“El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos”
13.05.09 @ 04:36:43. Archivado en Encuentros, CicloB
Sexto Domingo de Pascua – Ciclo B (Juan 15, 9-17) – 17 de mayo de 2009
El 10 de octubre de 1982, en la gran plaza de san Pedro de Roma, el papa Juan Pablo II canonizó a un paisano suyo: Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano, nacido el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola. Estuvo presente en este acto un testigo excepcional: Franciszek Gajowniczek, un polaco ya anciano que, cuarenta y un años antes, había salvado su vida en el campo de concentración de Auschwitz, gracias al heroico gesto del nuevo santo.
Este hombre cuenta así su experiencia de aquel verano de 1941: “Yo era un veterano en el campo de Auschwitz; tenía en mi brazo tatuado el número de inscripción: 5659. Una noche, al pasar los guardianes lista, uno de nuestros compañeros no respondió cuando leyeron su nombre. Se dio al punto la alarma: los oficiales del campo desplegaron todos los dispositivos de seguridad; salieron patrullas por los alrededores. Aquella noche nos fuimos angustiados a nuestros barracones. Los dos mil internados en nuestro pabellón sabíamos que nuestra alternativa era bien trágica; si no lograban dar con el escapado, acabarían con diez de nosotros. A la mañana siguiente nos hicieron formar a todos los dos mil y nos tuvieron en posición de firmes desde las primeras horas hasta el mediodía. Nuestros cuerpos estaban debilitados al máximo por el trabajo y la escasísima alimentación. Muchos del grupo caían exánimes bajo aquel sol implacable. Hacia las tres nos dieron algo de comer y volvimos a la posición de firmes hasta la noche. El coronel Fritsch volvió a pasar lista y anunció que diez de nosotros seríamos ajusticiados”.
A la mañana siguiente, Franciszek Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel de la SS para ser ajusticiados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de su fila, después de haber sido señalado por el coronel, musitó estas palabras: “Pobre esposa mía; pobres hijos míos”. El P. Maximiliano estaba cerca y oyó estas palabras. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al coronel: “Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos”. Su ofrecimiento fue aceptado por el oficial nazi y Maximiliano Kolbe, que tenía entonces 47 años, fue condenado, junto con otros nueve prisioneros, a morir de hambre. Tres semanas después, el único prisionero que seguía vivo era el P. Kolbe, de modo que le fue aplicada una inyección letal que terminó definitivamente con su vida. Maximiliano Kolbe había vivido su ministerio pastoral en Polonia y Japón, donde había pasado cinco años como misionero. Con este gesto sellaba una vida de entrega permanente.
Jesús nos invita a amarnos como Él nos ama: “Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes”. Y en seguida explica lo que esto significa: “El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos”. Es decir, que el amor que Jesús nos tiene es un amor capaz de entregar la propia vida para que los demás vivan. Esa es la tarea de todos los que queremos seguir a Jesús. Esta es la fuente de nuestra alegría: “Les hablo así para que se alegren conmigo y su alegría sea completa”. No siempre se tratará de situaciones tan extremas como las que vivió san Maximiliano Kolbe, pero siempre el amor pasa por la entrega de la propia vida.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Decano académico de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Javeriana – Bogotá
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”,
puedes escribir a herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/232617
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Dios da el Espiritu AQUÍ a quien acepte a Cristo como pago total del temor, y donde está el Espiritu se acabaron los dictadores y comienza el idilio de Dios con el hombre.
Mejor es ayudar por gozar que verse acusado por los vetustos pensamientos tenebrosos de la religiòn, cosa todavia vigente, pues como se ve, hay quienes dicen que ellos son 'buenos' porque van a misa y que los unicos buenos son los santos y los héroes. Dios ama al hombre normal, y si es buscador, le da el Espiritu y le da la vida -gratis-, o sea, la libertad. Sin condiciones. Y además le dice que puede ser delicioso labrar los arboles del huerto, esto es, hacerse ciudadano-legislador para inaugurar la democracia del hombre sin partidos ni iglesias.
Fruto del Ãrbol de la Vida: la Presencia, Dios, que entrega toda su Alma al hombre sin tener que dar su vida (nunca Dios el Padre muriò, ni en el Eden (delicia) dijo que fuera necesario dar la vida, como dice el artículo).
Fruta del àrbol del conocimiento del Bien y del mal: sugerir a los hombres que sacrificarse en nombre de una Religión es lo mayor, y al mismo tiempo decirles que callen frente a la ley del Sistema Economico actual y que no debe abolirse la Partitocracia, impidiendo que sea el hombre el único Legislador, y no la Iglesia o los Partidos. Dios quiere el hombre desnudo, y la Religiòn antes, y la Partitocracia, ahora, lo visten de neurosis por esos mandamientos inhumanos de sacrificio. Y además lo mantienen bajo tristeza diciendole que el sufrir es bueno y que la felicidad esta en la ultratumba.
Dios da el Espiritu ...
Jardineros del ârbol del conocimiento del BIEN y del mal (la norma de moral inalterable): la Religión que condena al hombre, la Religiòn que durante quince siglos ha mantenido una maquina de opresiòn, incluyendo los ghetos y la quema de personas por la Inquisiciòn; la Religiòn que bajo el protestantismo ha construido la civilizaciòn capitalista; la Religiòn que bajo el comunismo de Hechos de los apostoles ha inspirado el Socialismo de Carlos Marx y Leonardo Boff estableciendo la ley de repartir a cada uno según su necesidad, aboliendo la ley de Dios del esfuerzo y la riqueza personal; la Religion de Moises, que dicta que matemos a la hija y a la esposa con las propias manos si nos sugieren otros mandamientos que los de Sinai (Deut. 13); la Religiòn que dice que fuera de la Iglesi...
Pobres los jardineros del arbol de la ciencia del bien y el mal.
Todo lo que sea predicar como paradigma de 'amar', las obras, es defraudar la obra de Cristo, quien dice que no es por obras, para que nadie se glorie. Sino que Dios Padre AMA: dando la presencia; y el nacido al Espiritu, dando el alma en manantial de Sentimiento al Padre: cosa de dos, sin intermediarios.
El derramamiento del Espiritu es, al sentirlo, el Alma de Dios vivo que se derrama en el corazòn de la samaritana.
Nadie tiene mayor amor que este, derramar el sentimiento de toda el alma en el corazòn del Dios vivo: esto aprendi del Padre'.
Que Jesus se tuviera que hacer el Cristo y acep...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Contacto




