En cristiano

Reflexiona si te cambia

20.12.10 | 00:00. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Historias del Señor Keuner son unas brevísimas anécdotas de Bertolt Brecht. Son como digo unas micronarraciones, alegorías en su forma narrativa, que sorprenden, y uno puede “tirar del hilo” de la anécdota todo lo que quiera. Por ejemplo El señor Keuner se encontró con el señor Wirr, el adversario de los periódicos. Soy un gran enemigo de los periódicos –dijo el señor Wirr-, no quiero que haya periódicos.- Yo soy un enemigo aún mayor de los periódicos –replicó el señor Keuner-, yo quiero otros periódicos.”

Pero la que quiero presentarles es la siguiente: Alguien preguntó al señor Keuner si existía Dios. El señor Keuner dijo: Le aconsejo reflexionar si su comportamiento cambiaría según la respuesta a esa pregunta. Si no cambiase, podemos abandonar la pregunta. Si, en cambio, cambiase, entonces puedo ayudarle diciendo solamente que usted ya se ha decidido: usted necesita un Dios”.

¿Es realmente Dios el Dios que no cambia la vida del que cree en El? ¿Y se necesita “un Dios” o a Dios? Porque Dios no es como “un” par de zapatos que se necesitan para andar. ¿Se puede creer realmente en un Dios sin más? Ya se que nos podríamos pasar horas dialogando sobre la contestación del señor Keuner: si no cambiase nuestro comportamiento podemos abandonar la pregunta, pero si cambiase le puedo ayudar diciendo que ustedes ya se han decido: necesitan un Dios. ¿Un Dios como un par de zapatos o como una medicina?

¡La de implicaciones que tiene! Buena madeja para tirar del hilo. Eso mismo pone de manifiesto que no es algo subjetivo, aunque lo parezca, ni algo inventado. Pienso desde aquí en las palabras de Benedicto XVI: hemos creído en el amor, así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

Y yo pienso en lo qué significa la Navidad. Si fuera un hecho real esa historia de salvación, que los es, y comenzara la primera Navidad de la historia, que comienza, ¿me cambiaría mi sentido de la vida, toda mi realidad, mis decisiones, mis proyectos, mis respuestas a lo que ocurre? Pues sí, y lo que necesito es reconocer lo que realmente ocurrió.

Frecuentemente vemos las cosas más imparcialmente cuando las vemos por primera vez. Por eso los niños tienen normalmente pocas dificultades con todo lo que realmente supone la Navidad. Necesitamos recuperar la capacidad de asombro, de limpio realismo y la objetividad de la inocencia para abrirnos al misterio, o sea al exceso de amor, de verdad, de redención, que es el nacimiento del niño Dios. La sencilla imagen de una madre y un niño, tendrá siempre un cierto sabor sagrado, religioso; y desde aquí la sola mención del nombre de Dios estará asociada a los rasgos de amor, misericordia y ternura. No se puede arrancar de los brazos de una madre a su hijo recién nacido. No se puede suspender la idea de un niño recién nacido en el vacío, o pensar en él sin pensar en su madre. Dios se hizo hombre de acuerdo a lo que El mismo había creado. Pero ahora esto supera a la creación, porque es la redención del hombre, de todo el hombre, de toda su humanidad. Nada queda excluido de esta redención. Es, con nuestras medidas, mucho más grande que toda creación que nos entusiasma y conmueve desde la ciencia, desde la belleza, desde la naturaleza, desde la inmensidad de lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. La presencia del Misterio de Dios en una familia, su divinidad en una cuna.

Sabemos que un epigrama es una composición poética en que, con precisión y agudeza, se expresa un solo pensamiento principal. Pues, Navidad, la omnipotencia y la indefensión, la divinidad y la infancia, forman definitivamente una especie de epigrama que un millón de repeticiones no podrán convertir en un tópico, dice Chesterton. Es un hecho familiar que la escena de Belén se ha representado de todos modos y maneras, se ha escrito, se ha cantado. Un hecho real que suena a parodia compararlo con una historia inventada. No es descabellado llamarlo único, todo lo contrario: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe…Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios. Belén, es, definitivamente, un lugar donde los extremos se tocan.

Nochebuena, Navidad. Un día concreto, y a una hora determinada una mujer da a luz en un sitio humilde, sencillo, pobre. Esto se expresa cuando en nuestros belenes ponemos la gruta con María, José, el Niño, una mula y un buey. Se ha invertido todo en el universo. Los ojos de la maravilla y de la adoración que hasta ahora se habían puesto en lo externo en busca de lo más grande, se han vuelto hacia ese centro infinitamente pequeño, como cuando el hombre de ciencia ha ido buscando la fuente de la energía en lo infinitamente pequeño. ¿No nos cambia la vida la Navidad?

Si creemos en el hecho que es Navidad, necesariamente nos tiene que cambiar la vida. La paradoja que nos propone Chesterton: de ahora en adelante lo más alto sólo puede alcanzarse desde abajo: las bienaventuranzas.


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