En cristiano

Grita de júbilo

10.12.10 | 07:30. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Es verdad que durante este tiempo no puede menos de tener como de fondo, de tierra en la que plantar todo, la Spe Salvi, “En esperanza fuimos salvados” de Benedicto XVI. Y, me acaba de venir a la mente el libro de Martín Descalzo: Razones para la alegría (Ediciones Sígueme) Y como él dice: el gozo que van a pregonar estas páginas no es el que se experimenta porque las cosas vayan bien, sino el que no cesa de brotar a pesar de que las cosas vayan cuesta arriba.

El libro es su testimonio de fe en la vida con minúsculas y en la gran Vida con mayúsculas. Y por eso habla del sacramento de la sonrisa, del gozo del ser hombre, de la necesidad de aprender a ser felices, de la importancia del amor, de la paz, de nuestro alegrar cada día….En la portada nos hace una buena pregunta, y precisamente para hoy que abrimos la ventana con Grita de júbilo: Cristianos ¿qué habéis hecho del gozo que os dieron hace dos mil años.

Martín Descalzo asume siempre toda la condición humana. Y nos habla a la razón y a la libertad. Una razón anclada en la manera de ser del hombre que no excluye de ninguna manera los anhelos del corazón. La razón y la libertad llevan en sí el potencial humano. Nadie puede gritar de júbilo, nadie puede tener “razones para la alegría”, sin la relación con El que lo llamó a la existencia. Dios, hemos comentado varias veces, llamó a las cosas a la existencia, pero al hombre lo convirtió en un tu, y lo capacitó para establecer con El una relación personal. Esta es la razón de ser y el sentido de la vida humana. Esta es su plenitud y felicidad.

La razón es el gran don de Dios al hombre, y la victoria de la razón sobre la irracionalidad es también un objetivo de la fe cristiana. ¿Es razón la que se autolimita y se hace ciega para Dios, para acoger vivir de su revelación? La razón es realmente humana cuando es capaz de mirar más allá de sí misma. El hombre sabe quién es en la medida en que se comprende a partir de Dios. Para ello debe saber quién es Dios, y esto sólo lo sabe si acepta lo que Dios reveló acerca de Sí. Si se enfrenta a Dios, si lo concibe de forma errónea, pierde todo conocimiento acerca de su propio ser. Esta es la ley fundamental de todo conocimiento del hombre, dice Romano Guardini

La falta de juicio del corazón se convierte en la mayor tristeza para el hombre, se incapacita para el júbilo. El significado, el contenido semántico de la palabra júbilo es contundente. Júbilo es alborozo, gozo, felicidad, alegría viva, y que se manifiesta con señales exteriores. Grita de júbilo podía ser también una consecuencia de las razones para la alegría. A la misma actitud de Martín Descalzo, a la misma vivencia de lo que es ser hombre de Romano Guardini, es a lo que nos invitan dos personas. Una del antiguo testamento y otra del nuevo. Bueno, en realidad son tres, y la tercera marca el paso del Antiguo al Nuevo Testamento. Corresponden a las lecturas que se nos proponen en el tercer domingo de adviento.

Los que suelen vivir el año litúrgico saben que este tercer domingo nos subraya el júbilo, la alegría, aunque se nos presentan distintas lecturas según los ciclos, en todos se nos dan razones para el júbilo y la alegría, para la esperanza. Isaías en una bellísima descripción subraya el gozo y la plenitud por la llegada de la época mesiánica. El desierto florece y el pueblo canta y salta de júbilo al contemplar la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Esta alegría se comunica al que padece tribulación y está a punto de abandonarse a la desesperanza. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes do corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.

En la carta de Santiago se nos invita a la paciencia y a la esperanza: como el labrador espera la lluvia, nuestro corazón espera al Señor. El amor a la vida forma parte de la auténtica paciencia. Lo vivo crece despacio, tiene sus tiempos. Por eso requiere confianza, y sólo el amor confía. Quien no ama la vida, no tiene paciencia con ella. La paciencia y la esperanza vivas son la persona entera en tensión entre lo que habría de hacer y lo que realmente es. La paciencia es la condición necesaria para que pueda crecer el trigo. La paciencia de Dios es la primera paciencia, la paciencia absolutamente.

Y ahí está la pregunta de Juan Bautista, el hombre que marca el paso del Antiguo al Nuevo Testamento: ¿Eres tu el que ha de venir o hemos de esperar a otro? En las oscuridades de la prisión y de la injusticia, la esperanza: anunciad a Juan lo que estáis viendo, los ciegos ven, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. Y luego la alabanza a Juan, el júbilo y la alegría para Juan, el Mensajero que ha preparado el camino: ¿A qué salisteis, a ver a un profeta? Sí más que un profeta…Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista.

Creo que ahora nos puede acaba de llenar de júbilo y de abrir nuestra razón a la esperanza las palabras del salmo: Ven Señor a salvarnos. El mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia, satisface nuestra hambre, nos da la libertad, reina eternamente. Tu Dios, de edad en edad.


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