Encuentros con la Palabra

“(...) el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se los pidan”

22.07.16 | 15:54. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo XVII del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 11, 1-13) –24 de julio de 2016

Un conocido maestro de oración de nuestros tiempos, Anthony de Mello, se refiere a la oración de petición con estas palabras: "La oración de petición es la única forma de oración que Jesús enseñó a sus discípulos; de hecho, es prácticamente la única forma de oración que se enseña explícitamente a lo largo de toda la Biblia. Ya sé que esto suena un tanto extraño a quienes hemos sido formados en la idea de que la oración puede ser de muy diferentes tipos y que la forma de oración más elevada es la oración de adoración, mientras que la de peti¬ción, al ser una forma «egoísta» de oración, ocuparía el último lugar. De algún modo, todos hemos sentido que más tarde o más temprano hemos de «superar» esta forma inferior de oración para ascender a la contem¬plación, al amor y a la adoración, ¿no es cierto? Sin embargo, si reflexionáramos, veríamos que apenas hay forma alguna de oración, incluida la de adoración y amor, que no esté contenida en la oración de peti¬ción correctamente practicada. La petición nos hace ver nuestra absoluta dependencia de Dios; nos enseña a confiar en Él absolutamente" (De Mello, Contacto con Dios).

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“Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas (...)”

13.07.16 | 15:47. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo XVI del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 10, 38-42) –17 de julio de 2016

Si no recuerdo mal, hace algunos meses circuló por la Internet una historia de un maestro que llegó al salón de clase con una vasija de cristal muy grande y la llenó de piedras delante de sus alumnos. Al terminar de llenarla, preguntó a los estudiantes: ¿Creen que esta vasija está llena? Si. Respondieron todos al tiempo. Entonces el maestro sacó del maletín una bolsa con un poco de piedrecitas y las fue dejando caer dentro de la vasija por entre los espacios que dejaban las piedras más grandes. Volvió a preguntar el maestro: ¿Ahora sí creen que esta vasija está llena? Hubo un momento de duda y respuestas encontradas. El maestro sacó entonces una bolsa con arena y la fue depositando lentamente en la vasija. Poco a poco la arena fue llenando los espacios que dejaban las piedras grandes y las pequeñas. Por fin, el maestro preguntó. ¿Esta vez si está llena la vasija? Alguien se atrevió a decir que no. De modo que el maestro sacó una botella con agua y fue regando todo el contenido hasta llenar prácticamente la vasija. No recuerdo si ya con esto quedaba llena del todo la vasija, porque se me ocurre que podría agregarse algo de anilina para pintar el agua, o agregar un poco de sal que siempre está dispuesta a disolverse en el agua.

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“Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”

08.07.16 | 16:48. Archivado en CicloC

Domingo XV del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 10, 25-37) –10 de julio de 2016

Hace varios años, en una asamblea familiar en el barrio El Consuelo, leímos la parábola del buen samaritano que nos presenta la liturgia este domingo. Después de escuchar el texto bíblico, le pregunté a los presentes qué habían entendido. Una señora bastante mayor tomó la palabra y recapituló el contenido de la parábola diciendo: «Resulta que un hombre iba por un camino y fue asaltado por unos ladrones que lo dejaron medio muerto. Poco tiempo después pasó por allí un sacerdote y al ver al herido, dio un rodeo y siguió su camino. Luego pasó un jesuita e hizo lo mismo. Luego pasó un samaritano y se compadeció del herido, lo curó y lo ayudó». Todos los presentes quedamos impresionados con el excelente resumen que nos había hecho la señora. Lo único que hubo que corregir fue que el segundo personaje que dio un rodeo para esquivar al herido no había sido un jesuita sino un levita. Pequeña diferencia, pero significativa, teniendo en cuenta que yo estaba allí presente.

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“El reino de Dios ya está cerca de ustedes”

29.06.16 | 19:24. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo XIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 10, 1-12.17-20) –3 de julio de 2016

Una vez llegó un turista a visitar a un sabio maestro que vivía en una cabaña en medio de una montaña. Al entrar en su casa, se dio cuenta que la morada del viejo contenía un colchón en el piso y unos pocos libros amontonados en desorden. El visitante, extrañado, preguntó al maestro: «–Disculpe, ¿dónde están sus muebles?» El anciano miró con calma al visitante y respondió: «–En dónde están los suyos?» «–Pero si yo sólo estoy aquí de paso», replicó el turista. El maestro sonrió levemente y continúo: «–Yo también estoy de paso en esta vida, y mal haría en cargar mi existencia con todos los armarios de mi pasado».

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“¿Quieres que ordenemos que baje fuego del cielo, y que acabe con ellos?”

23.06.16 | 17:57. Archivado en CicloC

Domingo XIII del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 9, 51-62) –26 de junio de 2016

Un hijo y su padre estaban caminando por las montañas. De repente, el hijo se cayó, se lastimó y gritó: "¡AAAhhh!” Para su sorpresa, oyó una voz repitiendo, en algún lugar en la montaña: "¡AAAhhh!” Con curiosidad, el niño grito: "¿Quién eres tu?" Recibió de respuesta: "¿Quién eres tu?" Enojado con la contestación, gritó: "¡Cobarde!" Recibió de respuesta: "¡Cobarde!" Miró a su padre y le preguntó: "¿Qué sucede?" El padre sonrió y dijo: "Hijo mío, presta atención". Y entonces el padre grito a la montaña: "¡Te admiro!" La voz respondió: "¡Te admiro!" De nuevo el hombre grito: "¡Eres un campeón!" La voz respondió: "¡Eres un campeón!" El niño estaba asombrado, pero no entendía. Luego el padre explicó: "La gente lo llama ECO, pero en realidad es la VIDA. Te devuelve todo lo que dices o haces... Nuestra vida es simplemente reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas más competitividad en tu grupo, ejercita tu competencia. Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso exactamente aquello que tu le has dado". Tu vida no es una coincidencia. Es un reflejo de ti.

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“(...) el que quiera salvar su vida, la perderá”

16.06.16 | 03:22. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo XII del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 9, 18-24) – 19 de junio de 2016

Muchos textos evangélicos hablan de la oración de Jesús. Otros nos presentan a Jesús orando o nos cuentan lo que decía sobre esta práctica. El Evangelio según san Lucas, que estamos siguiendo este año, insiste particularmente en esta dimensión orante de la vida de Jesús. Podríamos hacerle muchas preguntas a Jesús sobre su oración: ¿Cómo oraba? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con quiénes lo hacía, o si lo hacía solo? ¿Cuánto tiempo dedicaba a ello? ¿Qué relación existía entre su oración y su vida? No es difícil llegar a responder estas preguntas si estuviéramos dispuestos a repasar los cuatro evangelios buscando los pasajes que hablan de la oración de Jesús. Uno de ellos es el que nos presenta hoy la liturgia de la Palabra: “Un día en que Jesús estaba orando solo (...)”.

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“(…) sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho”

09.06.16 | 16:56. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo XI del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 7, 36 – 8,3) – 12 de junio de 2016

Leí en alguna parte la historia de un niño de seis años llamado Luis, que se levantó muy temprano un domingo y viendo que sus papás todavía dormían, decidió prepararles unos pankakes para el desayuno. Se fue para la cocina, sacó un gran tazón y una cuchara de palo, acercó la silla a la mesa y buscó la harina entre la despensa. Al levantar la pesada bolsa de harina, para ponerla sobre la mesa, se le resbaló y comenzó el reguero más espantoso. Recogió con sus manitas todo lo que pudo de la harina y la fue colocando en el enorme tazón. El resto quedó desparramado entre la mesa, la silla y la despensa. Fue después a la nevera y sacó una caja de leche, tomó el frasco del azúcar y fue mezclando los ingredientes dentro del tazón. El resultado fue una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes.

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“Dios ha venido a ayudar a su pueblo”

01.06.16 | 22:41. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo X del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 7, 11-17) – 5 de junio de 2016

Alguna vez recibí la siguiente historia que me vino a la memoria al leer el texto que nos presenta hoy el evangelio de san Lucas: “Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno. Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar, llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde.

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“Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida”

28.05.16 | 01:16. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo del Cuerpo y la Sangre de Cristo – Ciclo C (Lucas 9, 11b-17) – 29 de mayo de 2016

Alfredo Molano, columnista del semanario El Espectador, escribió una columna que debió inquietar las conciencias de los que nos consideramos cristianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que peregrinamos en esta querida patria colombiana. Creo que no lo hizo. El artículo “Sopa de periódico” decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Se podrá decir que es demagogia, se podrá decir que es fantasía, pero como lo vi con mis ojos, debo contarlo: Hay gente en Bogotá –no importa el número– que se alimenta con un extravagante menjurje llamado Sopa de Papel. O Sopa de Periódico. La receta es sencilla: se pone agua a hervir en un caldero y se le agrega un periódico picado; cuando se deslíe el papel y forme una especie de colada gris negruzca, se añade un cubito concentrado de caldo de res, de gallina o de pescado. Se rebulle constantemente hasta que la sopa adquiera consistencia. Se le agrega sal y un picadillo de cilantro. Se toma”.

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“Estamos en paz con Dios”

28.05.16 | 01:16. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo de Santísima Trinidad – Ciclo C
Mayo 22 de 2016

Proverbios 8, 22-31
Salmo 8
Romanos 5, 1-5
Juan 16, 12-15

Algunos datos aterradores, publicados recientemente por la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y tomados de la Unidad de Víctimas, el Centro de Memoria Histórica y la Dirección para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, hablan de 7.9 millones de víctimas en los últimos cincuenta años. Entre ellos, aproximadamente 6.7 millones de víctimas del desplazamiento; al menos 220.000 víctimas de homicidios; al menos 74.000 víctimas de ataques a poblaciones; al menos 45.000 víctimas de desapariciones forzadas; al menos 30.000 víctimas de secuestros; al menos 13.000 víctimas de violencia sexual; al menos 11.000 víctimas de minas antipersonal; al menos 10.000 víctimas de tortura; al menos 9.000 víctimas de despojo o abandono forzado de tierras; al menos 7.000 víctimas de reclutamiento forzado; al menos 2.500 víctimas de ejecuciones extrajudiciales y al menos 2.000 masacres. Números que cuando tienen rostro y nombre propio, hacen que nos llenemos de vergüenza y dolor como colombianos. No todos tenemos las mismas responsabilidades en esta grave situación, pero todo esto es el resultado de una historia de odios entretejidos de la cual, sin duda, también hacemos parte. Estas cifras nos invitan a reflexionar muy profundamente sobre la grave crisis humanitaria que reflejan.

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“Tengo mucho más que decirles”

28.05.16 | 01:14. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo de la Santísima Trinidad– Ciclo C (Juan 16, 12-15) – 22 de mayo de 2016

En una de las capillas de Vila Kostka, la casa de Ejercicios de los jesuitas cerca de Sao Pablo, Brasil, hay un inmenso mural inspirado en uno de los más famosos íconos de la Iglesia Oriental. El cuadro original, atribuido a Andrei Rublev, es de mediados del siglo XV y se conserva en Moscú. Representa un pasaje del libro del Génesis, cuando Dios se apareció a Abraham junto al encinar de Mambré: “El Señor se apareció a Abraham en el bosque de encinas de Mambré, mientras Abraham estaba sentado a la entrada de su tienda de campaña, como a mediodía. Abraham levantó la vista y vio que tres hombres estaban de pie frente a él. Al verlos, se levantó rápidamente a recibirlos, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente y dijo: – Mi señor, por favor, le suplico que no se vaya en seguida” (Génesis 18, 1-3). Uno de estos tres hombres fue el que le reveló a Abraham la promesa de Dios, que dio origen a nuestra fe: “El año próximo volveré a visitarte, y para entonces tu esposa Sara tendrá un hijo. Mientras tanto, Sara estaba escuchando toda la conversación a espaldas de Abraham, a la entrada de la tienda. (...) Sara no pudo aguantar la risa y pensó: ¿cómo voy a tener este gusto, ahora que mi esposo y yo estamos tan viejos?” (Génesis 18, 10.12).

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“Reciban el Espíritu Santo”

13.05.16 | 19:52. Archivado en Encuentros, CicloC

Domingo de Pentecostés – Ciclo C (Juan 20, 19-23) – 15 de mayo de 2016

He oído que la experiencia de fe en las personas tiene cuatro etapas: La primera es la que viven los niños. Ellos creen lo que les dice su mamá, su papá o su profesor. Las personas mayores son las que les dan seguridad y sentido. Solos, no se sienten capaces de afrontar los peligros que constantemente los acechan. No se imaginan la vida sin tener estas personas a su lado. Una segunda etapa en el camino de la fe es la que viven los jóvenes, que creen en lo que ven hacer a sus mayores y no en lo que les dicen. Exigen coherencia, resultados. No se fían de las palabras que se lleva el viento. Necesitan pruebas, al estilo de Tomás, que necesitaba ver las heridas en las manos, en los pies y en el costado del Señor. La tercera etapa es la de los adultos, que creen solamente en lo que ellos mismos hacen y no en lo que les dicen los demás o en lo que ven hacer a los otros. Las personas adultas se van haciendo autónomas, se rigen por sus propios principios. Un adulto sabe que lo que él mismo no hace, nadie lo hará por él. La cuarta etapa que vivimos en nuestro camino de fe, es la del anciano, que cree en Dios, sin más. Ha vivido muchas experiencias y se ha ido desengañando de infinidad de seguridades pasajeras que tuvo a lo largo de su existencia. Confió en sus estudios, en su trabajo, en sus amistades, en las posesiones que tuvo. Pero, poco a poco, se ha dado cuenta de que todo esto no eran más que vanidades. Sabe que se acerca el momento definitivo del encuentro con el único Señor de su vida.

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Miércoles, 27 de julio

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