En cristiano

Al no siempre responde con un sí

22.06.11 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez

Por Carmen Pérez Rodríguez

Ante una fiesta tan especial como es la de Corpus Christi he sentido necesidad de ver el Sí de Dios en Jesucristo, en su Presencia entre nosotros frente a todos nuestros “noes”. Su Sí en la Eucaristía es un Sí permanente y siempre actual. El cristiano no cree en una multiplicidad de cosas. En el fondo cree simplemente en Dios, cree que hay realmente un único Dios. Y este Dios se manifiesta en Jesucristo.

Sí, el cristianismo cree en un único Dios que es Padre con toda la riqueza y plenitud de lo que significa ser Padre, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo invisible y lo invisible y en Jesucristo su único hijo, en el que respondió ya para siempre con un SI a todos nuestros “noes”.

Me centro en la historia desde la creación del mundo. En Dios que, en esta historia, al No del hombre responde siempre con un Si. Eso acontece desde la imagen y el símbolo del “no” de Adán y Eva hasta nuestros propios “noes”. Somos seres libres y responsables, así fuimos creados. Dios siempre espera la libre decisión del hombre. Y ahí esta nuestra historia. Y siempre una nueva posibilidad, de cada “no” del ser humano hace brotar una nueva vía del amor. Esta es la historia.

Me comenta una persona que ella desde hace tiempo tiene la sensación, ¡bendita sensación¡, de ser un niño en brazos de su padre, un niño al que siempre su padre le sacará del lío en que se ha metido. Eso no le hace más fresco y tranquilo, todo lo contrario, despierta en él un respeto y un saber por donde debe caminar. Pero eso sí, le da confianza y seguridad de que todo tiene un sentido.

Hemos comentado lo que nos gusta esa expresión que se canta en plena Vigilia Pascual: Oh feliz culpa que mereció tan Redentor. Realmente es una expresión en la que se siente el Sí de Dios a toda la historia de la humanidad.

Una catequista le preguntó a los niños ¿Qué necesitamos para que Dios nos perdone? Y un niño, con su transparente intuición infantil y con su lógica aplastante, dijo: que hagamos algo mal.- Muy bien, evidente, le dijo su catequista, ¿pero quien de nosotros no ha hecho y no hace algo mal? Y así empezaron a surgir preguntas muy concretas: ¿Y cómo se nos va a perdonar lo que no somos capaces de reconocer?¿Quién es tan tonto que se tiene por bueno y justo? ¿Cómo se puede hablar de perdón sin una relación de cariño, de amistad? ¿No necesitamos, para saber que Dios nos perdona, confiar en El, saber que nos ama y quiere y espera lo mejor para nosotros?

Cristo vino a encontrarse con los pecadores. Al que mucho ama, mucho se le perdona. El que perdona es Dios Padre, nos lo ganó Cristo: por eso siempre se acaba mejor de lo que estábamos antes de hacer algo mal. Desde el comienzo, desde el no de Adán y Eva, el “no” de Babel, todos los “noes” que se nos describen en la historia del Antiguo Testamento quedan superados por el Sí de Cristo desde su Encarnación hasta su pasión, muerte, resurrección, ascensión y venida del Espíritu Santo. El de manera única, impensable se entrega en al Eucaristía sobre el “no” de los hombres para atraernos de este modo a su Sí. Nadie hubiera podido pensar una realidad así, crear una realidad semejante.

En la Eucaristía, en este Si de Cristo a los hombres, en su estar entre ellos, ser su comida y bebida, está la ya eterna Nueva Alianza. Es la esperanza fiable no basada en la fragilidad de nuestra voluntad sino grabada en el corazón por el amor de Dios. La Eucaristía, máxima expresión de fidelidad, amor, entrega, expresa que El no sólo actúa como Dios respecto a los hombres, sino como hombre respecto a Dios fundando así la alianza de modo irrevocablemente estable. El Sí de Dios a los hombres en Jesucristo se hace tangible en la Eucaristía, la vida divina misma se da en abundancia. El misterio de amor, el misterio de fe que es la Eucaristía, tanto como celebración como Presencia perenne, es un acontecimiento visible de reunión que –en un lugar y más allá de todos los lugares- es un entrar en comunión con el Dios vivo, que acerca desde dentro a los hombres unos a otros. La Iglesia nace de la Eucaristía. De ella recibe su unidad y su misión. El Sí de Dios une a todos los hombres en la verdadera, auténtica y perenne fraternidad.

Ante un hecho como la Eucaristía, ante un Sí así de Dios, dejémonos de entrar en análisis y discusiones, como se dice “bizantinas”. (Creo que esta expresión viene del mundo griego del Bajo imperio. Mientras los turcos se preparaban para invadir Constantinopla discutían temas intrascendentes como si no tuvieran cuestiones más importantes) La verdadera cuestión es el Sí de Dios a los hombres, en toda la realidad de lo que es la figura y el mensaje de Jesucristo, su forma de redimir,

Tomad esto, repartirlo entre vosotros; porque os dijo que no beberé desde ahora del fruto de la vida hasta que venga el reino de Dios, leemos en el Evangelio S. Lucas. Y hallamos un eco de estas mismas palabras en S. Pablo, cuyo discípulo fue Lucas: Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabras llenas de misterio que evocan los tiempos venideros. Serán claras cuando vuelva el Señor. Se entreven las promesas del Apocalipsis, las promesas de una plenitud infinita, divina. La entrada en el Sí definitivo de Dios.


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