En cristiano

Respeto y atención en la vida humana

26.06.11 | 15:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez

Por Carmen Pérez Rodríguez

Es un tema que ya hemos tratado en otras ocasiones: lo fundamental que es el respeto y cómo es la raíz de todo en la persona. La grandeza o pobreza de la persona se puede medir por su calidad en el respeto. El respeto siempre implica grandeza interior.

Quien quiera comprender la vida humana haría muy bien en considerar lo que es y significa el respeto y la atención en la vida humana. ¡Qué bien y qué cambio puede experimentar una persona si así la vive¡ ¡Cómo cambiarían los problemas de las personas, de su propia autoestima, al ser concientes de esta gran realidad en la vida humana¡ Respeto, veneración, miramiento, consideración, deferencia. También miedo, temor. Pero un temor y un miedo fecundos, vitales. Ese temor y miedo que sentimos de tocar y coger algo que es grande, que nos excede. Algo que no se maneja a voluntad y que produce y causa los mejores sentimientos. Implica no tomar posesión y servirse para provecho propio.

Dice Romano Guardini, en el profundísimo análisis que hace del respeto, que en alemán la palabra es ya extraña: es la yuxtaposición de dos que significan temor y honor. No es un temor que abruma, ni del que tenga que defenderse o cause dolor. Es un temor que no lucha, que no huye, aunque guarda distancia. Desde luego el respeto es el camino a la comprensión porque permite que aquello subsista libremente y resplandezca. Esta alejado completamente de la violencia, de la envidia, del resentimiento, de la agresión, del querer dominar y contralar.

El respeto toma una forma cotidiana que es la atención, el cuidado. Es algo elemental para que los seres humanos nos tratemos como seres humanos. La atención es tomar en serio al otro, comprender y sentir su individualidad, su esfera privada, tratarle con veracidad y justicia. El ambiente que vivimos, las tensiones en nuestra vida ordinaria, los comentarios, los cotilleos, lo que nos presentan, demasiado frecuentemente los medios de comunicación, es todo lo contrario a lo que estamos tratando. La atención es necesaria donde quiera que se trate de algo humano.

El respeto se despierta ante la grande, la gran personalidad, la gran creación. Realmente en su raíz tiene un sentido de trascendencia, de algo sagrado, digno de veneración. Es la expresión de la buena índole, de la buena condición de una persona. Y el campo que abarca evidentemente es toda la vida humana, desde lo religioso hasta su manera de estar en la vida cotidiana que se llama más concretamente, como hemos dicho, atención. Despiertan a lo grande y noble y también comprenden la debilidad.
Es bueno que exista la grandeza aunque no sea en mí, sino en el otro. Por el respeto se establece un especio libre y desparece la envidia. Por el contrario si no se deja ser al otro, valer con toda honradez, reconocer lo bueno, lo grande, surge un rencor que trata de hacerla pequeña, mancharla. Se empieza a criticar, se buscan razones, defectos para poder decir que el alabado no está en ese campo, no se merece esa alabanza. Todo se hace mezquino, y se pone al envidiado por debajo.

Pero ahora pensemos en algo real, importantísimo y que fácilmente podemos comprender y experimentar. La persona que reconoce lo bueno, las capacidades, las obras, la realidad que sea, con libertad, porque la grandeza es hermosa, aunque pertenezca a otro, ocurre algo prodigioso: en ese mismo instante, el que respeta crece, se hace inmenso, nos conmueve, se pone al lado de aquel, a su mismo nivel precisamente porque ha comprendido y reconocido la grandeza. Esta es la gran capacidad del ser humano. Realmente la auténtica educación es capacidad de juicio. El juicio pone en evidencia la veracidad de nuestra vida, nuestras medidas; nuestra veracidad y nuestras medidas para lo grande y lo pequeño para lo que es auténtico e inauténtico. Saber encontrar la grandeza, saberla reconocer donde sea y en lo que sea, no acorazarse, protegerse, defenderse contra ella, con el rencor o la envidia del que no puede, sino abrirse y reconocer lo que es bueno, da medidas y hace capaz de juzgar. Y es la misma capacidad la que percibe situaciones débiles, de desprotección y desvalimiento y uno se siente conmocionado, tocado por el destino humano. El hombre de buena condición tiene respeto ante la grandeza, pero también ante el inexperto, el débil, el que sufre, el oprimido.

Y todo respeto desemboca en el respeto a lo sagrado. ¡Cómo se pone de manifiesto la barbarie, la agresividad y violencia de nuestro momento, en la manera de comportarse ante lo sagrado. Es prueba de manifiesta de corrupción que lo sagrado provoque rebelión en el hombre y le incite a la burla, a la irreverencia, a la violencia. ¡Cuantos de todas estos sentimientos y actuaciones se han hecho poder político¡ Desde luego el acto básico del respeto es la adoración de Dios. Significa que El existe, El es el creador, y somos sus criaturas. Todo lo bueno que hay en el hombre es elemento de su condición a imagen y semejanza de Dios. ¡Qué expresión tan profunda la de Romano Guardini cuando dice que adoración es verdad realizada. Cuántos de Vds. estarán pensando en la falta de respeto y atención que vivimos, en las agresiones que se dan constantemente precisamente por la falta del sentido de lo sagrado, de la trascendencia. Concretamente por la ausencia de Dios, de sentir y vivir sabiéndose creación suya y sabiendo que todos y todo es creación suya.

El respeto y la atención en nuestra vida es mucho más fundamental de lo que a simple vista parece.


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