Por Carmen Pérez Rodríguez
En contraposición con la falsedad de ciertas afirmaciones vagas y vulgares, la gran realidad es que el hecho cristiano, el nacimiento de un Niño tal y como aconteció, no tiene nada de abstracto, ni de mítico.
Quizá no hemos pensado seriamente lo que es la Encarnación. Un acontecimiento que significa acabar con todos los dualismos y separaciones de lo que realmente es la vida humana. Un acontecimiento en el que se siente toda la grandeza de la creación y un nuevo orden, en nuestro lenguaje, superior incluso a la creación: la redención del hombre. Este acontecimiento ha constituido el hecho más universal y al mismo tiempo el hecho más original de la historia. A millones de personas de los más diferentes lugares nos ha hecho un gran bien leer El hombre eterno de Chesterton, y en este libro centrarnos, por ejemplo, en dos capítulos: El Dios de la cueva y la Historia más extraña del mundo, que hemos comentado en otras ocasiones.
Los lugares, los hechos de los que hablan los Evangelio son concretos. La sencilla imagen de una madre y un niño, que siempre tiene ese sabor sagrado, está lleno de realismo y de vida. Un niño que nace de manera pobre. Los ojos, el corazón y la razón que se habían puesto en cosas grandes externas, míticas, imaginarias, se vuelven ahora hacia lo más sencillo y primigenio, hacia un pequeño centro: la divinidad en una cuna. El mundo recomienza porque comienza una nueva era ante el misterio que encierra esta familia sagrada.
Los pastores viven casi siempre solitarios. No saben nada del mundo lejano y de las grandes políticas. Y se encuentran cara a cara con esta nueva familia. Empiezan lo que es el cristianismo con un encuentro que cambia el horizonte de la vida. Ofrecieron todo lo que tenían, este es el amor de la nueva familia que empieza. Hicieron ya lo que más tarde, siendo un hombre, alabaría precisamente este Niño. Jesús alzando la mirada vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas y dijo: de verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir. Ese “todo” es lo que enriquece realmente. La expresión que nos tiene que conmover siempre ¿Qué puedo hacer? Pues todo lo que puedo hacer tanto en mi familia, con mis amigos, como en mi ambiente. Los pastores habían encontrado a su Pastor.
El lugar que encontraron los pastores no era una academia, o una república abstracta, no era un lugar donde inventaban, disecaban o explicaban mitos. Era un lugar de sueños convertidos en realidad. Desde aquella hora no se ha vuelto a hacer mitología en el mundo. La mitología es una búsqueda. Es verdad que en su búsqueda tenía muchos errores y desproporciones. Pero no se había equivocado al ser tan carnal como la Encarnación, dice Chesterton.
Los Magos significan todas las sabidurías, búsquedas y viejas teologías que reconocen la definitiva revelación. Confucio y Buda tienen derecho a decir que su vieja enseñanza encerraba una verdad. Pero estos sabios, habrían venido también a aprender de esta nueva y sagrada familia. Habrían venido a culminar sus conceptos con algo que ellos no habían llegado siquiera a concebir. Habrían venido como los Magos a adorar y postrarse ante el Niño de Belén, ante esta nueva familia. Este “nuevo universo” que se presenta ante su razón es el más grande universo que mente ninguna hubiera podido imaginar y se presenta de la manera más humana, cercana y próxima a nuestra naturaleza. Nada humano queda suprimido. Postrándose le adoraron. Los Magos ya descubren que la auténtica religión es más amplia que la filosofía, y que esta religión, que responde a todas las respuestas del hombre, es lo más amplia que pueda pensarse, y está contenida en ese pequeño espacio de una familia que inicia su vida.
A partir de este momento, reconocido por la nueva era que empieza: el hombre no podrá ser ya un medio para un fin, y mucho menos, para el fin de otro hombre. La grandeza del ser humano, su vocación está expresada en un sencillo acontecimiento. Hay una enorme y abismal diferencia entre el hombre que conoce lo que es la familia cristiana y el que no. Porque es abismal la diferencia entre el que conoce la auténtica Navidad y el que no la conoce.
Hablamos de un hecho tan concreto como es una familia humilde y sencilla. Una propuesta llena de vida y de referencia porque ilumina todo, las relaciones de fidelidad padres e hijos, el trabajo, el sufrimiento, las adversidades, las fiestas, la sociedad, los valores que sirven de fundamento a la sociedad como la veracidad, el respeto, la entrega, la gratitud, la aceptación, la comprensión, la justicia.
En la familia cristiana se muestra que siempre es el momento de la fidelidad, de que supere y dure más allá del cambio, Y no por coerción, por imposiciones de normas morales, sino de tal manera que unos reciban y acojan al otro una y otra vez de nuevo. Todo lo que puede ser difícil, y en ocasiones muy difícil. Pero en la medida en que se viva de ese profundo amor, y se ejerza esa fidelidad se crece en profundidad y se crea lo que realmente es la familia cristiana. ¿Por qué criticaremos llenos de nuestros prejuicios lo que no conocem, pusiera de manifiesto su desconocimiento. Cuantas veces uno piensa ¿pero de qué habla esta persona? ¿Pero cómo son posibles unos juicios tan atiborrados de prejuicios? Cuando se critica lo que realmente es la Navidad, lo que es la familia cristiana, uno siente, ¡cuánto ganso hay en la vida que no admite el vuelo de las águilas¡ ¡Cuánto gusano de luz envidioso de la luz del sol!
Martes, 29 de mayo
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Francisco Baena Calvo
Julián Moreno Mestre
Martín Gelabert Ballester
José Antonio Pagola