En cristiano

¿Qué puedo hacer? Todo

23.12.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

He conocido a Bertin Osborne y me ha conmovido su humanidad, su cercanía. Y todo nos los da en un programa que se llama: Un granito de arena, de Intereconomía TV. También, evidentemente agradecerlo al director del programa, a su valentía y maravilloso horizonte. Cada uno con su propia vida me ha recordado a Pablo, el sacerdote de La última cima: ¿Qué puedo hacer? Todo lo que yo pueda hacer.

Es un hecho real. Una madre de familia está organizando la cena de Nochebuena, se reúne toda la familia. En la casa hay mucho trabajo y muchas cosas que preparar. Su hija mayor, una niña de unos siete años, le pregunta: Mamá, ¿qué puedo hacer? Y la madre, desde el fondo de su corazón, como habla siempre con todos, le contesta: todo lo que tú puedas hacer… ¿Qué puedo hacer? Todo lo que puedas hacer.

La niña se queda pensativa y se centra en la pregunta que le ha hecho a su madre y la respuesta que le ha dado: todo lo que puedas hacer. Y su madre le dice: a ver, Marta, piensa todo lo que puedes hacer. La niña le contesta consciente de su edad y sus posibilidades, porque ha entendido lo que su madre quiere decirle en ese todo lo que puedas hacer: puedo ayudarte a llevar y traer cosas que no pesen, puedo coger el teléfono, puedo jugar con mis hermanos para que no te interrumpan y no nos peleemos, puedo preparar con ellos una sorpresa para los abuelos, puedo...¡Uy mamá¡ puedo todo lo que te va a ayudar. Pues, hija, tu y yo vamos a hacer todo lo que podemos hacer para que esta noche sea de verdad una “Nochebuena”, una noche en la celebremos de verdad, en familia, que nació Jesús hace ya 2010 años.

Los analistas de la conducta humana conceden gran importancia a la educación y a la psicología. Pero luego se comenten auténticas contradicciones y dañosas equivocaciones. Hay una gran diferencia de unos niños a otros en cómo son educados. Y desde luego hay una gran diferencia entre ser educado como cristiano o como ateo, ser educado en un ambiente de gratuidad y gratitud ante lo que hemos recibido de Dios o no tener sentido en el por qué de nuestra vida. El niño cristiano lo coherente es que viva en un clima de amor y de fidelidad, de perdón y comprensión mutua, de entrega, trabajo y colaboración.

La diferencia para empezar está en que los niños cristianos desde el abrazo de sus padres por el que han sido engendrados, viven, con todas las dificultades, deficiencias, errores humanos, caídas y levantadas, en un ambiente de paternidad y maternidad. Dios Padre y María la Madre están presentes en la familia, en toda la casa hay signos de esta realidad: se vive a la luz del Padre nuestro, con todas las peticiones incluidas desde la primera hasta el líbranos del mal. Amen. El trabajo y la fiesta están íntimamente relacionados en su vida.

Cualquier persona agnóstica o atea, cristiana rebotada o crítica sectaria que haya conocido realmente la auténtica Navidad, no una Navidad de vacaciones, facturas de grandes almacenes, bonitos paquetes, recetas de cocina, luces de colores etc., tendrá siempre, le guste o no, una asociación en su mente de dos ideas. O la idea de un niño recién nacido, el Niño Jesús, María, José, los que le reciben, los que no le reciben, un Herodes, unos Magos importantes que vienen desde lejos fascinados por ese Niño. O por contraste la idea de una fuerza desconocida que sostiene las estrellas. Sus instintos, su razón y su corazón pueden relacionarlos aunque por toda una serie de hechos pasados, de cosas vividas, de influencias no vea la necesidad de esa relación.

Volvemos a Marta y a su mamá. ¿Qué podemos hacer? Todo. Todo lo que podemos hacer es la única respuesta cristiana, la gran respuesta que se inicia en la Navidad. Si El vino a vivir y morir como nosotros, a estar en una familia como nosotros, en unas circunstancias concretas como nosotros, vino para que los que creen en El, los que son sus amigos respondamos como Marta a su mamá. En mis circunstancias concretas ¿qué puedo hacer>? Todo lo que puedas hacer. Como hacen los padres buenos, las buenas familias, cuando se les presentan los problemas, las enfermedades, la discapacidad. Como lo hacen en Un granito de arena el director del programa, el presentador, los colaboradores.

Esa es la gran pregunta de la vida, la que ha hecho esa pequeña a su mamá. ¿Qué puedo hacer? Y esa es la gran respuesta nuestra, la de la madre a su hija: todo lo que puedes hacer. No se dan normas desde fuera, es la exigencia de la veracidad de nuestra vida, de sentir el juicio de Dios Padre en cada momento, de la fidelidad, de la entrega, de la fe y confianza en un Dios que se hace un niño y asume toda nuestra humanidad, nuestras alegrías y dolores, nuestro nacer y morir. Pero como es Dios Padre nos da su “herencia” “su vida” nuestra resurrección. No puede borrarse de nuestro corazón la convicción de hemos sido creados por un Amor que excede a nuestra comprensión, a nuestros juicios y medidas, como excede todo en la creación y más aún en ese siempre nuevo momento que celebramos: la Nochebuena.

Cada uno de nosotros, en nuestro mundo tan ajeno a ese Niño de Belén, tan deshumanizado, tan insensible a lo que realmente es la vida humana, tan ebrio de placer, tan reduccionista, tan alejado de Dios, podemos todo lo que cada uno puede hacer, como hacen tantas personas, que ponen todos los pobres medios a su alcance. En el fondo, en lo que creemos, es en lo que cada persona puede hacer, en la fidelidad concreta de las personas, sólo necesitamos todo lo que cada uno podemos hacer.

Creo que esa es la propuesta que se nos hace en Un granito de arena. Gracias.


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