En cristiano

Lo bueno de...

06.12.10 | 07:30. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Lo bueno de Sandra es que es muy educada… Lo bueno de Laura es que es muy simpática… Lo bueno de Sara es que es muy buena, cariñosa, que se lo pregunten a Lucas, el padre de Leila, y a Leila, que la sienten como otra hermana mayor y como una hija. Ha sido magnífico. Una experiencia que me ha llenado el corazón de alegría y de confianza en las personas. Nos hemos ido contentísimas las cuatro.

Estábamos tres niñas, y yo en la escuela. Así decimos en el Hospital Nacional de Parapléjicos cuando vienen a clase. Bueno, ya no son tan niñas, pues son de tercero y cuarto de la ESO, tienen entre 14 y 17 años. Están en el Hospital y cada una es de un sitio distinto. Sandra es de ascendencia china, aunque ha nacido en España. Sara es de la Rioja y Laura de Orense. Habían discutido, y hasta se habían peleado un poco. Pero llegó un momento que estábamos trabajando muy bien. Y dice Sara: lo bueno de Sandra es que muy educada. Maravilloso que una chica de esa edad, 17 años, con sus dificultades personales, nos haya dado pie a reconocer, en un ambiente de lo más gozoso y confiado, que Sandra hace muy agradable la vida con su educación, su responsabilidad, su constancia, su respeto a todo el mundo, su manera de decir las cosas. Y nos hemos puesto Sara, Laura y yo en esta buenísima actitud. E inmediatamente de ellas ha surgido reconocer, lo que había iniciado Sara y por tanto también ver lo bueno de Laura y de Sara: simpatía, bondad, cariño, darse cuenta de las cosas, sinceridad, buena intención.

Nos hemos puesto tan contentas que pensamos íbamos vivir el fin de semana así: viendo lo bueno de, es que esto sucedía un viernes ya a la una de mediodía, Hemos salido sonriendo las cuatro, y cuando nos hemos vuelto a ver ha habido un gesto de buenísima complicidad en nuestra mirada y sonrisa.

Es verdad que ver lo bueno de requiere de una buena intención en la vida. Sólo a partir de este ver “lo bueno de” se hace posible lo grandioso humano: la auténtica amistad, el verdadero amor, el claro compañerismo en el trabajo, la limpia ayuda en la necesidad. La misma personalidad de uno se hace más rica, más recia cuanto más capaz es de ver “lo bueno de”. Gran número de las relaciones humanas han sido construidas y se construyen por este reconocimiento de lo bueno que hay en el otro. Donde quiera que hablemos del trato humano debe de existir en la base esta buena intención en la vida que permite descubrir y poner de manifiesto las cualidades del otro. Las relaciones humanas descansan en el encuentro abierto entre persona y persona. Es un hecho que sólo los limpios de corazón son capaces de ver el tú, de decir “nosotros”. Vivir en los pronombres personales que dicen los poetas.

Por eso algunos han cambiado la famosa expresión de Descartes: pienso luego existo, por amo luego existo. Y esto no es poesía. Es realidad. Podemos hacer nosotros la prueba. En esta bondad y verdad del auténtico amor está la fuerza. Ver lo bueno de…despierta a amar porque despierta lo mejor del que lo ve y del que es visto. Ir por la vida haciendo real esta máxima sería riquísimo, la mayor productividad para la vida. No tiene nada que ver con esa actitud de tener la última palabra, de hacer la primera y la última crítica. Realmente tener la última palabra, hacer la primera y la última crítica, es sólo causar la primera y la última herida. No es para sentirse orgulloso.

No podrá sonreír realmente quien desde su interior no sea capaz de ver “lo bueno de”. Es aquello que quizá hemos leído: el valor de la sonrisa. Siempre enriquece: a quien la da y a quien la recibe. Es cosa de un momento pero perdura en nuestra memoria. Recordamos personas por la sonrisa con que nos miraron. Nadie es tan rico y poderoso que pueda pasarse sin ella, ni tan pobre que no pueda darla. Un autentica sonrisa no puede ser comprada. No podemos ir como personas cansadas por la vida que ya no pueden otorgar sonrisas.

Gandhi estaba convencido de que las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista. Coherente con ello decidió no proceder nunca con violencia. Gilbert Cesbron decía que la bondad consiste en ponerse en lugar de los otros; la caridad en meterse dentro de la piel.

La buena intención, ver lo bueno de, permite conocer al otro y darse a conocer. No se puede amar sin ver lo bueno de. No es sano, ni para uno mismo ni para los demás, ir por la vida viendo “la mala intención de”, en lugar de ver “lo bueno de”. A fuerza de atribuir malas intenciones, mala fe a los demás acabaremos nosotros invadidos de esta mala intención y mala fe, y consiguiendo que los que no son fuertes la tengan también.

Ser cristiano es aprender del amor que Dios siente por cada hombre, de la generosidad con que El le pone en su libertad, de la comprensión de su mirada y de su juicio, como lo presentaba Jesucristo constantemente en su vida entre nosotros.

La luz da luz y la sal da sabor. Vamos a ver lo bueno de y si nos cuesta, habrá que pensar en la enorme viga que tenemos en los ojos y en el corazón.


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