“(…) si el grano de trigo al caer en tierra no muere, queda él solo”
30.10.08 @ 03:56:33. Archivado en Encuentros, CicloA
Domingo XXXI – Conmemoración de todos los fieles difuntos - Ciclo A (Juan 12, 23-28) – 2 de noviembre de 2008
En un lugar apartado de la República de Irlanda existe una caverna construida más o menos cuatro mil años antes de Cristo, conocida actualmente como Newgrange. Los arqueólogos que la descubrieron, encontraron restos humanos al fondo de la gruta, excavada en las laderas de una montaña. Es un lugar que atrae a muchos turistas cada año. El motivo de esta atracción no son sólo los restos humanos que se pueden hallar al fondo de la gruta, cosa relativamente común en muchas culturas. Se trata de una obra maestra de la creatividad humana, pues para construir esta gruta, los habitantes de aquellas tierras tuvieron que alcanzar altos conocimiento de ingeniería y astronomía. Su posición permite que los primeros rayos de sol del día 21 de diciembre, entren hasta el fondo oscuro de la tumba… Desde luego, hace falta que no esté lloviendo ni haya nubes… cosa relativamente difícil en medio del invierno irlandés… El día en que la noche es más larga en el hemisferio norte, los habitantes de estas tierras quisieron que sus muertos recibieran la luz del sol al amanecer… Así crearon un poderoso símbolo de lo que esperaban para sus muertos: Una vida más allá de la muerte. Una luz que ilumina la noche más oscura del año. Una esperanza primaveral que comienza a abrirse paso en medio de la noche más oscura del invierno y de la muerte.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
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