“¿Quién dicen que soy?”
19.08.08 @ 21:52:53. Archivado en Encuentros, CicloA
Domingo XXI Ordinario – Ciclo A (Mateo 16, 13-20) – 24 de agosto de 2008
Llaman al teléfono a una casa de familia y contesta una vocecita de unos cinco años... – Por favor, ¿está tu mamá? – No, señor, no está. – ¿Y tu papá? – Tampoco. – ¿Estás sola? – No, señor, estoy con mi hermano. El interlocutor, con la esperanza de poder hablar con algún mayor le pide que le pase a su hermano. La niña, después de unos minutos de silencio, vuelve a tomar el teléfono... – ¿Por qué no me pasas a tu hermano? Pregunta el hombre, ya un poco impacientado. – Es que no pude sacarlo de la cuna. Lo siento, dice la niña...
Al nacer, los seres humanos somos las criaturas más indefensas de la naturaleza. No podemos nada, no sabemos nada, no somos capaces de valernos por nosotros mismos para sobrevivir ni un solo día. Nuestra dependencia es total. Necesitamos del cuidado de nuestros padres o de otras personas que suplen las limitaciones y carencias que nos acompañan al nacer. Otros escogen lo que debemos vestir, cómo debemos alimentarnos, a dónde podemos ir... Alguien escoge por nosotros la fe en la que iremos creciendo, el colegio en el que aprenderemos las primeras letras, el barrio en el que viviremos ... Todo nos llega, en cierto modo, hecho o decidido y el campo de nuestra elección está casi totalmente cerrado. Solamente, poco a poco, y muy lentamente, vamos ganando en autonomía y libertad.
Tienen que pasar muchos años para que seamos capaces de elegir cómo queremos transitar nuestro camino. Este proceso, que comenzó en la indefensión más absoluta, tiene su término, que a su vez vuelve a ser un nuevo nacimiento, cuando declaramos nuestra independencia frente a nuestros progenitores. Muchas veces este proceso es más demorado o incluso no llega nunca a darse plenamente. Podemos seguir la vida entera queriendo, haciendo, diciendo, actuando y creyendo lo que otros determinan. Este camino hacia la libertad es lo más típicamente humano, tanto en el ámbito personal, como social.
La fe no escapa a esta realidad. Jesús era consciente de ello cuando pregunta primero a sus discípulos “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Es, como hemos visto, una etapa necesaria e inevitable de nuestra evolución como personas creyentes. Por allí comienza nuestra primera profesión de fe: “Algunos dicen que Juan el Bautista; otros dicen que Elías, y otros dicen...”
Pero no podemos quedarnos allí. No podemos detener nuestro camino en la afirmación de lo que otros dicen. Es indispensable llegar a afrontar, más tarde o más temprano, la pregunta que hace el Señor a los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?” Aquí ya no valen las respuestas prestadas por nuestros padres, amigos, maestros, compañeros... Cada uno, desde su libertad y autonomía, tiene que responder, directamente, esta pregunta. Pedro tiene la lucidez de decir: “Tu eres el Mesías, e Hijo de Dios viviente”. Pero cada uno deberá responder, desde su propia experiencia y sin repetir fórmulas vacías, lo que sabe de Jesús. Ya no es un conocimiento adquirido “por medios humanos”, sino la revelación que el Padre que está en el cielo nos regala por su bondad.
La pregunta que debe quedar flotando en nuestro interior este domingo es si todavía seguimos repitiendo lo que ‘otros’ dicen de Jesús o, efectivamente, podemos responder a la pregunta del Señor desde nuestra propia experiencia de encuentro con aquél que es la Palabra y el sentido último de nuestra vida. Mejor dicho, la pregunta es si somos capaces de pasar al teléfono cuando él nos llama o si todavía dependemos de alguien para responder a su llamada...
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*
* Sacerdote jesuita, Director del Centro Ignaciano de Reflexión y Ejercicios (CIRE)
Si quieres recibir semanalmente estos “Encuentros con la Palabra”, puedes escribir a herosj@hotmail.com pidiendo que te incluyan en este grupo.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/184738
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Realmente, la vida de un cristiano, no es facil, cuando realmente es cristiano, por lo que muchos somos Cristianos,y una gran parte cristinos y los demas cretinos.
Aver quein que toma el telefoono y responde la llamada del Cristo?Ayer estuve recordnado cuan era una pequeña, mi padre nos obliga a orar, recuedo en ese tiempo eremos muy pobre, pero muy felices.
Pues la gentes, estaban como mas cerca de Dios.
Cuando llegue a mis 14 o 15 años, Recibi, esa llamada que mas o menos tenia un orientación, del sacrificio de JesuCristo, cuando murio mi padre 11 del 11, del 1983, recibi el naciemiente en agua, mi bautimos, hoy tengo 44 y y todavia estoy al telefono hablan con mi Rey Jesus, REalmente valio la pena, recibir la llama del cielo que decia acerca a mi hija.
Aleja de la vanidad tu corazon y te daré a conocer cosas aocultas, y Esparame y tedaré la piedrecita blanca...
¿Por qué razón, esa pregunta ha de quedar flotando en nuestra mente?.
Creo que no tiene ninguna importancia lo que los demás piensen de Jesús, sino lo que podemos hacer para que los demás conozcan a Jesús y su mensaje de salvación.
Amar, perdonar, y ser pacíficos, es la base de ese mensaje. A veces lo olvidamos, incluso desde los foros "especializados", desde los que se esperan palabras y consejos de fe auténtica.
No olvidemos que mientras este mundo esté donde está, es tiempo de apostolado.
Y que digan los demás, lo que quieran decir...
Abrazos.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Contacto




