En cristiano

Bioética y filosofía

Por Fernando Pascual Aguirre de Cárcer

No existe ninguna bioética sin bases filosóficas. O, en positivo, la bioética siempre se construye sobre la filosofía.

Porque para hablar sobre lo correcto y lo incorrecto en el ámbito de la medicina, de la experimentación, de los comportamientos humanos que afectan la vida de otros hombres y de otros vivientes, hace falta recurrir a la filosofía.

La filosofía ayuda a distinguir entre viviente y no viviente, entre hombre, animal y planta. Explica, además, la diferencia entre un acto libre y un acto determinístico, entre valores verdaderos y valores falsos, entre lo justo y lo injusto.

Nos damos cuenta enseguida de que una filosofía correcta llevará a una bioética buena; en cambio, una filosofía equivocada terminará, seguramente, en una bioética mala y desviada.

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Ha afirmado, no ha negado

Por Carmen Pérez Rodríguez

Uno de los grandes interrogantes y una de las grandes preocupaciones, que muchos tenemos hoy en España, es saber al servicio de qué concepciones del hombre se ponen los medios educativos y donde van realmente los impuestos que todos pagamos para el mejoramiento social de todos. Realmente en la medida en que se sepa qué es el hombre cabe tener puntos de mira y referencia para saber orientar todo. Desde luego no nos aportan una respuesta los pobres reduccionismos, ni los cicateros y vagos humanismos que hay a la base de los planteamientos que se nos están haciendo.

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60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Defender, en serio, los derechos humanos

(Desde El Canyamelar (Valencia) José Ángel Crespo Flor).-
Hace algún tiempo ya hablamos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo hicimos con ocasión de celebrarse en este 2008 el 60 aniversario de aquella Declaración que iba a transformar - o al menos eso era lo que se pretendía - el mundo del siglo XX.
La Hermandad del Cristo de los Afligidos llegó a publicitar esa Declaración Universal de los Derechos Humanos para, por una parte recordarlos y actualizarlos y también para que quienes no a conocían supieran de su presencia y de su actualidad. Porque pese a estos 60 años que han pasado de aquella Declaración, los Derechos Humanos siguen de actualidad y están totalmente vigentes.

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Pensar es vivir dos veces

Por Carmen Pérez Rodríguez
Siente el pensamiento, piensa el sentimiento. Pensar es vivir dos veces, lo dijo Unamuno. Muy propio de D. Miguel para, en el fondo, decir lo que dijo Calderón de la Barca: quien vive sin pensar, no puede decir que vive. Porque sentir el pensamiento y pensar el sentimiento es realmente vivir. El pensar configura la vida del que piensa. No se aprende sin pensar. No es realmente pensar sino se aprende. Confucio decía que aprender sin pensar es tiempo perdido, y pensar sin aprender es peligroso. Todos debemos pensar y ser conscientes de nuestros pensamientos. Es algo que no podemos ahorrarnos, porque otros pensaran por nosotros. Y no están los tiempos para ello. Decimos con mucha facilidad “el sí “ y “el no”, las más breves palabras. Y las más definitivas en nuestra vida. Tendrían que ser afirmación o negación de algo que realmente hemos pensado. Sabemos, en teoría, que la educación consiste en enseñar no lo que se debe pensar sino a pensar. Tanto daño puede hacernos actuar sin pensar, como pensar sin actuar.

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Una afirmación rotunda

Por Carmen Pérez Rodríguez

“No se debe hablar jamás de Dios de memoria, no se debe hablar jamás de El como de un ausente” (Maurice Blondel) Esta afirmación tan rotunda y clara ha brotado de la experiencia hecha convicción de un pensador francés que murió en 1941. Las coordenadas de su obra hay que buscarlas en su vivencia religiosa. Le impresionaba la indiferencia religiosa de sectores muy concretos de la intelectualidad francesa. Y sin embargo compartía con muchos de ellos el afán de rigor intelectual y científico. Siempre estaba dispuesto a entablar un diálogo serio y profundo que llevara a plantearse con hondura las cuestiones religiosas. “No se debe hablar jamás de Dios de memoria, no se debe hablar jamás de El como de un ausente”

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Un congreso

Por Carmen Pérez Rodríguez
Voy a pensar en voz alta con Vds sobre “un congreso” y no sobre un concilio (del latín concilium) que es por definición, una reunión o asamblea de autoridades religiosas- obispos y otros eclesiásticos- generalmente efectuada por la Iglesia Católica u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina. Por eso no hablo de concilio porque es que ya no podría hablar.

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Chesterton, Santo Tomás de Aquino y la Civilización del amor

Tercera Conferencia Internacional sobre Chesterton

SAN RAFAEL, domingo, 7 octubre 2007 (ZENIT.org).-
La III Conferencia Internacional sobre la figura y el pensamiento de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) tendrá lugar del 9 al 11 de octubre próximos, en el Seminario «María Madre del Verbo Encarnado», en San Rafael, Mendoza, Argentina.
Estas Conferencias internacionales son patrocinadas por «The G. K. Chesterton Institute for Faith & Culture», y el «Center for Catholic Studies», de la Universidad Seton Hall de Nueva Jersey, Estados Unidos.

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La vida es como el eco

Por Carmen Pérez Rodríguez

Es una anécdota conocida, no se si más en lugares montañosos. Un abuelo cuenta a sus nietos: Mi padre y yo íbamos de camino por las montañas. Me caí y lancé un fuerte gemido. Para mi sorpresa se repitió en las montañas. Con la curiosidad propia de mi edad grité:¿Quién está ahí? Y recibí una respuesta: ¿Quién está ahí? Enfadado volví a gritar: Cobarde. Y volví a recibir respuesta: Cobarde. Miré a mi padre, a quien siempre tuve la suerte de poderle preguntar todo: ¿Qué sucede? Sonrío y me dijo: Hijo, presta atención. Se volvió hacia donde más pudiera oírsele en las montañas y gritó: Te admiro. La voz respondió: Te admiro. De nuevo gritó: Eres un campeón. Y la voz nos devolvió: Eres un campeón. Y de nuevo gritó mi padre: Estás lleno de éxitos. Y la voz respondió: Estás llenos de éxitos. Me quedé asombrado y quise comprender lo que mi padre había hecho.

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El trípode

Por Carmen Pérez Rodríguez

El trípode es ese armazón tan bueno y seguro para sostener instrumentos geodésicos, fotográficos etc. o esas mesas, banquillos etc. de tres pies. Vamos tres patas que sostienen. Por eso he pensado en el trípode con sus tres patas: fe, esperanza y amor para vivir. Primero pensemos en este trípode desde un punto de vista humano.
La fe es una actitud de la totalidad de la persona. Es un hábito de vida, supone respeto, reconocimiento, confianza. Una persona que no cree es dura, fría, recelosa. Algún problema tiene la persona que va por la vida sin creer en los demás, siempre a la defensiva; interpretando y juzgando desde un punto de vista negativo. Por el contrario la fe implica fidelidad, lealtad. Por la fe tenemos buen concepto de las personas. La fe supone seguridad. Está unida a la verdad. Ilumina nuestra vida, aceptamos las palabras de los otros, las entendemos confiadamente y pensamos en su veracidad. Vamos que es necesaria para ver, es el gran telescopio.

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Cuando yo era niño hablaba como niño

Por Carmen Pérez Rodríguez

“La madurez cristiana” es el titulo de uno de los sermones parroquiales del Cardenal Newman y lo centraba en el comentario del siguiente texo: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía como niño, razonaba como niño. Cuando he llegado a ser hombre, me he desprendido de las cosas de niño” La fe es la respuesta personal que damos a otra persona. Como ocurre con la confianza y el cariño. Y esta fe, esta confianza y amor configuran la vida humana. Mil y un ejemplos se nos ocurren a cada uno de este ser niño, hablar como niño, sentir como niño y razonar como niño desde nuestra fe, confianza y amor. Y otros tantos ejemplo de todo lo que nos hemos desprendido de nuestras cosas de niños, y hemos llegado a mayores. Eso es lo que se nos quiere decir con la madurez cristiana, con la madurez que lleva consigo la fe en Jesucristo.

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La alegría de la fe en la resurrección

Por Carmen Pérez Rodríguez

La alegría. La alegría verdadera brota de un manantial inagotable de nuestro interior Es relativamente fácil apreciar si una persona es alegre o no. La forma en que vive las situaciones fáciles y difíciles, como ilumina la vida, como ve sus cualidades, y las de los demás, como sabe reaccionar ante las circunstancias. Desde luego una persona alegre no es resentida, envidiosa, timorata. Es muy diferente una persona divertida, de una persona alegre, la diferencia está en la interioridad, en la profundidad, en la serenidad, en la afabilidad, en la comprensión, en su sentido de la vida. La persona divertida quiere que si ella está contenta todos lo estén y si está triste exige comprensión. El quid está en la exigencia para con los demás, como si los demás tuvieran que darnos lo que nosotros por nosotros mismos no tenemos.

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La inmortalidad

Por Carmen Pérez Rodríguez

¡Vaya tema para un ratito¡ ya lo iremos, cada uno, pensado despacio. Pero ¿no es lo que realmente nos importa? La vida siempre, la inmortalidad, nuestra propia resurrección. Ha sido un Pepito Grillo el que me lo ha provocado con una conversación y un escrito suscitado por su lectura del Cardenal Newman. Este amigo ha puesto en mis manos ese libro de John Henry Newman, pastor protestante convertido al catolicismo y para todos nosotros el famoso Cardenal Newman. Pues en el libro de los Sermones Parroquiales, el sermón 2 tiene el siguiente título: La inmortalidad del alma. Y la siguiente cita “Porque ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Y entonces, al leerlo, más complicado, me he acordado del Sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno. En el dice algo muy gráfico y entendible: que Kant, reconstruyó con el corazón lo que con la cabeza había abatido, libertad, inmortalidad, Dios. Las tres grandes cuestiones.

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Jueves, 21 de junio

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