En cristiano

La gran riqueza de la vida: la gratitud

24.12.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

¡Menudo regalo de Navidad ha sido una fiesta¡

Es la gran riqueza de la vida experimentar la gratitud. Lo más grande y noble de una persona esta en ser de condición agradecida, como decía Teresa de Jesús, esa mujer tan genial, y conocedora de la inmensa capacidad y riqueza de la persona humana. En cada cualidad buena, en cada virtud se expresa el hombre entero. Es muy semejante a lo que ocurre con las distintas flores que desde su especificidad expresan la belleza. Pues la gratitud es imposible sin riqueza interior. La gratitud es la verdadera luz interior que permite ver y reconocer, por la que uno sabe vivir.

Precisamente, por contraste la pobreza de una persona se pone de manifiesto en su ingratitud. La persona que es ingrata se incapacita para todo. Por la ingratitud se pierde literalmente toda la gracia, la fuerza de la vida. Lo hemos comentado varias veces en esta ventana. El agradecimiento solo es posible en el ámbito de la libertad, Es la respuesta de la persona en la vida, como actitud general, y actitud de cada momento. La persona agradecida abre sus ventanas para que entre el sol y proyecta afuera su propia luz.

Hoy soy una simple transmisora de la gratitud de Begoña, una madre de familia, que sigue creciendo en gratitud y fidelidad, porque vive profundamente de la gracia y de la fuerza de su matrimonio y del amor a sus tres hijos. Hemos celebrado en el Colegio donde se educó los 25 años de su salida. Ha sido precioso como han preparado todo desde la acogida, la Eucaristía, las canciones que han recordado con todo su corazón, el Power point que nos han presentado, la entrañable comida… Y la fiesta empezó así:

Venimos esta mañana a alegrarnos, a agradecer y a renovar. Con nuestros recuerdos y también con todo lo vivido fuera de estos muros. Lo que de pequeñas eran largos corredores, se han acortado, casi igual que la vida que pasa tan rápido que ’25 años no son nada’. Han pasado como un soplo, cargados de experiencias, más gratificantes que dolorosas.

Afortunadamente venir a este lugar que en cierto modo nos vio nacer y nos envió a la vida, es para nosotras bastante más que un buen rato. Agradecimiento, recuerdos, alegría del reencuentro… pero también llegar con ese no se qué interior que sabe aunque no lo explique del todo, que su vida no habría sido la misma sin este colegio, que vivir aquí no fue una elección casual y que cada uno de los acontecimientos aquí vividos ha forjado el venir de después.

Recordamos especialmente a todas las profesoras y a D. Isaías, (el sacerdote que celebraba la Eucaristía y también les ayudaba en su preparación para la Primera Comunión, y la Confirmación) que nos enseñaron y no dejaron de recordarnos que Dios nos ama, incondicionalmente, como el eco que una y otra vez repite te quiero, pase lo que pase.

Dicen nuestros padres que la mejor herencia que nos pueden dejar es la educación, y hoy aquí suscribiendo su sentir, afirmamos que, antes que todos los conocimientos técnicos, humanistas o científicos, valoramos como eje y base lo que aquí se nos dio, unas veces magistralmente, otras en la oración personal y comunitaria, otras con una sonrisa, otras con el ejemplo. Es poco un momento para calibrar lo que el corazón siente, sencillamente para ser capaces de decir en un tú a tú, en un mirar a los ojos: ha merecido la pena, gracias por el desgaste, no ha caído en saco roto, la semilla que nos disteis continúa viva en nosotras...dando fruto. Es verdaderamente muy corto y pobre para expresar que sabemos lo que hace el ‘chirimiri’ de años, un día detrás del otro por estos pasillos que un día estaban teñidos de hábitos de la orden, del rosario, del cuarto de hora de oración, del Rebañito del Niño Jesús, del club de los amigos de Jesús, del MTA…

Nos disteis fortaleza, no la de la fuerza física o las dotes personales con las que cada una venía mejor o peor cargada. Nos disteis la verdadera fortaleza, independiente de los talentos naturales: la de saber desde la cuna, que, pasara lo que pasara por fuera, El permanece fiel. Como pudisteis nos transmitisteis que allí en el interior, somos habitadas y amadas inmensamente, y eso es un sello imborrable. Especialmente gracias por abrir espacios de oración en la clase-comunidad y en la soledad- capilla.

Todas las que estamos hoy aquí, con vidas muy diferentes, decimos (más o menos explícitamente, con más o menos fe, esperanza o alegría) que nacimos a la vida sumergidas en el aroma de la gracia de este colegio, de la Presencia, del mirar hacia un poco más allá y admirarnos del amor con el que se nos llama cada día. Nada más. Gracias. Con nuestros 43 años y la experiencia vivida, decimos hoy: sí a lo que se nos entregó, aceptamos, renovamos personalmente en nuestra concreta vida de hoy: Hijas fieles de la Iglesia, con un cuarto de oración, porque sólo Dios basta. Amén.

Menudo regalo de Navidad. De Dios viene la fidelidad al mundo. Por eso podemos ser agradecidos. ¿No creen que merece la pena todo en la vida por ser capaz de vivir un agradecimiento así, por una luz así proyectada? ¿No creen que en la vida hay mucho para reconocer y dar gracias? ¿No creen que se toca el ciento por uno que dice Jesucristo en el Evangelio? ¿Qué nos estamos perdiendo si no sentimos y vivimos de la fidelidad y la gratitud?


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