Por Carmen Pérez Rodríguez
Es una afirmación de John Henry Newman, el teólogo anglicano inglés convertido al catolicismo. Uno de los pensadores cristianos más influyentes en el mundo anglo sajón. Después de una reflexión en la que se siente el abrumador reconocimiento de la humanidad de Cristo, concluye con la afirmación de que Jesús era realmente más humano que cualquier ser humano.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Un día, con bastante urgencia, necesitábamos un libro para un chico que está en el Hospital de Parapléjicos y le pedí a un amigo que si me lo podía proporcionar. Le llamé al día siguiente por si lo me lo había conseguido y me dijo: a lo largo de la tarde te lo llevo. Lo consiguió y me lo vino a traer. Pertenece a esa gente extraña, que va “así” por la vida, haciendo y poniendo lo mejor de sí mismo. Y pertenece a esa gente extraña porque le ha pasado lo que a Juan y a Andrés, que no solo se quedaron una tarde con Jesús para ver que hacía, donde habitaba, como vivía, sino que ya le siguieron de por vida. Es profesor, ¡que suerte sus alumnos¡ ¿verdad?, y es el mismo que un día me hizo sentir que “el problema está en que nos vaya o no la vida en lo que hacemos” . Como decía otra chica que pertenece al mismo movimiento cristiano, “cuando has visto que tu experiencia es verdadera necesitas seguir. Y seguir a pesar de todo. Hay momentos muy duros y que son como un verdadero parto, pero sigues y claro “das a luz”. Estos dos amigos, y otros amigos, pertenecen a esa extraña gente que están convencidos de que con la libertad hay que hacer lo mismo que con la fe. ¿Cómo aprendieron los apóstoles a tener fe en aquel hombre? Siguiéndolo. Si Juan y Andrés hubieran ido a verle sólo aquel día, se habrían impresionado, y al cabo de diez años les habrían contado a sus hijos: hace tiempo vimos a un hombre…., pero no habrían tenido fe en aquel hombre. Lo siguieron. Y lo siguieron en la compañía en la que el Señor, al llamarlos, los ha puesto. Seguir, no hay nada más inteligente que seguir, dice Luigi Giussani.
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Por Fernando Pascual Aguirre de Cárcer
“Érase una vez...” Un político famoso abrió su página en facebook. A las pocas semanas tenía miles de “amigos”.
Un día la policía lo arrestó: había sido acusado por fraude y malversación de fondos. El escándalo fue descomunal. Miles de personas se dieron de baja en facebook de las listas de “amigos” de aquel famoso político.
Más allá de la historia, inventada pero verosímil, la realidad es que un amigo no deja de estar junto al amigo en la hora de la prueba.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Tengo un amigo, y ya es mayor, que siempre dice, profundamente convencido, que aprender a vivir es aprender a caminar. Con todo lo que implica y significa “el camino”. Y este amigo mío, dice mucho la expresión de Antonio Machado, a la que le pone un “pero. “Pero caminante no hay camino, se hace camino al andar”. El camino, ha sido y es para él la imagen más real de lo que es nuestra vida. Noviembre, es un mes muy apropiado para sentirlo, por la estación del año, por la cultura humana, y para los cristianos por las fiestas y conmemoraciones que tenemos.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Eso es lo que he sentido, necesidad de parar, de encontrarme, de ver y experimentar la claridad, la serenidad, la paz, el juicio que me haga bien, el pensamiento que aclare mi situación, que ayude a ver y a comprender lo que vivo, actuaciones, relaciones con los demás. Uno de los signos de nuestro momento es el embarullamiento, las milongas - milongas en el sentido de palabrería, engaño, cuento-, el bailoteo de ideas que además son incompatibles, y pensándolo, irracionales. También la jerga de palabras en cosas importantes, religión, problemas políticos, sociales. Me viene muchas veces a la mente la novela del escritor español, el Padre Isla, Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Es una obra esencialmente crítica para poner en ridículo el lenguaje rebuscado y sin ningún sentido de Fray Gerundio. Por contraste con fray Prudencia, hombre sabio y prudente, que trata de parar ese hablar tanto sin decir nada, y expresar lo que realmente conmueva a la persona.
El razonamiento serio y sereno no parece ser un signo de nuestro tiempo.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Algunos de Vds. saben que me gusta mucho Lewis. Me centro en la carta IV de un diablo a su sobrino. Son las cartas que escribe un demonio ya mayor y retirado, Escrutopo, a otro joven, Orugario, en su primera misión con un “paciente”. El paciente, es la persona a la que ha de tentar. Pues en esta carta le escribe en torno al penoso tema de la oración. Le empieza recriminando porque ha eludido su responsabilidad ante algo tan importante como es para los humanos la oración. El Enemigo, Dios, los ha creado así, con esa extraña capacidad que es la oración. Y tan extraña capacidad, que es la forma que El tiene de relacionarse con ellos.. Por eso lo mejor es alejar totalmente al paciente de la intención de rezar en serio. Porque si los humanos oran puede suceder cualquier cosa...
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Por Manuel Benayas García
Emmanuel Levinas, filósofo judío del siglo XX, denominaba filosofía de lo neutro aquella que “exalta la obediencia que ningún rostro manda”. Este resplandor frío de las ideas políticamente correctas sería el rasgo que configuraría la espiritualidad laicista. Se trata de un fatalismo opresivo del que emanan todo un entramado de ideas y actitudes que se articulan según la siguiente lógica:
- El igualitarismo propiciado por el Estado es la única garantía de la auténtica libertad.
- Este igualitarismo estatal recibe el nombre de “lo público” y vendría a ser el dios del laicismo, constituyendo la verdadera dimensión de la realidad.
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Por Fernando Pascual Aguirre de Cárcer
Cuando hablamos de justicia, pensamos enseguida en clave internacional o en “macroeconomía”: países muy ricos y países muy pobres; personas dotadas de millones de dólares y otras personas que apenas tienen un poco de pan cada día; bancos que especulan con el dinero y pordioseros que esperan unas monedas arrojadas por los viandantes.
Luego, pensamos en los problemas más cercanos: la justicia en la empresa, en la ciudad, en la nación. Creemos que hay mucha injusticia, que algunos (personas o instituciones) roban a los demás. Conocemos casos de abusos a todos los niveles: en la fábrica, en los sistemas de vigilancia, en el control del dinero. Vemos a obreros que inician huelgas y protestas para pedir sus derechos, leemos las discusiones de los políticos para lograr mejoras sociales sin que se note realmente nada nuevo. La justicia siempre está de moda.
Convendría, sin embargo, fijarnos en otras formas de justicia de las que se habla menos, pero que no dejan de ser importantes.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Los principios son como faros. Son como leyes naturales que no se pueden quebrantar. Claro aquí está el quid del problema, la urgente necesidad de que estos principios sean reconocidos como faros y no se legisle nada, absolutamente nada, fuera de la luz de estos principios. Comentábamos un día que Cecil B. de Mille acerca de los principios contenidos en su monumental película Los diez mandamientos dijo: Nosotros no podemos quebrantar la ley. Sólo podemos quebrantarnos a nosotros mismos y en contra de la ley. Y esto es lo que nos está ocurriendo. Estamos quebrantando nuestra dignidad humana.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
¿No creen que es muy corriente en la vida ir con un doble patrón de conducta? Pienso, en concreto, en nuestra relación con los demás. Hacemos una separación grande en la vida entre lo que a nosotros nos corresponde, nos molesta, nos duele, nos afecta, nos interesa, y lo que afecta a los demás y corresponde a los demás. Un doble patrón y una doble medida. Nos fijamos en lo que nos resulta irritante de los demás, tanto en sus actuaciones, como en sus palabras, gestos, silencios. En las más diversas situaciones podemos salir convencidos de que somos totalmente inocentes, el culpable es el otro. o los otros. Después de cada discusión, y en el mejor de los casos de “pretendidos diálogos”, nos justificamos diciéndonos: lo único que he hecho ha sido preguntarle, o indicarle. Yo lo que he hecho…, pero si yo lo que quería…,¡vamos¡, si yo lo que pretendía… Ahora no toca pensar en el socorrido y frecuente “pues él más, que al fin y al cabo es el culpable” “si es que esa persona es así”. En fín las mil muletillas conocidas con que nos defendemos, justificamos y queremos quedar tranquilos.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Siempre para mí la amistad ha sido algo fundamental en mi vida. No se si por influencia de Sta. Teresa de Jesús. Hoy me van a permitir un cuento, no tan cuento, que escribí cuando era joven, hace mucho tiempo. Haré algún arreglillo para que no sea largo. Se llama así: Los ojos de Samuel.
Se muere Samuel...«De hoy no pasa», han dicho los médicos. Samuel, el muchacho joven de cara abierta y despejada. El muchacho que sólo puede mirar hacia dentro, porque es ciego. Un accidente, cuando apenas tenía seis años, unas curas mal hechas y... consecuencia de ello, la ceguera. Pero Samuel es rico. Él va descubriendo una a una todas las cosas tan estupendas que tenemos dentro; y además... tiene un amigo. Samuel sabe todos los días de qué color es el cielo, sabe que hay nubes rosadas de formas caprichosas, sabe que las estrellas parpadean deslumbradas al ver nuestro mundo. Conoce los senderos estrechos de la montaña, la belleza de las cuevas subterráneas y disfruta con el paisaje austero de horizonte limpio. Samuel es feliz. Samuel tiene un amigo. No importa cual es el nombre del amigo. Quizá sea mejor no decirlo. Un nombre sólo nos parecería insulso y hasta superficial.
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Por Jorge González Guadalix
Esto es apenas una fábula. Pero el cuentecillo tiene después su moraleja.
Había una vez un partido político al que vamos a llamar PMRNA. Siglas que lo definen como marxista, republicano, nacionalista y ateo. Que decidió, para mejor formar a sus militantes, impartir unos cursos sobre su ideología y publicar libros para divulgar su pensamiento.
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