En cristiano

¿Qué es eso de que la verdad nos hace libres?

01.12.10 | 07:30. Archivado en TESTIMONIOS, COLABORACIONES, Carmen Pérez Rodríguez
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Por Carmen Pérez Rodríguez

Estaba con un chico Jeison, hablando de los términos análogos. Y el ejemplo que fue decirle si a una chica guapa le dices que sus ojos son dos “luceros, se entiende ¿no?. Luceros es un término análogo. Debió de entender lo que es la analogía porque el siguió con algo que parecía inventado: tus ojos son dos luceros que iluminan hasta un basurero. Y dice a continuación. Y tus piernas son…,pero se calló. Al decirle yo que acabara lo que parecía un pareado, muy, muy convencido me contesta: no quiero faltarte al respeto. Lo dijo desde dentro y con un convencimiento que me conmovió.

Muy bien Jeison, eso es ser libre, y actuar de acuerdo a una convicción tuya, a lo que en este momento te parece mejor a pesar de tu espontaneidad, que has controlado y de mi curiosidad que es grande. Nos sentimos muy bien los dos, y aprendimos los dos.

Es un hecho que no podemos expresar todo lo que hay en nuestro espíritu y esta experiencia es universal. Siempre queda mucho más “dentro” de lo que se expresa. Eso realmente pasa con aquellos que sienten la gran realidad de que la verdad nos hace libres. No quiero entrar en palabrería, ni en posturas ideológicas, ni discusiones externas que no atañen a mi vida, ni responden a las exigencias de mi condición humana. Poder balbucear, expresar lo que se siente y se reconoce por dentro ha de ser algo experiencial, compartido, ha de ser sentido en la vida, en situaciones concretas.

¿Qué es lo que produce esa extraña firmeza, no apoyada en nada palpable? La gran realidad de nuestra vida de que solo la verdad nos hace libres. Y no olvidemos que la verdad sin amor está muerta, Y eso depende de nosotros que podemos hacerla morir. Mediante la verdad en la pequeña o grande dificultad, nuestro espíritu, nuestro interior, nuestra identidad, se confirma una y otra vez en su justicia esencial, y cobramos conciencia de nuestra dignidad y libertad. Nada menos que esta es la propuesta de hoy, la experiencia de hoy. Lo tremendo es que es el pan nuestro de cada día, ese pan en el que me va la vida. Descubrirlo solo puedo hacerlo en la libertad de acción de que dispongo en lo que son mis propias circunstancias, sin evasiones. Porque no soy libre de mis circunstancias, de mis determinaciones, de mis problemas sino que soy libre porque adopto una postura frente a todo ello. Si soy esclavo de mis circunstancias no soy libre, y no experimentaré ni mi libertad, ni mi verdad.

¿Qué es “eso” de que realmente la verdad me hace libre? Cuando estoy en un momento en que me siento acosada o cuando yo soy la que acoso y me doy cuenta, ¿cuál es mi reacción? Cuando juzgo y veo que mi juicio no es sano o me siento juzgada de la misma manera ¿qué respuesta doy? Cuando se me cae el mundo encima por las dificultades, o echo el mundo encima de la persona que tengo a mi lado ¿dónde esta lo que me deja bien, lo que me hace crecer? Cuando me siento victima de una situación injusta o yo soy la que provoco esa situación aunque me cueste reconocerlo, ¿cómo restablezco el orden y la justicia? Cuando siento como un frente contra mí, o cuando yo soy la que hago alianza con otros para hacer un frente ¿dónde está la grandeza y dignidad en esa situación? ¿Es real que en esos momentos solo la verdad me hace libres, que mi libertad de acción, el ejercicio de la libertad de la que dispongo es la que me hace libre?

He estado con esto porque estoy convencida de que nadie conoce la naturaleza humana como Jesucristo, nadie conoce lo que realmente me corresponde como Jesucristo. Y su afirmación de que solo la verdad nos hace libres es la raíz de nuestra vida. S. Agustín y Viktor Frankl me lo han dicho en su lenguaje y en sus diferentes épocas y situaciones. Sentimos en nuestro corazón una lucha interna, nos vemos perseguidos, pero no por lo de fuera, sino por lo que está en nuestro interior. Dentro de cada uno de nosotros hay una especie de guerra civil en la que solo cada uno puede poner paz. Sabemos que la paz no se establece con decretos, ha de nacer en el corazón de cada persona. Solo nos deleita la verdad, y precisamente consecuencia del ejercicio de nuestra libertad, de esa respuesta que damos a cada situación, de la palabra bien dicha, de la frase hiriente no pronunciada, y de la que, incluso sin haberla dicho, nos arrepentimos en nuestro interior. Nos hace libres el reconocimiento de nuestra injusticia, y arrepentirnos de ello. Nos destruye la falta de veracidad en nuestros pensamientos y actuaciones.

Nos desconocemos y solo podemos encontrar el deleito y gozo en el ejercicio de nuestra libertad aunque sea difícil. Después situaciones duras, de decisiones tomadas, logramos conocer la verdad sobre nosotros mismos. No se puede separar este anhelo de ser felices con el encuentro con la verdad, con la paz interior. ¿Hay mayor error en nuestra vida que estar lejos de aquello en lo que experimento mi libertad? Regresar una y otra vez a esta gran realidad de la verdad me hace libre, es regresar a mi corazón, a mi propia naturaleza y humanidad. Un león, dice S. Agustín, puede matar a un hombre de una sola dentellada, una avispa no, Pero si un hombre cae en un avispero ¿no es cierto que, a la larga, va también a morir a causa de las picaduras de todas esas pequeñas avispas? En nuestro interior está la gran pregunta por la verdad, la gran inquietud, y no estaremos bien, no seremos realmente libres hasta que no descansemos en ella. Por ejemplo los bienaventurados pacíficos de los que habla Jesucristo, no son los simples pacifistas, esta no es la verdad, sino los “hacedores de la paz” en su propia vida.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Llanos de Alba 01.12.10 | 19:22

    Que gran artículo y cuanta verdad

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