Por Carmen Pérez Rodríguez
“Por mucho que cierre los ojos, no por eso el sol dejará de existir”. Sin embargo muchos de nosotros cerramos los ojos, los tenemos cerrados y nos obstinamos en creer que están abiertos. Y nos escandalizamos de no ver lo que nos impedimos ver nosotros mismos. (Henry de Lubac) La fe implica un verdadero comienzo. Volverse creyente, es en efecto, un comienzo. Es posible alegar razones en nuestra fe, encontrar explicaciones, descubrir relaciones, recurrir a acontecimientos vividos y hasta concretar pruebas. Pero en la raíz de todo está el hecho de que la fe propiamente dicha es un comienzo de orden existencial. No se puede deducir de nada. No es parecido a un conocimiento que se razona y del que se extraen conclusiones finales.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
He leído que Sartre, el filósofo del absurdo, en una reunión defendía con vehemencia y argumentaba, con muchos efectos dialécticos, que la verdad no existía. En esto, una discípula, enardecida por su entusiasmo hacia el maestro exclamó: ¡qué gran verdad ésta¡. Y todos tan contentos. Verdaderamente una afirmación así en ese clima y en ese ambiente te habla de esperanza . ¡Qué gran verdad esta¡ O sea que hasta el escepticismo requiere de la verdad. Y se pone de manifiesto la gran necesidad que tiene el ser humano de verdad, de certeza. Decía Chesterton, con su acostumbrada ironía y forma paradójica de expresarse, que la mayoría de los escépticos parecen sobrevivir porque son escépticos inconsecuentes y nada fundamentales. Es fácil hablar mal de la razón, de sus anhelos de verdad, de certeza, de infinito. Pero solo se consigue en nombre de la misma razón.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Seño, ¿existe el alma?, le ha preguntado una alumna de segundo de la ESO a su tutora y profesora de Lengua y Literatura. Cuando preguntamos seño, ¿existe el alma, existe Dios? ¿Desde que horizonte lo hacemos? ¿Desde que presupuestos? ¿Y que contenido le damos? Pero nuestra pregunta hoy sería concretamente: seño ¿qué es eso de la Trinidad? Porque debe ser muy importante cuando tanto nos dicen que Dios es uno y trino, y es realmente la profesión de fe cristiana, el credo cristiano. Nada de que eso a nosotros no nos importa, eso para los teólogos.
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Por Enrique Calicó Bosch

Queridos amigos: Como cada semana, me ha llegado el artículo de Mons. José Ignacio Munilla, que se viene publicando en la prensa de Palencia. Precisamente, por eso aquí lo transcribo, éste es oportuno para aclarar las preguntas que se hace a sí mismo un tal “Blogger” el 12.04.08 @ 12:33 a raíz de mi escrito “Pedir la lluvia”, en este blog. A veces, en nuestra vida, damos la culpa al profesor que no nos ha sabido explicar –a nuestro gusto—lo que tenemos delante y no somos capaces de descubrir. Y lo que precisamente necesitamos es una profunda reflexión interiorizándola en nosotros mismos. Espero que este artículo de Mons. Munilla ayude a más de uno. Con perdón del Sr. “Blogger”, hoy día no hay “ateos”, hay “antiteos”.
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Por Carmen Pérez Rodríguez
Voy a pensar en voz alta con Vds sobre “un congreso” y no sobre un concilio (del latín concilium) que es por definición, una reunión o asamblea de autoridades religiosas- obispos y otros eclesiásticos- generalmente efectuada por la Iglesia Católica u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina. Por eso no hablo de concilio porque es que ya no podría hablar.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Estaba leyendo un libro de Henri de Lubac “Paradojas seguido de nuevas paradojas” cuando un amigo me comentó: ¿has visto lo que dicen los periódicos sobre Teresa de Calcuta? Bueno, se corrigió al ver mi cara, los periódicos no, sino tal y tal periodista, tal y tal informativo, tal y tal artículo, porque realmente hay otra gran cantidad de articulistas que han entendido lo que es la vida de fe de esta gran religiosa. No tuve que contestarle, todos leímos, comentamos y dialogamos sobre esta enorme, enorme barbaridad, y enorme falta de todo conocimiento y hasta de la más mínima cultura y capacidad humana.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Abrir la ventana con esos chicos jóvenes, que se han tenido que enfrentar a su dolor, a limitaciones fuertes físicas es la mejor escuela de vida. La familia y los amigos son su mayor fuerza y siempre están con ellos y detrás de ellos. Nos enseñan qué es lo esencial, a vivir de acuerdo a lo que merece la pena, a sacrificarse unos por otros, a pensar realmente en lo que necesita la persona a la que tanto se quiere. La familia y los amigos es la mejor comunidad creada sobre el sólido fundamento del amor, el respeto, el querer el bien del otro, el proporcionar todo lo que está a su alcance sin ningún cálculo.
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Tercera Conferencia Internacional sobre Chesterton

SAN RAFAEL, domingo, 7 octubre 2007 (ZENIT.org).- La III Conferencia Internacional sobre la figura y el pensamiento de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) tendrá lugar del 9 al 11 de octubre próximos, en el Seminario «María Madre del Verbo Encarnado», en San Rafael, Mendoza, Argentina.
Estas Conferencias internacionales son patrocinadas por «The G. K. Chesterton Institute for Faith & Culture», y el «Center for Catholic Studies», de la Universidad Seton Hall de Nueva Jersey, Estados Unidos.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Es una anécdota conocida, no se si más en lugares montañosos. Un abuelo cuenta a sus nietos: Mi padre y yo íbamos de camino por las montañas. Me caí y lancé un fuerte gemido. Para mi sorpresa se repitió en las montañas. Con la curiosidad propia de mi edad grité:¿Quién está ahí? Y recibí una respuesta: ¿Quién está ahí? Enfadado volví a gritar: Cobarde. Y volví a recibir respuesta: Cobarde. Miré a mi padre, a quien siempre tuve la suerte de poderle preguntar todo: ¿Qué sucede? Sonrío y me dijo: Hijo, presta atención. Se volvió hacia donde más pudiera oírsele en las montañas y gritó: Te admiro. La voz respondió: Te admiro. De nuevo gritó: Eres un campeón. Y la voz nos devolvió: Eres un campeón. Y de nuevo gritó mi padre: Estás lleno de éxitos. Y la voz respondió: Estás llenos de éxitos. Me quedé asombrado y quise comprender lo que mi padre había hecho.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

El trípode es ese armazón tan bueno y seguro para sostener instrumentos geodésicos, fotográficos etc. o esas mesas, banquillos etc. de tres pies. Vamos tres patas que sostienen. Por eso he pensado en el trípode con sus tres patas: fe, esperanza y amor para vivir. Primero pensemos en este trípode desde un punto de vista humano.
La fe es una actitud de la totalidad de la persona. Es un hábito de vida, supone respeto, reconocimiento, confianza. Una persona que no cree es dura, fría, recelosa. Algún problema tiene la persona que va por la vida sin creer en los demás, siempre a la defensiva; interpretando y juzgando desde un punto de vista negativo. Por el contrario la fe implica fidelidad, lealtad. Por la fe tenemos buen concepto de las personas. La fe supone seguridad. Está unida a la verdad. Ilumina nuestra vida, aceptamos las palabras de los otros, las entendemos confiadamente y pensamos en su veracidad. Vamos que es necesaria para ver, es el gran telescopio.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

La alegría. La alegría verdadera brota de un manantial inagotable de nuestro interior Es relativamente fácil apreciar si una persona es alegre o no. La forma en que vive las situaciones fáciles y difíciles, como ilumina la vida, como ve sus cualidades, y las de los demás, como sabe reaccionar ante las circunstancias. Desde luego una persona alegre no es resentida, envidiosa, timorata. Es muy diferente una persona divertida, de una persona alegre, la diferencia está en la interioridad, en la profundidad, en la serenidad, en la afabilidad, en la comprensión, en su sentido de la vida. La persona divertida quiere que si ella está contenta todos lo estén y si está triste exige comprensión. El quid está en la exigencia para con los demás, como si los demás tuvieran que darnos lo que nosotros por nosotros mismos no tenemos.
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Por Carmen Pérez Rodríguez

¡Vaya tema para un ratito¡ ya lo iremos, cada uno, pensado despacio. Pero ¿no es lo que realmente nos importa? La vida siempre, la inmortalidad, nuestra propia resurrección. Ha sido un Pepito Grillo el que me lo ha provocado con una conversación y un escrito suscitado por su lectura del Cardenal Newman. Este amigo ha puesto en mis manos ese libro de John Henry Newman, pastor protestante convertido al catolicismo y para todos nosotros el famoso Cardenal Newman. Pues en el libro de los Sermones Parroquiales, el sermón 2 tiene el siguiente título: La inmortalidad del alma. Y la siguiente cita “Porque ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Y entonces, al leerlo, más complicado, me he acordado del Sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno. En el dice algo muy gráfico y entendible: que Kant, reconstruyó con el corazón lo que con la cabeza había abatido, libertad, inmortalidad, Dios. Las tres grandes cuestiones.
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