa. Es allí donde se hace real el anuncio que tenemos que llevar al mundo. Predicar entre desconocidos es muy atractivo y suele brindarnos muchas satisfacciones. Todos lo hemos comprobado cuando vamos a un campamento misión, a una jornada de trabajo donde no nos conocen. Nos sentimos más libres, menos condicionados por nuestra historia personal, más protegidos de nuestro rabo de paja... Y esto hay que hacerlo, no faltaba más; pero comenzar por la propia casa nos ayuda a realizar nuestra labor desde la humildad y la sencillez del que se siente enviado y no dueño de la salvación. Como la hermanita de los pobres, a lo mejor nos toca humillarnos para recibir la respuesta que estamos esperando, porque sabemos que no es para nosotros, sino para el Señor.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”,
puedes escribir a herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo.


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Comentarios:
Buenas tardes Padre Hermann: Que lecciòn de humildad, definitivamente es extraordinaria la lecciòn de la monja de la historia, y de tantos seres que hacen el bien con una completa sencillez, Jesùs mismo nos enseñò con su ejemplo a perseverar y no darnos por vencidos, pero que trabajo nos cuesta vencer la soberbia y con amor decir o hacer el bien. Corregir nos cuesta mucho, pues no siempre lo sabemos hacer.Pero debemos hacerlo, ojalà con humildad, de pronto asi convencemos y de paso cambiamos nosostros mismos. Fabiola.
Enlace permanente Comentario por Fabiola 07.07.09 @ 23:39
En la realidad actual esto es algo muy dificil de hacer.....es dificil bajar la cabeza y dejar que te "arrastren" por lograr un objetivo mas grande.....aveces solo vemos el panorama limitado y no el completo....a veces solo vemos el panorama personal y no el familiar o el de la comunidad.... Es un aprendizaje de altos niveles espirituales.
Enlace permanente Comentario por Maria 01.07.09 @ 22:07
Podemos apreciar en esta religiosa un gran testimonio de humildad; una virtud que cada vez es más difícil de cultivar. El mundo de hoy valora desmesuradamente a la persona y la solidaridad y la sensibilidad social son más difíciles de encontrar.

Recordamos las palabras de la madre Teresa de Calcutta, cuando un periodista, al verla atender a un mendigo lleno de llagas, le confesó que no haría eso por todo el oro del mundo; la santa (aunque aún no esté en el Santoral) le respondió con mucha firmeza: "¡Tampoco yo! ¡Lo hago por amor!

¡Qué difícil se nos hace inclinar la cabeza! y menos hincar las rodillas. Hoy, al pasar frente al Sagrario, muchas, quizá la gran mayoría de las personas, suelen hacer apenas una venia...cuando al ponernos frente a donde habita nuestro Redentor debemos demostrarle nuestro agradecimiento con una genuflexión. Esta sería una muestra de humillación de la criatura frente a quien dio su vida por salvarla.
Enlace permanente Comentario por Jorge Fernando Salmón Campos. 01.07.09 @ 19:01

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